sábado, 8 de agosto 2026 Crónicas de viaje

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8 de agosto de 2026, 11:23

Escapadas

El pueblo secreto de la Costa Brava donde se esconde Jordi Évole: entre un parque natural y un monasterio milenario

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Jordi Évole
Jordi Évole
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Hay momentos en los que el ritmo frenético de la actualidad exige pulsar el botón de pausa. (Créenos, todos necesitamos desaparecer del mapa de vez en cuando).

Mientras la gran mayoría busca destinos masificados para sus vacaciones, las grandes figuras de la televisión prefieren guardar bajo siete llaves sus escondites más íntimos.

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El reducto secreto del periodismo en el Cap de Creus

Lejos del ruido mediático, del bullicio de las grandes platós y de la presión de los focos, Jordi Évole tiene claro dónde recuperar el aliento. (Nosotros haríamos exactamente lo mismo si tuviéramos su agenda).

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El comunicador catalán se escapa cada año a El Port de la Selva, un icónico enclave marinero de fachadas blancas encajonado entre las estribaciones de la sierra de Rodes y las aguas cristalinas del norte de Girona.

Este pequeño núcleo costero se ubica justo en el corazón del Parque Natural del Cap de Creus, la última punta de tierra de la península ibérica antes de alcanzar la frontera con Francia.

Un templo de la historia declarado Bien de Interés Nacional

Las primeras referencias escritas de esta localidad datan del lejano año 974, aunque no fue hasta el siglo XVIII cuando la pesca transformó aquellas casas modestas en un núcleo urbano consolidado. (El paso del tiempo aquí se nota en cada piedra).

El propio periodista ha admitido abiertamente que este rincón de la Costa Brava es su verdadero santuario personal, el único lugar donde logra recargar pilas de verdad al margen de todo.

El gran tesoro de la zona es el monumental conjunto de la Serra de Rodes, catalogado oficialmente como Bien de Interés Nacional. Un espacio histórico que corona el imponente monasterio de Sant Pere de Rodes, una joya arquitectónica levantada sobre la montaña.

Para los apasionados de la sendería y el patrimonio, la ruta culmina a más de 670 metros de altura en el castillo de Sant Salvador. Una fortaleza del siglo XIII que regala las vistas más espectaculares de toda la comarca del Alt Empordà.

Playas paradisíacas y desconexión absoluta

La riqueza del término municipal no se limita a su legado medieval. Sus alrededores esconden restos megalíticos de incalculable valor, como el célebre dolmen de Taballera, testimonio de asentamientos prehistóricos. (Una caminata de las que de verdad merecen la pena).

El antiguo motor económico de la pesca ha dejado paso a un turismo sereno, atraído por calas salvajes que figuran entre las mejores de la geografía catalana. Un contraste único entre la aspereza de la montaña y el azul profundo del Mediterráneo.

Conseguir un espacio tan virgen y protegido en pleno siglo XXI parece un milagro reservado a unos pocos.

¿Aceptas el reto de perderte por las callejuelas del refugio favorito de Jordi Évole antes de que termine el verano?

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