El olor a pino cantábrico mezclado con la espuma del océano saluda al viajero nada más acercarse a la playa de Salinas. Con más de 2 kilómetros de arena fina y dorada abriéndose al mar abierto, este rincón del municipio de Castrillón es mucho más que un arenal: es la capital indiscutible del surf en el norte y una de las joyas más magnéticas de la costa central de Asturias.
Pasear por su paseo marítimo al atardecer revela una postal viva donde las familias, los paseantes y docenas de surfistas cargando sus tablas conviven bajo la brisa marina. Sus emblemáticos chalets de indiano del siglo XX miran de reojo a las olas mientras el Atlántico rompe contra los acantilados de La Peñona.
Si vas a escaparte al litoral asturiano, guarda esta guía a mano. Repasamos los lugares clave, datos útiles y secretos locales para sacarle todo el partido a tu visita a esta bahía mítica.
1. El gran arenal de Salinas y El Espartal: dunas y libertad
La playa de Salinas forma un único cuerpo de arena junto a la playa de El Espartal, sumando casi 3 kilómetros de litoral continuo. Esta extensión la convierte en un refugio perfecto tanto para quienes buscan ambiente animado como para quienes prefieren la calma.
La zona este alberga el Monumento Natural de las Dunas de El Espartal, un ecosistema de vegetación autóctona protegido por pasarelas de madera. Es el tramo más salvaje y tranquilo para poner la toalla, resguardado tras el cordón dunar.
2. Bautismo de surf en las mejores olas del Cantábrico
Salinas es considerada la cuna del longboard y del surf asturiano. Gracias a su orientación abierta, la playa recibe oleaje constante durante los doce meses del año, adaptándose a todos los niveles según la zona de rompiente.
A lo largo de la calle Luis Treillard y el propio paseo marítimo se concentran más de diez escuelas oficiales. Un curso de iniciación de dos horas cuesta alrededor de 30 a 40 euros con tabla, traje de neopreno e instructor incluido.
3. Museo de Anclas Philippe Cousteau en La Peñona
Tip de Lucía: Sube a La Peñona cuando haya mar de fondo o marea alta. El golpe de las olas contra los acantilados por debajo de los miradores peatonales produce un rugido marino inolvidable (pero mantente siempre tras la barandilla de seguridad).
En el extremo oeste de la playa, coronando el promontorio rocoso de La Peñona, se encuentra este museo al aire libre único en Europa. Está dedicado a la memoria de los mares y rinde homenaje al célebre oceanógrafo francés.
El recorrido serpentea entre cubos de hormigón decorados, un busto de Cousteau y una impresionante colección de anclas históricas donadas por barcos de todo el mundo. Las pasarelas voladas sobre los acantilados regalan una vista panorámica de toda la bahía por acceso 100% gratuito.
4. El Paseo Marítimo y la arquitectura indiana
El paseo marítimo de Salinas es una avenida amplia e impecable que recorre toda la playa. Es el punto de encuentro natural a cualquier hora del día para pasear, patinar o tomar un café mirando al mar.
Si te adentras una calle hacia el interior, descubrirás las casonas de veraneo construidas a principios del siglo XX por la burguesía industrial. Destaca el entorno del Real Club Náutico de Salinas, cuya estructura sobre pilotis evoca la elegancia de los antiguos balnearios marinos.
5. El Festival de Surf de Salinas (International Longboard Festival)
Si visitas la villa durante el mes de julio, te cruzarás con el evento cumbre del verano local. El Salinas Longboard Festival reúne a miles de aficionados a las tablas clásicas, furgonetas camper y música al aire libre.
Durante cuatro días, la playa se transforma en un poblado surfero repleto de conciertos gratuitos, food trucks, talleres de arte y competiciones nocturnas bajo los focos de la arena.
6. La senda costera hasta el faro de San Juan de Nieva
Para los amantes de la caminata, desde el extremo este de la playa parte un tramo de senda peatonal llana que bordea la ría de Avilés hasta llegar al faro de San Juan de Nieva.
Son apenas 3,5 kilómetros de recorrido bien señalizado que te permitirán observar la entrada de los buques al puerto y disfrutar de la flora de la costa asturiana. La ruta lleva unos 45 minutos a pie de ida.
7. Comer en Salinas: del chiringuito de playa al sidro
La oferta gastronómica de la zona combina el picoteo desenfadado de playa con las sidrerías tradicionales asturianas. No puedes irte sin probar un buen plato de rabas (calamares fritos), un pulpo a la llambiona o una parrillada de pescados del Cantábrico.
En los chiringuitos a pie de playa o en los locales del paseo, el precio medio por persona ronda los 20 a 35 euros. Acompaña la comida con una botella de sidra bien escanciada para completar la experiencia local.
8. La Peñona al atardecer y el túnel de Arnao
Si buscas una fotografía de postal, quédate en la playa hasta que el sol empiece a caer por el horizonte tras el cabo de Peñas. Los tonos dorados sobre las dunas y los reflejos en la arena mojada por la marea baja son pura magia.
Además, puedes alargar el paseo cruzando el antiguo túnel minero peatonal que conecta Salinas con la vecina localidad de Arnao, donde se ubica la mina de carbón submarina más antigua de España.
El destino en TikTok
Si quieres contemplar la inmensidad de esta playa y el ambiente de sus olas en pleno directo, echa un vistazo a este vídeo:
Información práctica para organizar tu visita
Llegar a la playa de Salinas es rápido y sencillo desde cualquier punto del centro de Asturias. Se sitúa a solo 35 kilómetros de Oviedo (25 minutos por la A-66 y A-8) y a 15 kilómetros del Aeropuerto de Asturias.
En verano, la zona urbana cuenta con aparcamiento regulado (zona azul), pero hay un gran aparcamiento gratuito al aire libre en la zona este, junto a las dunas de El Espartal. Los autobuses interurbanos de la empresa CTA conectan Avilés con Salinas cada 20 minutos por unos 1,55 euros el billete.
La playa dispone de puestos de socorrismo y salvamento de junio a septiembre, duchas públicas, rampas de accesibilidad y zonas adaptadas para personas con movilidad reducida.
¿Tabla de surf bajo el brazo o paseo tranquilo entre dunas?
La belleza de Salinas reside en que no exige etiquetarse. Puedes pasar la mañana aprendiendo a ponerte de pie sobre una ola, comer un buen pescado mirando al océano y terminar el día paseando entre pasarelas de madera mientras el sol se oculta en el Cantábrico.
¿Tienes ya la toalla lista en la mochila o vas a empezar alquilando un neopreno para probar la fuerza del mar?







