Si piensas en las Islas Canarias y solo te vienen a la mente hoteles de pulsera y alemanes quemados por el sol, es que no conoces Las Palmas de Gran Canaria. La capital de la isla no es un destino de paso; es una metrópolis vibrante que mezcla el espíritu colonial con la energía del surf.
A diferencia del sur de la isla, aquí el clima tiene nombre propio: «panza de burro». Ese cielo nublado matutino que, lejos de fastidiar el día, regala una temperatura eterna de 22 grados. Es el refugio perfecto para los que huyen del frío peninsular sin querer morir de calor.
Pero no te equivoques, aquí el sol siempre acaba saliendo. Y cuando lo hace, la ciudad brilla con una luz atlántica que ha seducido a medio mundo. Vamos a contarte qué tienes que ver para que sientas que te has pasado el juego de los viajes este año.
Vegueta: Donde empezó la aventura de América
Cerrar los ojos en el barrio de Vegueta es viajar al siglo XV. Es el casco histórico, el lugar donde se fundó la ciudad en 1478 y donde las calles empedradas te cuentan secretos de conquistadores y piratas. Es, sencillamente, una joya de la arquitectura canaria.
La parada obligatoria es la Casa de Colón. No, no es que el almirante viviera allí permanentemente, pero sí que se alojó mientras reparaba una de sus carabelas antes de partir hacia el Nuevo Mundo. El edificio, con sus balcones de madera de pino tea y sus patios interiores, es una obra de arte en sí misma.
A pocos metros tienes la Catedral de Santa Ana. Tienes que subir a sus torres. Por apenas unos euros, tendrás una de las mejores vistas de la ciudad, con el puerto al fondo y los tejados antiguos a tus pies. Las fotos desde aquí arriba son, sencillamente, de otro nivel.
No te vayas de Vegueta sin buscar los «Perros de Santa Ana» en la plaza. Son ocho esculturas de hierro que guardan la catedral y que se han convertido en el símbolo místico del barrio.
Triana: El paraíso del ‘shopping’ con alma
Cruzando el barranco de Guiniguada (ahora una carretera, pero con mucha historia) llegas a Triana. Es la zona comercial por excelencia, pero olvida los centros comerciales genéricos. Aquí lo que mandan son los edificios modernistas de principios del siglo XX.
La Calle Mayor de Triana es peatonal y un auténtico museo al aire libre. Fíjate en las fachadas; verás detalles que te recordarán al modernismo catalán pero con un toque atlántico único. Es el sitio ideal para tomar un café en una de sus terrazas y ver la vida pasar.
Si buscas algo más auténtico, entra en el Gabinete Literario. Es uno de los edificios más bellos de la ciudad y su interior parece sacado de una novela de época. A menudo hay exposiciones o eventos que te permitirán cotillear sus salones palaciegos.
La Joya de la Corona: Playa de Las Canteras
Hay playas urbanas y luego está Las Canteras. Los locales dicen que es una de las mejores playas del mundo, y tienen razón. Son casi cuatro kilómetros de arena rubia protegidos por «La Barra», un arrecife natural que actúa como rompeolas y crea una piscina gigante de aguas tranquilas.
Lo mejor de esta playa es su dualidad. En la zona de La Puntilla, las aguas son un plato y el ambiente es familiar. Pero si caminas hacia el sur, llegarás a La Cícer. Aquí el arrecife desaparece y las olas entran con fuerza, convirtiéndose en el paraíso de los surfistas.
El paseo marítimo es el pulmón de la ciudad. Verás a gente haciendo deporte, nómadas digitales con sus portátiles frente al mar y jubilados disfrutando del «eterno verano». Es el lugar donde la dopamina se dispara solo con respirar el aire yodado.
Nuestro secreto: El mejor momento para disfrutar de Las Canteras es durante la marea baja. Podrás caminar sobre el arrecife y ver los peces sin necesidad de gafas de bucear.
El Auditorio Alfredo Kraus y el sabor de la Cícer
Presidiendo el final de la playa se alza imponente el Auditorio Alfredo Kraus. Es un edificio que parece una fortaleza marina y rinde homenaje al tenor más famoso de la isla. Ver un concierto aquí con el sonido del Atlántico de fondo es una experiencia que deberías vivir al menos una vez.
La zona que lo rodea, el barrio de Guanarteme, es ahora el sitio más ‘trendy’. Está lleno de poke shops, cafeterías de especialidad y escuelas de surf. Es el lugar donde se mezcla el ambiente canario de toda la vida con la comunidad internacional que ha decidido que Las Palmas es su oficina.
Si te entra hambre por aquí, busca un sitio que sirva papas arrugadas con mojo. Parece un tópico, pero el mojo canario de verdad es una religión. Y si quieres algo más contundente, pide un pata asada en alguno de los bares tradicionales de la zona.
El Jardín Canario y la caldera de Bandama
Si tienes un coche de alquiler, sal de la ciudad diez minutos hacia el interior. El Jardín Botánico Viera y Clavijo (conocido como el Jardín Canario) es el más grande de España. Es un oasis vertical donde los dragos y los cactus gigantes te harán sentir en un episodio de Jurassic Park.
Y si quieres algo más salvaje, sube al Pico de Bandama. Podrás asomarte a una caldera volcánica de 200 metros de profundidad. Las vistas del noreste de la isla y de los viñedos que crecen en la ceniza volcánica (el picón) son espectaculares.
La cultura del vino en Gran Canaria está en pleno auge. Los vinos de la D.O. Gran Canaria tienen ese toque mineral del volcán que los hace únicos. Pregunta por un vino de uva Listán Negro o Malvasía Volcánica; nos darás las gracias luego.
¿Cómo moverse y dónde comer?
Moverse por Las Palmas es facilísimo gracias a las «guaguas» (autobuses). Las amarillas son las urbanas y funcionan de maravilla. Olvida el coche en el centro porque aparcar es una pesadilla de nivel experto.
Para cenar, apunta el Mercado del Puerto. Es una estructura de hierro de la escuela de Eiffel que por la noche se transforma en un templo del tapeo. Puedes comer desde sushi fresco hasta croquetas de jamón ibérico acompañadas de una cerveza Tropical bien fría.
La ciudad es segura, acogedora y, sobre todo, real. No es un parque temático para turistas. Es una capital viva que te atrapa por su sencillez y su calidad de vida. No nos extraña que tantos se queden a vivir.
¿Te vienes a comprobar si la panza de burro es tan mágica como dicen?







