El Oriente de Asturias guarda un secreto que se contagia en cuanto pones un pie en sus caminos. Buscar los pueblos bonitos cerca de Llanes es la excusa perfecta para recorrer un paisaje donde los acantilados de caliza verde caen sin piedad sobre las olas del Cantábrico.
A pocos minutos de la villa llanisca, las carreteras secundarias se pierden entre prados infinitos, arquitectura indiana de mil colores y aromas a sidra recién escanciada.
Encontrarás desde pequeñas aldeas pesqueras hasta rincones que custodian historias de emigrantes que regresaron de América para levantar palacetes de ensueño.
Si estás preparando una escapada por la Costa Verde y quieres descubrir la esencia asturiana más auténtica, toma nota. Estos rincones a un paso de Llanes te van a robar el corazón.
1. Niembro: la postal idílica sobre la ría
A tan solo 8 kilómetros de Llanes se encuentra Niembro, una pequeña parroquia famosa por regalar una de las estampas más bellas del norte peninsular. Su vida gira en torno a la ensenada de Barro, un estuario natural que cambia por completo con el ritmo de las mareas.
En el margen de la ría se alza la Iglesia de Nuestra Señora de la Dolores junto a su cementerio histórico, ambos del siglo XIX. Cuando sube la marea, el templo se refleja de forma impecable sobre el agua, creando una composición mágica que atrae a fotógrafos de todo el mundo.
Tip viajero: Visita Niembro durante la pleamar y al atardecer. La calma del agua convierte la ría en un espejo perfecto que duplica los colores de la iglesia y del cielo.
2. Porrúa: tradición viva a los pies de la Sierra del Cuera
Ubicado a escasos 5 kilómetros al interior, Porrúa ofrece una inmersión completa en la cultura rural asturiana. Protegido por la imponente pared de roca de la Sierra del Cuera, este pueblo ha sabido preservar sus costumbres ganaderas con un orgullo envidiable.
En el centro de la localidad destaca el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias, ubicado en la antigua finca de L’Llacín. Pasear entre sus hórreos centenarios y sus casas de piedra permite entender el día a día de los campesinos de la zona a lo largo de los siglos.
(Y sí, probar un pedazo de queso de Porrúa artesanal en la plaza del pueblo es una parada obligatoria para el paladar).
3. Celorio: calas de ensueño y pasado monástico
A solo 4 kilómetros de la villa llanisca se ubica Celorio, un antiguo núcleo marinero que se ha convertido en uno de los rincones costeros más codiciados. Su frente litoral combina playas de arena dorada con islotes rocosos salpicados por el oleaje.
El corazón histórico del pueblo alberga el Monasterio de San Salvador, fundado en el siglo XI y reconvertido en complejo monumental. Desde su entorno parte un sendero costero que conecta de forma sencilla con las famosas playas de Palombina y Las Camparas.
4. Naves y el misterio de la playa de Gulpiyuri
Siguiendo la autovía A-8 hacia el oeste durante unos 14 kilómetros, se llega a la parroquia de Naves. Esta tranquila aldea costera sirve como puerta de acceso a una de las maravillas geológicas más singulares del planeta.
A pocos minutos a pie del caserío se oculta la Playa de Gulpiyuri, un pequeño arenal de mar interior declarado Monumento Natural. El agua del Cantábrico penetra a través de cavernas subterráneas talladas en los acantilados, creando una playa rodeada de hierba sin acceso directo al horizonte.
Dato práctico: Consulta la tabla de mareas antes de acudir a Gulpiyuri. Para apreciar el efecto del agua filtrándose entre la roca, necesitas llegar durante la marea media o alta.
5. Colombres: el esplendor de la arquitectura indiana
A 20 kilómetros al este, rozando el límite provincial con Cantabria, Colombres despliega un patrimonio arquitectónico único en España. Esta villa es el máximo exponente de la huella que dejaron los emigrantes asturianos que hicieron fortuna en América a finales del siglo XIX.
Sus calles albergan majestuosas casonas de colores vivos, entre las que destaca la Quinta de Guadalupe. Este palacete indiano de 1906 alberga en la actualidad el Museo de la Emigración, rodeado de jardines exuberantes repleto de palmeras traídas del Caribe.
6. Barro: espíritu marinero entre dos arenales
Vecino a Niembro y a tan solo 6 kilómetros de Llanes, el pequeño pueblo de Barro se acurruca entre dos de las mejores playas de la comarca. Es el destino perfecto para quienes buscan paseos serenos con olor a salitre.
Su casco urbano conserva alineaciones de casas tradicionales con balcones de madera orientados al sur. Desde el pueblo se accede directamente a la playa de Barro, una bahía resguardada de aguas tranquilas ideal para familias y amantes del paddle surf.
7. Cuevas del Agua: la aldea con entrada secreta
Para descubrir una experiencia verdaderamente surrealista, hay que recorrer 30 kilómetros hasta las inmediaciones de Ribadesella para visitar Cuevas del Agua. La peculiaridad de esta aldea reside en su impresionante vía de acceso.
Para entrar al pueblo es necesario atravesar la Cuevona de Cuevas, una cavidad natural de más de 300 metros de longitud horadada por el agua donde la carretera discurre junto a estalagmitas y estalactitas iluminadas.
Aviso útil: Cruza la Cuevona muy despacio con el coche y con las luces cruzadas encendidas, o mejor aún, déjalo en el aparcamiento exterior y atraviesa la gruta a pie.
8. Llames de Pría: el espectáculo natural de los bufones
Completando la ruta por los pueblos bonitos cerca de Llanes, a unos 23 kilómetros hacia el oeste, se sitúa Llames de Pría. Esta diminuta aldea sirve como punto de partida para contemplar la fuerza desatada del mar Cantábrico.
Desde la hermosa playa de Guadamía arranca el sendero que conduce a los Bufones de Pría. Cuando el mar está agitado, las olas se cuelan con fuerza por las grietas de la roca caliza y expulsan chorros de agua y aire a presión que alcanzan decenas de metros de altura.
¿Por cuál de estos rincones del Oriente de Asturias vas a comenzar tu ruta?







