Hay lugares que se graban en la memoria familiar mucho antes de aparecer en cualquier guía turística. Este pequeño rincón del noreste catalán tardó décadas en saltar a la gran pantalla, pero para la reconocida presentadora siempre ha sido su hogar más íntimo.
El refugio secreto que enamoró a la televisión
Mientras media España sigue cada semana los giros de La isla de las tentaciones en Telecinco, su rostro más visible cruza la península en busca de algo tan sencillo como el silencio. Lejos de los focos y de la exigencia del directo, Sandra Barneda encuentra la desconexión absoluta en un enclave diminuto de Girona.
Se trata de Vilanova de la Muga, una pequeña localidad perteneciente al municipio de Peralada que apenas roza los 250 habitantes. Un entorno donde el ritmo frenético de la gran ciudad desaparece por completo, sustituido por el rumor del viento y el pausado discurrir de la vida agrícola entre viñedos centenarios.
La propia presentadora confesó que este rincón es mucho más que un destino vacacional: es el lugar donde nació su padre, Marc Barneda, y el escenario donde ha pasado los mejores veranos de su vida.
De refugio familiar a plató internacional
La magia de este lugar no pasó desapercibida para la industria del entretenimiento. La novela con la que la periodista triunfó literariamente sirvió como base para la producción internacional Land of Women, protagonizada por estrellas de la talla de Eva Longoria.
Las históricas calles de piedra, la iglesia local y las plazas de este discreto núcleo urbano se transformaron de la noche a la mañana en un plató de cine global. Para los vecinos fue una anécdota inolvidable; para la ficción, la plasmación perfecta de la esencia más pura del Alt Empordà.
Más allá de las cámaras, la comarca ofrece un abanico de experiencias inigualables. A escasos minutos se encuentra el majestuoso Castillo de Peralada, famoso por acoger cada verano un festival musical de referencia internacional que combina la alta cultura con la arquitectura medieval.
Gastronomía y tradición mediterránea
Quien se acerque hasta este territorio guiado por la curiosidad descubrirá una despensa de primer nivel. Las tradicionales anxoves de l’Escala, elaboradas mediante métodos artesanales en salazón, compiten en protagonismo con el clásico guiso marinero conocido como suquet de peix.
Todo ello maridado con los caldos de la DO Empordà, vinos blancos y tintos profundamente marcados por el carácter de la tramuntana. Un auténtico viaje para los sentidos que explica a la perfección por qué este rincón catalán sigue siendo el secreto mejor guardado de una de las grandes figuras de nuestra televisión.







