lunes, 24 de agosto 2026 Crónicas de viaje

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24 de agosto de 2026, 23:59

Escapadas

Qué ver en Castro-Urdiales: La joya marinera que te hará dudar de si estás en España o en la Bretaña francesa

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Castro-Urdiales
Castro-Urdiales

Castro Urdiales es, posiblemente, la entrada más espectacular a Cantabria. Olvida esa imagen de pueblo de paso hacia Santander; aquí el Cantábrico ruge con una elegancia que te deja sin palabras. Es una villa que sabe a salitre, a historia medieval y a ese lujo decadente de la burguesía que veraneaba frente a sus costas. (Sí, nosotras también nos quedaríamos a vivir en su paseo marítimo para siempre).

El error de manual de muchos turistas es verla como una simple ciudad dormitorio de Bilbao. Si quieres saber qué ver en Castro-Urdiales en este 2026, tienes que mirar hacia su «Puebla Vieja». Es ahí donde reside el alma de una ciudad que fue colonia romana y que hoy presume de tener uno de los conjuntos góticos más imponentes del norte de España.

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Este año, la villa ha recuperado espacios peatonales que permiten disfrutar de su puerto pesquero sin el ruido del tráfico. Prepárate para una ruta donde las leyendas de templarios se mezclan con el olor a bonito del norte recién descargado. ¿Lista para el abordaje?

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La Iglesia de Santa María: El gótico que desafía al mar

Si hay algo que tienes que ver en Castro-Urdiales por encima de todo, es la Iglesia de Santa María de la Asunción. No es una iglesia cualquiera; es una catedral en miniatura que parece brotar directamente de los acantilados. Es el ejemplo más puro del gótico clásico en Cantabria y su robustez te hará sentir muy pequeña.

Fíjate en sus contrafuertes y arbotantes, diseñados para resistir los embates del viento gallego y las galernas del Cantábrico. El interior guarda una paz sobrecogedora, pero el secreto de experta está fuera: camina por el perímetro de la iglesia al atardecer. Ver cómo la piedra se vuelve dorada mientras las olas rompen debajo es, sencillamente, mágico.

Dentro de la iglesia se custodia una talla de la Virgen Blanca del siglo XIII que es una auténtica joya. Pero el verdadero tesoro es el conjunto que forma con el castillo y el puente vecino.

El Castillo-Faro y el Puente Viejo

Justo al lado de la iglesia se encuentra el Castillo de Santa Ana. Es una de las pocas fortalezas que se conservan en la costa norte y su silueta, coronada por un faro que todavía guía a los marineros, es la imagen más icónica de la villa. Entrar es como viajar al medievo, con muros de piedra que han visto pasar siglos de ataques piratas.

No puedes irte sin cruzar el Puente Viejo (que todo el mundo llama romano, aunque es medieval). Es un arco de piedra que une la peña de la iglesia con la del castillo. Debajo, el mar entra con fuerza creando una piscina natural de aguas cristalinas. Es el sitio preferido de los jóvenes castreños para saltar al agua en verano; un espectáculo de adrenalina y tradición.

La Puebla Vieja y el placer del tapeo

Baja del conjunto monumental y piérdete por las calles de la Puebla Vieja. Son callejones estrechos donde la ropa cuelga de los balcones y el aroma a cocina casera inunda el aire. Aquí es donde late el Castro más auténtico. Busca la Plaza del Ayuntamiento, con sus soportales de piedra, para tomar el primer vermut del día.

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Hablemos de comida. En Castro se viene a comer anchoas y caracoles (su plato típico por San Andrés). Pero el producto estrella es el pescado de roca. Vete a las tabernas de la calle Correría o la calle San Juan. Pide una ración de rabas (imprescindibles en Cantabria) y déjate aconsejar por el camarero sobre la captura del día. La frescura aquí no es una opción, es una ley.

Truco de Lucía: Las anchoas de Castro-Urdiales compiten en calidad con las de Santoña. Compra un par de latas en las tiendas de conservas artesanales del puerto; son el souvenir que tus amigos (y tu paladar) realmente agradecerán.

El Paseo Marítimo y el Palacio Ocharan

Para bajar la comida, nada como recorrer el Paseo Marítimo hasta llegar al Parque Amestoy. Es uno de los paseos más elegantes de la costa cántabra, flanqueado por edificios con balcones acristalados (las famosas galerías) que protegían a los vecinos del viento sin perder las vistas al mar.

Al final del paseo, busca el Palacio de Ocharan. Es un edificio ecléctico rodeado de jardines que parece sacado de una película de época. Su mezcla de estilos, con azulejos italianos y columnas neoclásicas, es el testimonio del esplendor indiano de finales del siglo XIX. Aunque el interior es privado, pasear por su verja es una lección de arquitectura y buen gusto.

Playas: De Ostende a Brazomar

Castro tiene dos caras playeras. Si buscas comodidad y aguas tranquilas para ir en familia, la Playa de Brazomar es tu sitio. Está protegida y su arena dorada es perfecta. Pero si buscas algo con más carácter, vete a la Playa de Ostende. Es artificial, de arena oscura, pero está rodeada de un entorno de rocas alucinante donde el mar siempre da espectáculo.

Caminar de una a otra te permite ver cómo la ciudad ha crecido respetando su bahía. Es una ruta de apenas 30 minutos que te ofrece todas las perspectivas posibles de la villa. Es nuestro plan imprescindible para una mañana de domingo antes de que los bares de pinchos se llenen hasta la bandera.

Advertencia importante: Aparcar en el centro de Castro-Urdiales es misión imposible los fines de semana. Usa los parkings subterráneos cerca del puerto o prepárate para dar vueltas. La paciencia aquí se premia con un vino frente al mar.

Flavióbriga: El pasado romano bajo tus pies

Para terminar tu ruta, recuerda que estás pisando Flavióbriga, la única colonia romana en la costa del Cantábrico. Bajo el actual suelo de la ciudad se esconden restos de termas y calzadas que todavía se pueden intuir en algunos puntos excavados. Es esa mezcla de capas históricas lo que hace que Castro sea tan especial.

Castro-Urdiales te va a conquistar por su fuerza. Es una villa que no necesita filtros porque su belleza es real, cruda y marinera. Es el lugar donde termina Castilla y empieza el mar infinito. ¿Te vienes a comprobar por qué los cántabros están tan orgullosos de esta perla del norte?

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