El suelo empedrado de la Colegiata de Santa Juliana y los balcones de madera cuajados de geranios hacen que perderse por la villa de las tres mentiras sea un auténtico viaje en el tiempo. Sin embargo, quedarse únicamente entre sus murallas de piedra sería pasar por alto la inmensidad del paisaje cántabro a solo unos minutos de ruta. A menos de una hora de trayecto, las praderas verdes mueren de golpe en acantilados salvajes, mientras las casonas montañesas se refugian bajo bosques de robles y hayas.
Si buscas planificar una excursión de un día o preparar una ruta de fin de semana entre naturaleza, patrimonio indiano y cocina tradicional, estás en el lugar idóneo. Descubrir los pueblos más bonitos cerca de Santillana del Mar es la excusa perfecta para combinar el olor a hierba mojada con la brisa del mar Cantábrico y saborear un buen cocido montañés sin prisas.
Ajusta el retrovisor y prepara la cámara de fotos. Aquí tienes una selección rigurosa con las villas y aldeas más deslumbrantes que se esconden a un paso de Santillana.
1. Comillas: arquitectura indiana y el genio de Gaudí
Ubicada a tan solo 17 kilómetros hacia el oeste por la CA-131, la villa de Comillas destaca por una elegancia monumental única en el norte peninsular. Sus calles estrechas abren paso a plazas empedradas donde conviven la arquitectura tradicional con majestuosos edificios del modernismo catalán.

Su gran tesoro es El Capricho de Gaudí, un colorido palacete recubierto de azulejos con girasoles que representa una de las pocas obras del arquitecto catalán fuera de Cataluña. Tras pasear por el centro, sube hasta la colina del Sobrellano para admirar el Palacio del Marqués de Comillas y las ruinas del cementerio sobre el mar. (Un apunte práctico: la entrada general al Capricho cuesta unos 7 euros y conviene reservarla online en meses estivales).
Tip viajero: Acércate al Mirador de Santa Lucía al atardecer; la vista panorámica del puerto pesquero y la playa con el Pao de Comillas de fondo regala una luz sencillamente inolvidable.
2. San Vicente de la Barquera: alma marinera bajo los Picos de Europa
A 30 kilómetros bordeando la costa por la A-8 y la N-634, San Vicente de la Barquera regala una de las estampas más icónicas de la geografía cántabra. La silueta del Castillo del Rey y la Iglesia de Santa María de la Ángeles se alzan sobre la ría, mientras las cumbres nevadas de los Picos de Europa recortan el horizonte.
Pasear por su Puebla Vieja permite descubrir restos de sus antiguas murallas medievales y cruzar el histórico Puente de la Maza, con sus 28 arcos de piedra. Además, sus tabernas del puerto son una escala obligatoria para degustar el famoso sorropotún, un suculento guiso tradicional de bonito con patatas.
3. Barcena Mayor: la esencia montañesa en el Parque Saja-Besaya
Adentrándonos hacia el interior por la A-8 y la CA-180 (a unos 48 kilómetros de Santillana), Bárcena Mayor guarda el título de ser el único pueblo ubicado dentro del Parque Natural Saja-Besaya. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, esta pequeña aldea es un ejemplo impecable de arquitectura rural cántabra.
Sus calles peatonales presentan casonas de piedra con amplias solanas de madera orientadas al sur, donde el olor a leña quemada envuelve al viajero. Cargar pilas aquí implica sentarse en sus mesones a saborear un plato de cecina de ciervo o un humeante cocido montañés servido en cazuela de barro.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
4. Suances: acantilados de vértigo y ambiente surfero
A escasos 10 kilómetros por la CA-132, Suances ofrece la combinación perfecta entre playas de arena fina y cortados rocosos sobre el mar Cantábrico. Antigua villa marinera conocida como Portus Blendium en época romana, hoy es un referente costero para los amantes de la fotografía y el surf.
