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8 de agosto de 2026, 11:18

Escapadas

Qué ver en Cullera: 8 joyas históricas que debes visitar

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Cullera
Cullera

Si te preguntas qué ver en Cullera para ir más allá del habitual turismo de sol y playa, la respuesta se esconde en el perfil calcáreo de la Montaña del Oro.

Este promontorio estratégico, alzado frente al tramo final del río Júcar, ha albergado asentamientos humanos ininterrumpidos desde el Paleolítico Superior. La clave de su relevancia histórica no reside únicamente en su franja costera, sino en su condición de baluarte defensivo de la ribera valenciana.

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@vivecullera

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A lo largo de los siglos, íberos, romanos, musulmanes y cristianos moldearon una compleja red de fortificaciones, atalayas marítimas y estructuras hidráulicas. Recorrer sus calles empedradas y sus abrigos rocosos permite reconstruir la memoria de un territorio que fue codiciado por corsarios berberiscos y reyes medievales.

A continuación, analizo los hitos patrimoniales indispensables para comprender la autenticidad de esta villa costera.

¿Es posible descifrar milenios de ocupación humana en un solo itinerario sobre el terreno?

1. El Castillo de Cullera y su recinto fortificado

Dominando la llanura litoral desde el siglo X, el Castillo de Cullera constituye un testimonio excepcional de la arquitectura militar islámica reformada tras la conquista de Jaime I en el siglo XIII. La fortaleza original califal fue ampliada con murallas y torres defensivas para proteger la desembocadura del río de las incursiones marítimas.

En el interior del albacar se conserva el Museo Municipal de Arqueología, donde se exponen materiales cerámicos del siglo X al XV y piezas procedentes de los yacimientos locales. La subida a pie por el camino del Calvario revela el trazado serpenteante de la antigua alcazaba. (Y sí, la perspectiva del meandro del Júcar desde el albacar paga por sí sola la ascensión).

2. La Torre de la Reina Mora o de Santa Ana

Integrada en el complejo defensivo del castillo, la Torre de la Reina Mora es una atalaya de origen islámico erigida en el siglo XIII. Esta estructura de planta albacara custodiaba el acceso a la zona alta de la villa y formaba parte del albacar fortificado donde la población se refugiaba durante los asedios.

Su fábrica combina la tapia de tierra con refuerzos de sillería en los esquinales. Tras restauraciones recientes, el espacio musealizado permite comprender las tácticas de poliorcética medieval aplicadas a la defensa de la franja costera valenciana.

3. La Cueva-Museo del Pirata Dragut

En la pedanía del Faro se localiza la Cueva de Dragut, un espacio natural horadado por el oleaje en la calcárea litoral. El lugar conmemora el trágico asalto sufrido por la villa en mayo de 1550, cuando la escuadra del corsario berberisco Dragut saqueó la población y tomó rehenes a cambio de rescate.

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El interior alberga una exposición monográfica sobre la piratería mediterránea del siglo XVI, con maquetas de galeras, instrumental de navegación astronómica y una réplica a escala real de una fusta otomana. El ambiente húmedo de la caverna evoca la tensión vivida por los habitantes de la Ribera Baixa frente a las incursiones berberiscas.

4. La Iglesia Parroquial de los Santos Juanes

Ubicada en pleno centro histórico, la Iglesia de los Santos Juanes se alza sobre los cimientos de una antigua mezquita medieval. El edificio actual, de corte neoclásico con elementos barrocos, fue concluido a finales del siglo XVIII sobre una estructura gótica anterior de la que se conservan vestigios en el tramo de la nave.

El templo presenta una nave única con capillas laterales entre contrafuertes y una cúpula sobre cruceroy cubierta con teja azul vidriada. En su interior se custodian retablos en madera tallada y piezas de orfebrería sacra valenciana de notable valor estilístico.

5. El Abrigo de Lambert y el arte rupestre leventino

En la vertiente noroeste de la sierra se encuentra el Abric de Lambert, un yacimiento con pinturas rupestres encuadradas dentro del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, declarado Patrimonio de la Humanidad. Las figuras, ejecutadas en pigmentos rojizos a base de óxidos de hierro, representan esquematizaciones de fauna y trazos antropomorfos.

Los estudios de arqueología del paisaje fechan estas manifestaciones entre el Epipaleolítico y la Edad del Bronce. La visita a los abrigos rocosos debe planificarse con reserva previa a través del servicio municipal de patrimonio para garantizar la conservación del soporte calcáreo.

6. El Mercado Municipal y la arquitectura ecléctica

Proyectado por el arquitecto Luis Ferreres Soler e inaugurado en 1903, el Mercado Municipal representa un ejemplo singular de la arquitectura de hierro y ladrillo visto en el ámbito civil valenciano. El complejo consta de cuatro pabellones independientes dispuestos en forma de cruz con un espacio ajardinado central.

La estructura metálica articulada permite una iluminación cenital constante, ideal para el comercio de productos frescos de la huerta y del mar. Además de su función comercial, el entorno conserva refugios antiaéreos construidos durante la Guerra Civil española en el año 1937.

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7. La Ermita de los Santos de la Piedra y el Museo del Arroz

Ubicada sobre una pequeña loma rodeada de marjales, la Ermita de los Santos de la Piedra (San Abdón y San Senén) data del siglo XIII y pertenece a las denominadas iglesias de reconquista, con arcos diafragma y cubierta de madera a dos aguas.

El inmueble alberga hoy el Museo del Arroz, donde se documenta el proceso artesanal del cultivo del cereal en la marjal mediante aperos tradicionales, maquetas de ingeniería hidráulica y testimonios de la etnografía local. La panorámica desde el atrio ofrece una lectura precisa de la transformación antrópica del humedal.

8. La Torre del Marenyet

Erigida en 1577 bajo el mandato del rey Felipe II, la Torre del Marenyet es una atalaya defensiva de planta circular diseñada para vigilar la antigua desembocadura del río Júcar. Construida con mampostería y mortero de cal, alcanzaba casi 15 metros de altura y contaba con piezas de artillería en su terraza superior.

Su función estratégica radicaba en emitir señales de humo o fuego hacia los castillos interiores en cuanto se avistaban velas enemigas en el horizonte. La visita al interior muestra la estancia abovedada donde residía la guarnición permanente de torreros.

Consejo práctico del arqueólogo: Para recorrer el centro histórico y ascender al castillo, se recomienda utilizar el calzado adecuado para pavimento empedrado de pendiente acusada. La tarifa de entrada general al conjunto del Castillo y Museo Arqueológico es de 3 €, con acceso gratuito para menores de 10 años. Si planeas visitar la Cueva de Dragut, ten en cuenta que el acceso se sitúa a 4,5 km del casco urbano, accesible mediante la línea de autobús local L1.

¿Te has preguntado alguna vez cuántos relatos de corsarios y canteros permanecen aún mudos bajo las piedras de este baluarte mediterráneo?

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