Dicen que para ganar músculo hay que vivir a base de pollo y huevos. La nutricionista Nina Voit ha señalado otro protagonista de la nevera que casi nadie mira como proteína: el queso curado. Hablamos de parmesano y proteína, un binomio que casi nadie tiene en cuenta cuando planifica la compra.
Cuánta proteína lleva
El parmesano contiene unos 31 a 33 gramos de proteína por cada 100 gramos. Es una cifra alta, más que la de muchos alimentos que consideramos «proteicos» en el mostrador de la carnicería.
El motivo es el agua. Cuanto más curado, menos agua queda y más concentrado está todo lo demás.
«Cuanto más duro es un queso, menos agua tiene y más concentrados están sus nutrientes: proteínas y grasas», explica la experta Nina Voit.
Esa concentración tiene otra cara: también hay mucha grasa, y bastante sal. Por eso no es un alimento para comer sin medida. Lo que lo hace interesante en la cocina diaria es que no pide cocinar nada: un trozo, un cuchillo y listo, algo útil cuando no hay tiempo para elaborar un plato.
La ración, a ojo
Voit propone una regla visual para no pasarse con las grasas saturadas. Un trozo del largo de tus dedos índice y corazón juntos equivale a unos 30 gramos.
Con esa ración, según la nutricionista, y sin necesidad de pesar nada en la balanza, obtienes una cantidad de proteína comparable a la de un muslo de pollo o a dos huevos pequeños. Es una equivalencia aproximada: depende del tamaño de cada pieza.
Otros quesos que funcionan igual
La curación explica el resultado. En el comté la cifra que da Voit es de 30 gramos de proteína por 100 y en el emmental de 28. Los tres son concentrados de nutrientes. Sirven, según la experta, para reponer tejidos sin montar un plato elaborado, y eso lo agradecen el tiempo y el bolsillo. Si te gusta el parmesano rallado sobre la verdura o sobre unos huevos, ya tienes el hábito a medias.
Cuándo tomarlo si haces deporte
Si entrenas, Voit recomienda tomarlo después del ejercicio y no antes. Su razonamiento es que una comida densa en grasa se digiere despacio y puede dar pesadez cuando el cuerpo está en marcha. Cada persona lo tolera distinto, así que lo mejor es probar con calma y no estrenarlo el día de la competición.
La experta también aconseja tomarlo por la mañana y evitar cenas muy copiosas que estropeen el descanso.
En la práctica, eso significa que el bocado de parmesano encaja mejor en el desayuno, en el tentempié de media mañana o tras la sesión de gimnasio, acompañado de algo fresco como fruta o un puñado de frutos secos.
Cuándo ir con cuidado
La propia nutricionista advierte de que un exceso de proteína puede sobrecargar los riñones o afectar al hígado cuando no se hace con criterio.
Aviso: si tienes enfermedad renal o hepática, hipertensión o colesterol alto, habla con tu médico o con un dietista-nutricionista antes de subir la proteína o el queso curado en tu dieta.
La próxima vez que prepares la tabla de quesos, ¿te quedas con los dos dedos de Voit o sigues cortando a ojo, como siempre?





