viernes, 5 de junio 2026 Crónicas de viaje

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Qué ver en Gijón: La guía definitiva para conquistar la capital de la sidra (entre búnkers, olas y mármol)

Vista panorámica de Gijón en verano
Vista panorámica de Gijón en verano
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Gijón no es una ciudad para verla con prisa. Es un organismo vivo que se alimenta del Cantábrico y que, en pleno 2026, ha sabido reinventar su pasado industrial para convertirse en la capital del «cool» norteño.

Si buscas el alma de Xixón (como decimos aquí), tienes que empezar donde todo empezó: en el Cerro de Santa Catalina. Es el punto más alto de Cimavilla y donde la ingeniería militar de la Guerra Civil se encuentra con el arte monumental.

Aquí te espera el Elogio del Horizonte, la gigantesca escultura de Eduardo Chillida. (Un secreto de amiga: colócate justo en el centro del hormigón. El sonido del mar se amplifica de tal forma que sentirás que el océano está rugiendo dentro de tu cabeza. Es pura dopamina auditiva).

Cimavilla: El laberinto donde el tiempo se detiene

Bajar del cerro es entrar en Cimavilla, el antiguo barrio de pescadores y cigarreras. Es un laberinto de calles estrechas donde cada portal tiene una historia de naufragios o de lucha obrera.

En 2026, el barrio ha recuperado su brillo sin perder su esencia canalla. No puedes irte sin pasar por la Cuesta del Cholo. Es el lugar de reunión por excelencia cuando sale un rayo de sol. Verás a cientos de personas sentadas en el suelo, con una botella de sidra en la mano, viendo cómo los barcos entran en el puerto deportivo.

Si te gusta la historia con un toque de misterio, busca la Torre del Reloj. Fue cárcel, ayuntamiento y hoy es un museo que esconde restos de la muralla romana. Gijón (o Gigia) fue un enclave romano vital, y las Termas de Campo Valdés, justo al pie de la iglesia de San Pedro, son la prueba de que ya hace 2.000 años sabían cómo disfrutar de un buen baño caliente.

Tip de Lucía: En Cimavilla abundan las leyendas sobre túneles que cruzan la ciudad. Pregunta en la Taberna Gigia mientras pides una ración de parrochas; los locales te contarán historias que no están en Google Maps.

La Laboral: El gigante de piedra que te dejará sin aliento

A las afueras, pero conectada por un carril bici espectacular, se alza la Laboral Ciudad de la Cultura. Es el edificio más grande de España y una joya de la arquitectura del siglo XX que parece sacada de una película de época.

Su patio central es más grande que la Plaza de San Marcos de Venecia. Pero lo que de verdad tienes que hacer es subir a la torre. Con sus 130 metros de altura, es el faro interior de la ciudad. Desde arriba, verás cómo el verde de las montañas asturianas se funde con el azul oscuro del mar.

En este 2026, la Laboral no es solo un monumento; es un centro de innovación donde el LABoral Centro de Arte y Creación Industrial expone lo último en tecnología y arte digital. Es el contraste perfecto: piedra clásica y neuronas digitales.

La Playa de San Lorenzo y el arte de «aguantar cachones»

La Playa de San Lorenzo es el salón de casa de los gijoneses. Un semicírculo perfecto de arena dorada vigilado por el muro más famoso del norte. Caminar por «el muro» desde la iglesia de San Pedro hasta el Piles es un ritual obligatorio.

Si vas con marea alta y hay temporal, prepárate para ver a los locales practicando el deporte nacional: aguantar cachones. Consiste en ver quién aguanta más tiempo pegado a la barandilla antes de que la ola rompa y te deje empapado de agua salada. (Sí, somos así de brutos, pero es divertidísimo).

Si prefieres algo más tranquilo, sigue caminando por la Senda Costera hacia el Parque del Cabo San Lorenzo. Son kilómetros de acantilados que te llevarán hasta la Playa de la Ñora. Es el lugar donde la ingeniería de la naturaleza se muestra en todo su esplendor.

Ingeniería Gastro: Sidra, Cachopo y el Secreto del Llagar

Comer en Gijón es una responsabilidad. No se viene aquí a hacer dieta. La sidra es el eje sobre el que gira todo. Pero cuidado: aquí la sidra se escancia. Si ves a un camarero con el brazo en alto y la mirada perdida, no le interrumpas; está ejecutando un ritual milenario para despertar el gas carbónico de la manzana.

Para una experiencia auténtica, tienes que salir un poco del centro e ir a un Llagar. Lugares como Casa Trabanco en Lavandera son templos donde se fabrica la sidra. Comer entre toneles gigantes de madera, con el olor a manzana fermentada y un cachopo de tamaño ilegal en la mesa, es lo más cerca que estarás del paraíso asturiano.

En el centro, la Sidrería La Galana en la Plaza Mayor es el lugar para ver y ser visto. Pide una tabla de quesos asturianos (el Gamoneu o el Cabrales no son aptos para cobardes) y déjate llevar por el bullicio.

Advertencia Gourmet: Si te ofrecen «sidra de mesa» (la que se sirve en copa), está bien, pero para vivir Gijón de verdad busca la Sidra de Escanciar. Y recuerda: el «culín» se bebe de un trago, no se saborea como un vino.

Gijón Miniturismo: El Acuario y el Museo del Ferrocarril

Si viajas con niños o simplemente te apasiona la maquinaria, Gijón tiene dos paradas técnicas obligatorias. El Bioparc Acuario de Gijón es una lección de biodiversidad, desde el río asturiano hasta los mares tropicales. Cenar en su restaurante, El Kraken, con los tiburones nadando sobre tu cabeza, es una experiencia de ingeniería sensorial única.

Por otro lado, el Museo del Ferrocarril de Asturias, ubicado en la antigua Estación del Norte, es un viaje al pasado industrial. Locomotoras de vapor que parecen salidas de una novela de Julio Verne y vagones de madera donde aún se respira el humo de las minas.

Contexto y Logística: Cómo no parecer un turista

En 2026, Gijón es una ciudad sostenible. El centro es casi totalmente peatonal y el sistema de alquiler de bicis eléctricas funciona de maravilla. Úsalo. No intentes aparcar en Cimavilla o en el centro histórico; acabarás en un bucle infinito de calles de un solo sentido.

El clima es el que es: el orbayu (esa lluvia fina que parece que no moja pero te cala hasta los huesos) es parte del encanto. Un buen chubasquero es más útil que un paraguas, que el viento del Cantábrico se encargará de romper en cinco minutos.

Gijón está viviendo un momento dulce. Su oferta cultural para este 2026, con festivales como el Metrópoli o la Semana Negra, atrae a miles de personas, así que si planeas venir en verano, reserva ya. Los hoteles boutique frente al puerto se llenan con meses de antelación.

Vienes por las vistas, pero te quedas por la gente. Gijón tiene esa capacidad de hacerte sentir que eres de aquí desde el primer culín de sidra. No es solo turismo, es pertenencia.

¿Nos vemos en el muro para ver el atardecer? Te prometo que, con un trozo de empanada en la mano y el sonido de las olas, no querrás estar en ningún otro lugar del mundo.