Imagina dar un bocado a un tomate y que, de repente, vuelvas a la infancia. Eso es exactamente lo que ocurre cuando logras probar un auténtico tomate de Mutxamel, la joya agrícola de la huerta alicantina que trae de cabeza a los gourmets de todo el país.
Pero hay un problema grave. Si quieres conseguir uno este año, vas a tener que correr más que nunca. Su temporada habitual suele durar hasta septiembre, pero las sofocantes olas de calor están adelantando el final de su cosecha a pasos agigantados. (Sí, nosotros también nos hemos quedado de piedra al saberlo).
La delicia gastronómica que sobrevivió a su propia extinción
No estamos hablando de un tomate cualquiera de supermercado, de esos que parecen hechos de plástico y no saben a nada. La variedad tradicional de Mutxamel destaca por un equilibrio perfecto entre dulzor y acidez que lo convierte en una adicción absoluta para el paladar.
Esta reliquia gastronómica rozó la desaparición total en los años 80 debido a una plaga devastadora de virus que obligó al campo a abandonar su cultivo. Ha hecho falta un esfuerzo titánico junto a la Universidad Miguel Hernández para resucitar sus semillas originales y devolverle su trono en la mesa.
Atención al sello: El auténtico tomate de Mutxamel solo se comercializa con la marca de distinción ‘CV’ de la Comunidad Valenciana. Si no lleva el distintivo oficial de la asociación, te están vendiendo una imitación.
Una producción ridículamente exclusiva (y amenazada)
Aquí llega el dato que lo cambia todo. En toda España apenas quedan dos o tres agricultores heroicos dedicados a mantener viva esta especie, cuidando a mano apenas 8.000 tomateras. La producción total ronda escasamente los 35.000 kilos al año, una cifra testimonial que vuela de las fruterías en cuestión de días.
Por si fuera poco, el cambio climático está haciendo de las suyas. El sol directo a temperaturas extremas quema la piel del fruto, dejándolo blanco y arruinando cosechas enteras. Si a esto le sumas la alarmante falta de relevo generacional en el campo, el panorama se vuelve crítico.
El presidente de los productores locales, con solo 24 años de edad, abandera en soledad una lucha contrarreloj para evitar que esta tradición muera definitivamente. Sin más manos jóvenes dispuestas a trabajar la tierra, conseguir una futura Denominación de Origen resulta un sueño casi imposible.
¿Vas a dejar pasar la oportunidad de probar el tomate más cotizado de la huerta mediterránea antes de que se agoten las últimas cajas del verano?






