miércoles, 12 de agosto 2026 Crónicas de viaje

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12 de agosto de 2026, 14:12

Escapadas

Qué ver en Montreal: 9 imprescindibles que no te puedes perder

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Montreal
Montreal

Aterrizar en la metrópoli más grande de la provincia de Quebec es reencontrarse con un mestizaje fascinante. Si buscas qué ver en Montreal, prepárate para recorrer una ciudad donde la elegancia del viejo continente europeo abraza sin complejos el dinamismo arquitectónico de América del Norte.

Aquí el aroma del café recién tostado se cruza con el crujido de las hojas secas de arce y el murmullo constante de una cultura francófona vibrante.

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Ubicada en una isla sobre el río San Lorenzo, esta urbe no se parece a ninguna otra del continente. Su personalidad se ha forjado entre inviernos rigurosos que se desafían bajo tierra y veranos explosivos donde la música, el arte callejero y las terrazas abarrotadas toman cada esquina.

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En esta guía definitiva vas a descubrir una ruta optimizada a pie y en metro para exprimir al máximo sus barrios más carismáticos, sus miradores de infarto y esos rincones gastronómicos que te robarán el corazón. Prepara calzado cómodo porque empezamos la visita.

1. Vieux-Montréal: un viaje en el tiempo entre adoquines

El casco antiguo es el punto de partida natural y el corazón histórico de la ciudad. Fundado por colonos franceses en el siglo XVII, caminar por sus calles de piedra es como cruzar un portal directo hacia la Vieja Europa sin salir del continente americano.

Pasea sin prisa por la Rue Saint-Paul, la arteria más antigua de la ciudad, flanqueada por galerías de arte, boutiques de diseño y restaurantes ubicados en antiguos almacenes de piedra gris. No te pierdas la Marché Bonsecours, una imponente edificación neoclásica con cúpula plateada que albergó el mercado principal durante más de un siglo y que hoy custodia artesanía local de alta calidad.

2. La Basílica de Notre-Dame de Montreal

Ubicada en la emblemática Place d’Armes, esta obra maestra del neogótico construida en 1829 impresiona desde su fachada exterior, pero su interior te dejará literalmente sin palabras. Al cruzar sus puertas, el contraste entre la penumbra y la luz azulina del altar mayor crea una atmósfera casi mágica.

El techo de la nave, abovedado y pintado en un azul profundo salpicado por miles de estrellas de pan de oro de 24 quilates, es un espectáculo único. Además, sus maderas talladas a mano y sus vidrieras no representan escenas bíblicas tradicionales, sino pasajes detallados de la historia religiosa y social de la fundación de la ciudad.

Tip viajero: Reserva tu entrada a la basílica con antelación por internet para evitar las largas colas de la mañana, o compra el ticket nocturno para presenciar AURA, un espectáculo de luz y sonido proyectado sobre la arquitectura interior del templo.

3. Subir al Parque del Mont-Royal

Diseñado por Frederick Law Olmsted (el mismo paisajista visionario que creó Central Park en Nueva York), este inmenso pulmón verde coronado por tres cumbres da nombre a la propia ciudad. Es el refugio favorito de los montrealeses para hacer senderismo en verano, contemplar el follaje dorado en otoño o patinar sobre hielo en invierno.

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Dirígete directamente al Belvédère Kondiaronk, un mirador semicircular situado frente al histórico Chalet del Mont-Royal. Desde su balconada obtendrás la vista panorámica más famosa del skyline de Montreal, con sus rascacielos alzándose frente a las aguas del río San Lorenzo.

4. El Puerto Viejo (Vieux-Port) y la Gran Rueda

Bordeando la ribera del río durante más de dos kilómetros, el Puerto Viejo se ha reconvertido en un espacio de ocio imprescindible repleto de actividades al aire libre. En verano es perfecto para pasear en bicicleta o alquilar un patín de agua; en invierno, su pista de hielo natural atrae a familias enteras.

