Cruzar la frontera pirenaica hacia el norte y adentrarse en la región histórica del Bearne tiene una recompensa inmediata. Si estás buscando qué ver en Pau, prepárate para descubrir una ciudad elegante que mira de frente a las cumbres pirenaicas mientras presume de un microclima sorprendentemente suave.
Aquí el olor a croissants recién horneados se mezcla con la brisa de montaña que desciende por la cuenca del Gave de Pau.
Antigua capital de los vizcondes del Béarn y cuna del rey Enrique IV de Francia, esta urbe vivió su época dorada durante el siglo XIX.
En aquel periodo, la aristocracia británica la convirtió en su refugio invernal favorito, dejando un legado de villas señoriales, jardines botánicos y una atmósfera señorial que aún se respira al caminar por sus avenidas.
En esta guía vas a encontrar una ruta detallada paso a paso para recorrer sus lugares más icónicos, saborear sus especialidades gastronómicas y asomarte al mirador urbano más bonito de todo el sur de Francia.
Prepara la cámara porque empezamos.
1. El Bulevar de los Pirineos: un balcón único hacia las cumbres
Es, sin discusión, el lugar más emblemático que ver en Pau. Diseñado a finales del siglo XIX al estilo de la Promenade des Anglais de Niza, este paseo peatonal de 1,8 kilómetros de longitud conecta el Castillo con el palacio de congresos de la ciudad.
Lo que hace inconfundible a este bulevar es su panorámica frontal sobre la cadena montañosa de los Pirineos. En los días despejados, la vista alcanza picos míticos como el Pic du Midi d’Ossau con su característica silueta dividida. A lo largo de la barandilla de hierro encontrarás pequeñas placas metálicas que indican el nombre y la altitud de cada cumbre visible desde ese punto exacto.
Tip viajero: Siéntate en las terrazas de los cafés del bulevar a primera hora de la mañana. La luz del amanecer tiñe las cumbres de tonos rosados mientras la ciudad despierta despacio.
2. El Funicular de Pau: un viaje vintage centenario
Para subir desde la estación de tren hasta el Bulevar de los Pirineos no hay mejor opción que subirse a este encantador transporte histórico. Inaugurado en 1908, el funicular conserva sus vagones de madera originales y sigue funcionando a diario como un medio de transporte totalmente cotidiano.
El trayecto dura apenas 3 minutos y salva un desnivel del 26% en un recorrido muy pintoresco. Lo mejor de todo es que el viaje es completamente gratuito para todos los usuarios. (Un detalle práctico y con mucho encanto que te ahorrará la cuesta a pie cargando con la mochila).
3. El Castillo de Pau y su parque señorial
Dominando la zona oeste del casco antiguo se levanta esta fortaleza medieval transformada en palacio renacentista. Aquí nació en 1553 Enrique IV, el célebre monarca francés que puso fin a las Guerras de Religión. Su figura sigue presente en cada rincón del edificio.
En su interior se custodia una impresionante colección de tapices flamencos de los siglos XVI y XVII, además del famoso caparazón de tortuga gigante que sirvió como cuna al futuro rey. Tras recorrer sus estancias reales, merece la pena pasear sin prisa por los jardines del parque del castillo, un pulmón verde repleto de arboles centenarios que desciende hacia el río.
4. El Casco Antiguo y el barrio del Castillo
Perderse por el entramado de calles peatonalizadas que rodean la fortaleza es el mejor plan para tomarle el pulso a la ciudad. Lugares como la Rue de la Préfecture o la Rue du Château conservan casas de los siglos XVI y XVII con fachadas de entramado de madera y piedras de río vistas.
A lo largo de tu caminata encontrarás pequeñas boutique de artesanos, librerías con encanto y bistrós tradicionales. Es una zona perfecta para buscar recuerdos locales, como el famoso tejido de lana bearnés o los dulces tradicionales elaborados con manteca y almendras.
5. El Museo Bernadotte: de Pau a la corona de Suecia
Pocos viajeros saben que en las calles del centro histórico de Pau nació el fundador de la actual dinastía real de Suecia. Jean-Baptiste Bernadotte, hijo de un modesto procurador local, llegó a convertirse en mariscal de Napoleón y, posteriormente, en rey de Suecia y Noruega con el nombre de Carlos XIV Juan.
La casa natal de Bernadotte, construida en 1730 según la arquitectura tradicional de la región, se ha transformado en un interesante museo biográfico. La visita permite descubrir objetos personales del personaje y entender cómo era la vida cotidiana de las familias acomodadas del Bearne durante el siglo XVIII.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
6. El Palacio Beaumont y sus jardines ingleses
Ubicado en el extremo oriental del Bulevar de los Pirineos, este elegante edificio de la Belle Époque evoca los años en que la aristocracia europea elegía Pau para pasar la temporada invernal. Construido en 1900 como casino y centro de ocio social, hoy funciona como palacio de congresos.
El edificio está rodeado por el Parque Beaumont, un magnífico jardín de estilo inglés diseñado por el paisajista Henri Martinet. Perderse entre su estanque central, su quiosco de música de hierro forjado y sus más de 110 especies de árboles identificadas es un auténtico placer para los sentidos.
7. Museo de Bellas Artes de Pau
Inaugurado en 1864 y alojado en un imponente edificio de estilo Art Déco construido en 1931, este espacio cultural es la segunda galería de arte más importante de toda la región de Aquitania, solo por detrás de la de Burdeos.
Entre sus salas alberga obras de maestros de la pintura europea desde el siglo XV hasta la actualidad. Destacan cuadros firmados por artistas de la talla de El Greco, Zurbarán, Degas o Rubens. Una parada imprescindible para los amantes de la cultura que busquen cobijo en un día de lluvia.
8. Excursión cercana: El tren de Artouste y el Valle de Ossau
Pau es la base de operaciones perfecta para explorar la naturaleza salvaje de los Pirineos franceses. A solo 50 kilómetros al sur de la ciudad se abre el espectacular Valle de Ossau, uno de los valles glaciares más bonitos de la cordillera.
Desde allí puedes acceder a la estación de Fabrèges para subirte al Petit Train d’Artouste. Se trata del tren turístico a mayor altitud de Europa, que circula a casi 2.000 metros de altitud bordeando precipicios increíbles hasta llegar al ibón glaciar de Artouste. (Es una experiencia apta para toda la familia que conviene reservar con antelación en temporada alta).
Dato práctico: Pau cuenta con excelente comunicación por carretera desde España a través del túnel de Somport o el puerto del Portalet. Además, la estación de tren conecta mediante alta velocidad con Burdeos y París.
9. Probar la contundente gastronomía bearnesa
No se puede entender el alma de esta tierra sin sentarse a una mesa tradicional. La cocina del Bearne es sabia, de origen campesino y basada en productos locales de altísima calidad como el pato, las setas y el queso de oveja de montaña.
El plato estrella indiscutible es la Poule au Pot (gallina en pepitoria servida con verduras de temporada cocidas a fuego lento), una receta popularizada por el propio rey Enrique IV. Tampoco dejes de probar la tradicional garbure —una sopa densa de alubias, col y confit de pato— ni los quesos de denominación de origen Ossau-Iraty acompañados de mermelada de cereza negra.
¿Te animas a cruzar los Pirineos y descubrir la elegancia histórica que esconde la capital del Bearne?






