Explorar las mejores playas de Almería es adentrarse en el territorio más virgen, árido y fascinante del litoral mediterráneo. En este rincón del sur de España, esculpido por un antiguo origen volcánico y acariciado por un sol casi perpetuo, la costa se mantiene a salvo del ladrillo masivo. Aquí, el contraste entre el ocre de la tierra sedienta y el turquesa cristalino del mar sobrecoge desde la primera mirada.
La gran mayoría de estos tesoros costeros se concentran en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, un espacio protegido de valor ecológico incalculable donde las dunas fósiles y los lenguajes de lava se encuentran con la espuma marina. Desde arenales infinitos donde el viento susurra historias de piratas hasta calas secretas flanqueadas por acantilados blancos, el sur almeriense guarda una sorpresa para cada tipo de viajero.
Prepara la sombrilla, llena la cantimplora de agua fresca y pon a punto las gafas de bucear. Esta guía reúne los arenales imprescindibles para descubrir la costa de Almería en todo su esplendor.
1. Playa de los Muertos: el espectáculo de agua transparente en Carboneras
Ubicada en el término municipal de Carboneras, la Playa de los Muertos aparece de forma recurrente en todos los listados de los mejores arenales de Europa. Su nombre, procedente de las antiguas corrientes marinas que traían hasta su orilla los restos de naufragios, contrasta radicalmente con la luz y la serenidad que transmite hoy en día.
Se trata de una franja de más de un kilómetro de pequeñas piedrecitas blancas que actúan como un filtro natural perfecto. Gracias a esto, sus aguas ofrecen una visibilidad impecable para el esnórquel. La caminata de bajada desde el aparcamiento superior dura unos 15 minutos por un sendero empinado, pero la recompensa visual al llegar abajo paga cada gota de sudor.
2. Playa de los Genoveses: la bahía virgen de dunas y pitas
En el corazón de la zona protegida de San José se despliega la impresionante Playa de los Genoveses. Esta amplia bahía natural de arena dorada debe su nombre al desembarco de una flota de cientos de naves genovesas que en 1147 acudieron en ayuda de las tropas castellanas.
Flanqueada por pequeñas colinas como el Morrón de los Genoveses y rodeada de chumberas, agaves y dunas fósiles, la playa carece por completo de construcciones humanas. Su entrada al agua es progresiva y de escasa profundidad durante docenas de metros, lo que la convierte en una opción fantástica para jornadas relajadas en familia.
Tip viajero: Al ser una playa de piedras finas y no de arena fina, lleva calzado acuático o escarpines para caminar con comodidad por la orilla y entrar al mar sin molestias.
3. Playa del Mónsul: lava volcánica y cine en estado puro
A pocos kilómetros de Genoveses se encuentra la emblemática Playa del Mónsul, famosa en todo el mundo por haber servido de escenario a películas icónicas como Indiana Jones y la última cruzada. Su rasgo más característico es la Peineta del Mónsul, una gigantesca formación de lava fosilizada que emerge en el centro del arenal imponiendo su silueta frente a las olas.
La fina arena oscura de origen volcánico contrasta con la claridad del agua y con las enormes dunas que abrazan la cala por la espalda. Subir a la cresta de su duna principal al atardecer ofrece una panorámica sobrecogedora del mar mediterráneo rompiendo contra las rocas basálticas.
Dato práctico: Durante los meses de verano, el acceso en coche a Genoveses y Mónsul está restringido por cupo diario. Se habilita un servicio de autobuses lanzadera desde la localidad de San José por unos 3 euros el billete.
4. Cala de Enmedio: tiza blanca esculpida por el mar en Agua Amarga
Para quienes buscan un rincón salvaje y alejado de las multitudes, la Cala de Enmedio representa la esencia más pura de Cabo de Gata. Situada cerca del pintoresco pueblo de Agua Amarga, se accede a ella tras una ruta a pie de unos 30 minutos a través de senderos de tierra o bien en kayak desde la costa.
Su mayor atractivo reside en las dunas fósiles de color blanco impoluto que flanquean ambos lados de la playa. La erosión del agua y el viento ha labrado en la roca caliza pequeños anfiteatros y lenguas lisas donde es un auténtico lujo tumbarse al sol antes de sumergirse en sus aguas de azul turquesa.
5. El Playazo de Rodalquilar: la fortaleza de piedra a pie de playa
Ubicada cerca de la antigua pedanía minera de Rodalquilar, esta playa combina historia, naturaleza y accesibilidad. El Playazo es una gran concha de arena fina bordeada por un lado por espectaculares acantilados de caliza y por el otro por el impresionante Castillo de San Ramón, una batería costera del siglo XVIII levantada sobre una duna fosilizada.
Es un arenal ideal si buscas espacio y tranquilidad sin sufrir los accesos complicados de otras calas vírgenes. Desde la misma playa arranca un bonito sendero litoral que conecta con la Cala del Cuervo, regalando vistas panorámicas de la costa escarpada de Níjar.
6. Cala San Pedro: la comunidad libre bajo la torre del homenaje
Ubicada a unos 4 kilómetros al norte de Las Negras, la Cala San Pedro es un enclave mítico por su aislamiento y su peculiar historia. Al contar con un manantial de agua dulce activo todo el año, este rincón albergó históricamente a marineros y piratas, y hoy es famoso por alojar una pequeña comunidad bohemia que vive en consonancia con la naturaleza.
Sus aguas transparentes y sus fondos cubiertos de vegetación marina hacen de este lugar un pequeño paraíso para el esnórquel. Puedes llegar caminando durante algo más de una hora por un camino de acantilados desde Las Negras o abordar una de las barcas de pescadores locales que realizan el trayecto por mar en unos 15 minutos.
Tip viajero: Si decides hacer la ruta a pie hacia Cala San Pedro en verano, sal a primera hora de la mañana. No hay sombras en el camino y el sol apreta con fuerza en esta zona árida.
7. Playa de las Salinas de Cabo de Gata: la inmensidad del horizonte almeriense
Con más de 5 kilómetros de longitud rectilínea, la Playa de las Salinas es el arenal más extenso de todo el Parque Natural. Se extiende desde el torreón de San Miguel hasta el Faro de Cabo de Gata, flanqueada por las históricas salinas donde habitan multitud de aves acuáticas como los flamencos rosa.
Su estampa más reconocible la firma la icónica Iglesia de las Salinas, levantada a principios del siglo XX para los trabajadores salineros y ubicada a escasos metros de la arena. Es una playa perfecta para quienes huyen de las aglomeraciones y disfrutan del sonido del mar abierto.
8. Cala de los Amarillos: sosiego y tonos ocres cerca de San José
Resguardada entre la Playa de los Genoveses y la Cala del Príncipe, la Cala de los Amarillos debe su nombre a los cálidos tonos dorados y ocres de sus laderas rocosas. Es un rincón pequeño y de difícil acceso peatonal que garantiza una privacidad casi absoluta incluso en pleno agosto.
Al no contar con ningún tipo de servicio ni chiringuito en varios kilómetros a la redonda, conserva una atmósfera intacta. Sus aguas cristalinas invitan a permanecer horas flotando en la calma de su ensenada resguardada de los vientos de levante.
¿En cuál de estos paraísos vírgenes entre volcanes y mar vas a desplegar tu toalla este año?







