martes, 25 de agosto 2026 Crónicas de viaje

Crónicas, grandes viajes y gastronomía del mundo.

25 de agosto de 2026, 23:35

Escapadas

Qué ver en Plasencia: la ciudad de las dos catedrales y los palacios infinitos

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Plasencia
Plasencia

Plasencia es piedra, es nobleza y es un cruce de caminos histórico. Entrar en su casco antiguo, protegido por una muralla casi intacta, es retroceder a una época donde los caballeros y los obispos competían por ver quién levantaba el muro más alto.

Es una ciudad que se siente orgullosa de su pasado y que, en pleno 2026, sigue siendo el centro vibrante de las comarcas del norte extremeño.

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Aquí la vida se vive en la calle, entre cañas y pinchos en la Plaza Mayor y paseos por la ribera del río Jerte. Si buscas un destino que combine un patrimonio apabullante con la mejor gastronomía de la dehesa, este es tu sitio. Vamos a diseñar la ruta definitiva para que no te pierdas ni un detalle de la ciudad fundada por Alfonso VIII.

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Las Catedrales: Un dos por uno arquitectónico

Lo más increíble de Plasencia es que no tiene una catedral, sino dos. Y lo mejor: están pegadas. La Catedral Vieja (románica del siglo XIII) y la Catedral Nueva (renacentista del siglo XVI) forman un conjunto arquitectónico único en el mundo. Es como ver la evolución de la historia del arte en una sola fachada.

La Catedral Nueva te va a dejar sin palabras con su fachada plateresca, una de las más bellas de España. Pero el verdadero tesoro está dentro: el retablo mayor y, sobre todo, la sillería del coro, tallada con un detalle (y un toque de picardía en algunas figuras) que es pura maestría. No te vayas sin visitar el claustro, el nexo de unión entre ambos templos.

Un secreto de Lucía: Fíjate en la Torre del Melón en la Catedral Vieja. Es una de las cuatro torres del grupo de «cimborrios leoneses» (junto a Zamora, Salamanca y Toro). Su forma escamada es una joya fotográfica.

La Plaza Mayor y el Abuelo Mayorga

El corazón de Plasencia late en su Plaza Mayor. Es una plaza porticada donde se celebra cada martes, desde hace más de 800 años, el mercado de abastos. Es el sitio ideal para tomarse algo y ver pasar la vida, pero tienes que mirar hacia arriba, concretamente a la torre del Ayuntamiento.

Allí vive el Abuelo Mayorga, una figura autómata que se encarga de dar las horas golpeando la campana. Es el personaje más querido de la ciudad y el guardián del tiempo placentino. La plaza es también el punto de partida de las principales calles comerciales y de tapeo del centro.

Murallas y Puertas: La ciudad fortaleza

Plasencia nació para ser defendida, y sus murallas son el mejor testigo. Todavía se conservan gran parte de los muros y muchas de sus torres defensivas. Pasear por el cinturón de piedra te permite descubrir puertas monumentales como la Puerta de Trujillo o la Puerta del Sol.

Cerca de la Puerta del Sol se encuentra el Torreón de Lucía, donde antiguamente se encendía una hoguera para guiar a los viajeros que llegaban a la ciudad de noche. Es un rincón con una mística especial, ideal para los amantes de la fotografía histórica.

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Palacios y Casas Nobles

Caminar por el centro de Plasencia es un desfile de escudos nobiliarios. Tienes que ver el Palacio del Marqués de Mirabel, con su patio neoclásico y su conexión con el Convento de San Vicente Ferrer (hoy Parador de Turismo). Es el ejemplo máximo de la pujanza de la nobleza local.

Otro imprescindible es la Casa de las Dos Matanzas o el Palacio de Monroy (la casa más antigua de la ciudad). Cada esquina te regala una ventana geminada, un arco de medio punto o un balcón de forja que te dispara la dopamina visual.

Parque de los Pinos: El oasis de los pavos reales

Si necesitas un respiro verde, el Parque de los Pinos es el lugar. No es un parque cualquiera; es un jardín botánico y zoológico donde los pavos reales campan a sus anchas entre esculturas y estanques. Es el sitio favorito de los locales para desconectar y disfrutar del aire fresco que baja de la sierra.

Para los que prefieren el agua, el Parque de la Isla, formado por un meandro del río Jerte, es el lugar ideal para pasear o incluso darse un baño en las zonas habilitadas durante el verano. Es el pulmón azul de Plasencia.

Gastronomía: El sabor del norte de Cáceres

Comer en Plasencia es un festín. Tienes que probar el Pimentón de la Vera en cualquier guiso, las migas extremeñas y, por supuesto, el jamón ibérico de bellota. Pero si buscas algo típico de la ciudad, pide las «patatas escabechadas» o el lagarto ibérico a la brasa.

Para acompañar, un vino de la tierra o una cerveza artesana local. Y de postre, si vas en temporada, las cerezas del Valle del Jerte son obligatorias. El mercado del martes es el mejor sitio para comprar productos frescos directamente de los agricultores de la comarca.

Nota gastronómica: La zona de la calle Pizarro y los alrededores de la Plaza Mayor están llenos de tabernas donde el «pincho» es sagrado. ¡En Extremadura se come muy bien y en cantidad!

Plasencia es una ciudad que te abraza con su piedra y te conquista con su ritmo pausado. Es el campamento base perfecto para explorar la Vera, el Valle del Jerte o Monfragüe. ¿Estás listo para que el Abuelo Mayorga te dé la bienvenida?

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