Recorrer el paseo marítimo de la playa de La Concha te lleva hasta la Playa de Los Locos, famosa por sus olas y sus puestas de sol tras el faro. El casco antiguo, situado en la parte alta del municipio, conserva tranquilas callejuelas con casonas de los siglos XVI y XVII.
5. Cartes: el paseo fluvial de la arquitectura solariega
Ponemos rumbo al sur (a tan solo 12 kilómetros por la A-8 y la N-611) para descubrir un conjunto histórico singular a orillas del río Besaya. Cartes destaca por su trazado en forma de calle única, la mítica Camino Real, flanqueada por casonas hidalgas con escudos de armas tallados en piedra.
El gran hito del pueblo es el Torreón de Cartes, una fortaleza gótica del siglo XV formada por dos torres cuadradas unidas por un arco apuntado sobre la carretera. Es un paseo llano, breve y de enorme valor fotográfico para quienes buscan tranquilidad.
Dato útil: Cruza el puente de piedra sobre el río Besaya para acceder al parque del Ansar, un espacio verde idóneo para hacer un picnic a la sombra de sauces centenarios.
6. Liérganes: la leyenda del Hombre Pez y el chocolate con churros
Ubicado a 40 kilómetros por la A-8 hacia la comarca de Trasmiera, Liérganes se asienta a los pies de dos elevaciones rocosas conocidas como las «Tetas de Liérganes». Este municipio es famoso por su balneario centenario y sus casonas de estilo clasista montañés.
Junto al Puente Mayor de piedra sobre el río Miera se encuentra la estatua de bronce dedicada al Hombre Pez, protagonista de una conocida leyenda del siglo XVII. No dejes el pueblo sin cumplir con el ritual local: merendar un chocolate bien espeso con churros o frisuelos en sus acogedoras cafeterías.
7. Santillana de Torrelavega y el valle de Cabuérniga: Carrejo
A solo 22 kilómetros hacia el sudoeste por la CA-180, la pequeña localidad de Carrejo sirve como antesala monumental al féretro verde del valle de Cabuérniga. Sus praderas cercadas por muros de piedra albergan casonas solariegas rodeadas de bosques de robles y castaños.
Aquí se encuentra la Casona de Carrejo, una edificación del siglo XVIII declarada Bien de Interés Cultural que alberga el Museo de la Naturaleza de Cantabria. Es una parada idónea para familias que buscan entender la flora y fauna autóctona de la región.
8. Potes: el corazón del valle de Liébana
Aunque requiere conducir unos 85 kilómetros (aproximadamente 1 hora de trayecto cruzando el sobrecogedor Desfiladero de La Hermida), Potes justifica plenamente la excursión. Asentado en la confluencia de cuatro valles, esta villa medieval es la capital de la comarca lebaniega.
Su imponente Torre del Infantado domina un casco antiguo de puentes de piedra, callejones empinados y solanas floridas. Antes de regresar, prueba el célebre cocido lebaniego elaborado con garbanzos de la zona y remata la comida con un chupito de orujo artesanal de Liébana.
Consejos prácticos para organizar tu ruta cerca de Santillana del Mar
Planificar un itinerario por la provincia de Cantabria es ágil y muy agradable, pero conviene no perder de vista varios detalles clave:
- Transporte: Contar con coche propio o de alquiler es la alternativa más cómoda para enlazar villas costeras con pueblos de montaña como Bárcena Mayor o Potes con total autonomía.
- Gastronomía regional: Aprovecha la ruta para probar las rabas de calamar frescas en la costa, los quesos de tresviso con D.O.P. y los tradicionales sobados y quesadas pasiegas para el desayuno.
- Equipamiento: El microclima cantábrico regala paisajes verdes gracias a lluvias imprevistas; guardar un chubasquero ligero y calzado con buen agarre para el empedrado en el maletero te garantizará una experiencia perfecta.
¿Por cuál de estas villas marineras o rincones entre montañas vas a empezar tu próxima ruta por tierras cántabras?







