El corazón de la provincia de Girona esconde una tierra de volcanes dormidos, bosques frondosos de hayas y piedras centenarias. Buscar los pueblos bonitos cerca de Olot es la excusa perfecta para adentrarse en la comarca de la Garrotxa, donde la naturaleza salvaje abraza a villas medievales que parecen detenidas en el tiempo.
A pocos minutos de la capital comarcal, el asfalto serpentea entre coladas de lava fosilizadas y valles cubiertos por una niebla mística al amanecer. Encontrarás desde caseríos colgados sobre acantilados basálticos hasta plazas porticadas donde el aroma a embutido artesanal y estofado casero invita a sentarse a la mesa sin prisas.
Si estás planificando una ruta por este rincón del Prepirineo catalán, toma nota. Estos rincones te atraparán desde la primera parada.
1. Castellfollit de la Roca: el abismo sobre el basalto
Apenas ocho kilómetros separan Olot de una de las postales más sobrecogedoras de Cataluña. Castellfollit de la Roca se asienta sobre una impresionante pared de basalto de más de 50 metros de altura y casi un kilómetro de longitud, formada por la superposición de dos coladas de lava milenarias.
Pasear por sus callejuelas estrechas de piedra oscura conduce hasta la antigua Iglesia de Sant Salvador, ubicada en el extremo del risco. Desde el mirador contiguo, la vista del abismo con los ríos Fluvià y Toronell a los pies eriza la piel.
Tip viajero: Para conseguir la fotografía icónica del pueblo colgado, aparca en la carretera GVN-5223 a la entrada de la localidad. La perspectiva desde la base de la pared es sencillamente imponente.
2. Santa Pau: el corazón medieval de la zona volcánica
Ubicado en el centro del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, a solo 10 kilómetros de Olot, Santa Pau conserva un recinto amurallado de una autenticidad magistral. Su trazado medieval gira en torno a la Plaça Major (o Firal dels Bous), una plaza porticada de arcos desiguales que albergaba los mercados de la baronía en el siglo XIV.
Dominando el conjunto se alza el sobrio Castillo de Santa Pau, edificado a partir del siglo XIII. Las casas de piedra, con sus ventanas góticas y balcones de forja, lucen de postal durante los meses de otoño.
(Y sí, probar aquí los famosos fagets de Santa Pau, una variedad de alubia autóctona cultivada en tierra volcánica, es un homenaje gastronómico obligatorio).
3. Els Hostalets d’en Bas: balcones floridos y tradición campesina
Rumbo al sur por el idílico Vall d’en Bas, a 12 kilómetros de Olot, aparece Els Hostalets d’en Bas. Este municipio nació en el siglo XVIII alrededor de un antiguo hostal que daba cobijo a los viajeros que cubrían la ruta de Vic a Olot.
Su mayor atractivo patrimonial radica en la Carrer Teixedor, una calle flanqueada por viviendas tradicionales con balconadas de madera atestadas de geranios de colores deslumbrantes. Es la viva imagen de la arquitectura rural catalana en su versión más acogedora.
4. Besalú: el gran tesoro de la arquitectura medieval
Aunque se encuentra a 22 kilómetros de la capital garrotxina, no incluir a Besalú en cualquier lista de pueblos bonitos cerca de Olot sería imperdonable. Cruzar su monumental puente románico de siete arcos sobre el río Fluvià equivale a cruzar un portal del tiempo hacia el siglo XII.
El casco histórico alberga un barrio judío histórico que conserva su Miqvé, uno de los pocos baños de purificación ritual judíos del siglo XII descubiertos en toda Europa. La Iglesia del Monasterio de Sant Pere y las fachadas de la Plaza de la Llibertat completan un conjunto histórico-artístico único.
Dato práctico: Para realizar la visita guiada al Miqvé es imprescindible reservar entrada con antelación en la oficina de turismo local, ya que el aforo diario está fuertemente limitado por conservación.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
5. Joanetes: tranquilidad al pie de Puigsacalm
A solo 10 minutos en coche de Olot, cobijado bajo las paredes verticales de la sierra de Finestres y el macizo de Puigsacalm, se encuentra Joanetes. Es un pequeño núcleo rural donde el silencio solo se interrumpe por el cencerro del ganado que pasta en las praderas alpinas.
La Iglesia de Sant Romà, de origen románico, destaca en el centro del pueblo. Durante la época navideña, toda la localidad y sus vecinos se vuelcan en la representación de un pesebre viviente que atrae a visitantes de toda la región por su realismo.
6. Sant Feliu de Pallerols: la magia del agua y los molinos
A 16 kilómetros de Olot, en la cuenca del río Brugent, Sant Feliu de Pallerols ofrece una combinación perfecta de historia y naturaleza. El río atraviesa la villa creando rincones de agua cristalina cruzados por pequeños puentes de piedra.
El casco urbano conserva el Molí de la Conca, un antiguo molino harinero del siglo XIV restaurado que muestra el uso histórico de la fuerza hidráulica en la comarca. Desde el pueblo parten rutas de senderismo sencillas que llevan a pozas fluviales ideales para refrescarse en verano.
7. Batet de la Serra: campos de alforfón y vistas infinitas
Para quienes buscan una perspectiva diferente sin alejarse apenas del centro urbano, Batet de la Serra es un pequeño vecindario disperso ubicado en una meseta volcánica a solo 5 kilómetros de Olot.
El paisaje aquí está modelado por campos de cultivo de fagolida (alforfón) divididos por kilómetros de bancales construidos con la técnica de la piedra seca. Desde la Ermita de la Trinitat se obtienen las mejores panorámicas globales sobre los conos volcánicos del parque natural.
Aviso útil: La carretera de acceso desde Olot es estrecha y serpenteante. Conduce con precaución, especialmente durante las mañanas de invierno debido a las placas de hielo en las zonas de sombra.
8. Mallol: el baluarte histórico sobre el valle
Encaramado sobre una pequeña colina que domina todo el llano del Vall d’en Bas, a 7 kilómetros de Olot, Mallol fue durante siglos la residencia oficial de los vizcondes de Bas y la capital administrativa de la zona.
Conservando las ruinas de su antiguo castillo y la Iglesia de Sant Bartomeu en lo más alto, sus calles en cuesta ofrecen la atmósfera más pausada de la comarca. Es un mirador natural privilegiado para contemplar el macizo de Puigsacalm en días despejados.
¿Por cuál de estas villas medievales vas a empezar tu próxima ruta por la Garrotxa?