Aquí se levanta La Grande Roue de Montréal, la rueda de observación más alta de todo Canadá con sus 60 metros de altura. Sus cabinas climatizadas ofrecen una panorámica de 360 grados sobre el río, el casco histórico y los puentes que conectan la isla.

5. El Barrio de Plateau-Mont-Royal y sus casas victorianas

Si quieres sentir el pulso bohemio y creativo de la ciudad, debes dedicar una tarde entera a recorrer las calles del Plateau. Este barrio residencial se caracteriza por sus icónicas casas de ladrillo con escaleras exteriores de hierro forjado en espiral, pensadas para ahorrar espacio interior y evitar resbalones con la nieve.

Camina a lo largo de las avenidas Mont-Royal y Saint-Denis para descubrir cafeterías de especialidad, librerías independientes y murales de arte urbano gigantescos. Muy cerca se encuentra el sector de Mile End, el epicentro hípster donde compiten los dos obradores de bagels más famosos de la ciudad: St-Viateur y Fairmount.

El destino en TikTok

Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:

6. El Oratorio de San José: espiritualidad monumental

Ubicado en la ladera oeste del Mont-Royal, este santuario católico es la iglesia más grande de Canadá y su cúpula representa la segunda más alta del mundo tras la Basílica de San Pedro en Roma. Fundado por el Santo Hermano André en 1904 como una pequeña capilla, el complejo actual impresiona por sus dimensiones gigantescas.

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Para alcanzar la entrada principal hay que subir una monumental escalinata de más de 280 escalones (muchos peregrinos suben los primeros 99 de rodillas como acto de fe). Desde la terraza de la basílica se disfruta de uno de los atardeceres más espectaculares de toda la región.

7. La Ciudad Subterránea (RESO): el refugio bajo el asfalto

Conocida localmente como el RESO (del francés réseau, red), se trata del complejo peatonal subterráneo más extenso del mundo. Cuenta con más de 33 kilómetros de túneles interconectados que unen estaciones de metro, centros comerciales, edificios de oficinas, hoteles y salas de espectáculos.

Diseñada originalmente en los años sesenta para permitir la vida urbana durante los meses de frío extremo donde el termómetro roza los 20 grados bajo cero, hoy es una auténtica ciudad paralela. Podrás ir de compras, comer o ir al teatro a pie bajo tierra sin necesidad de ponerte el abrigo.

8. Marché Jean-Talon: explosión de sabores de Quebec

Ubicado en el corazón del barrio de Petite Italie, este mercado al aire libre es uno de los más antiguos y grandes de América del Norte. Es el lugar perfecto para tomar contacto directo con los agricultores y productores artesanales de la provincia de Quebec.

A lo largo de sus pasillos cubiertos vas a encontrar puestos rebosantes de frutas de temporada, quesos artesanales, sidras locales y, por supuesto, todo tipo de derivados del jarabe de arce puro. Aprovecha para comprar botellas de jarabe en lata tradicional para llevarte de souvenir.

Dato práctico: Montreal se recorre fácilmente a pie y en su impecable red de metro (STM). Si vas a moverte durante varios días, compra el pase ilimitado de fin de semana o el pase de 3 días para ahorrar en tus desplazamientos.

9. Probar la auténtica Poutine y el pastrami de Montreal

Es imposible marcharse de la capital cultural de Quebec sin rendir homenaje a su plato nacional por excelencia: la poutine. Esta receta reconfortante combina patatas fritas crujientes, queso fresco en grano (el icónico cheese curds que chirría al morderlo) y una salsa de carne caliente densa y sabrosa.

El templo indiscutible para probarla a cualquier hora del día o de la noche es La Banquise, con más de 30 variaciones en su carta. Tampoco dejes de hacer fila en Schwartz’s Deli para degustar su mítico sándwich de carne ahumada (smoked meat) servido en pan de centeno con mostaza amarilla. (Un bocado jugoso con más de un siglo de tradición culinaria detrás).

¿Tienes ya preparada la maleta para dejarte enamorar por el encanto francófono de Montreal?

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