Todos los años, los madrileños corren cientos de kilómetros buscando el mar, ignorando que hace casi un siglo la capital tenía su propia playa artificial.
Era el oasis definitivo, un lugar donde el asfalto cedía ante la arena y las piraguas, y que hoy está viviendo una segunda juventud.
La Playa de Madrid no es una leyenda urbana. Fue una realidad creada en 1932, un complejo pionero a orillas del Manzanares que contaba con un embalse de 80.000 metros cúbicos cerca del actual Hipódromo de la Zarzuela. Fue, sencillamente, el lugar donde estar durante los veranos de la época.
Un superviviente del tiempo y la guerra
El diseño, obra de Manuel Muñoz Monasterio, permitía a los visitantes disfrutar de actividades que hoy nos parecerían ciencia ficción en la capital: tomar el sol en plena arena, nadar entre islas o pasear en piragua. Todo por el módico precio de 1,50 pesetas la entrada.
Pero la historia no fue un camino de rosas. El complejo quedó en pleno frente durante la Guerra Civil, sufriendo una destrucción casi total.
Aunque fue reconstruido en 1947, la contaminación del río y la aparición de competidores como el Parque Deportivo Puerta de Hierro terminaron por convertirlo en un espacio residual de restaurantes.
El renacer bajo una nueva identidad
El olvido se acabó en 2014. El grupo El Enfriador, con una concesión de Patrimonio Nacional para los próximos 50 años, decidió devolverle el esplendor de antaño. Bajo el nombre de «Playa de Madrid 1932», el complejo está siendo restaurado para recuperar su alma original.
Aunque los bañistas no volverán a lanzarse al agua —la recuperación de las riberas del Manzanares impide reconstruir la presa—, el recinto promete ser el nuevo epicentro del ocio madrileño. La pieza central es el edificio principal, que luce ahora una estética idéntica a la original: un diseño con forma de embarcación histórica que quita el hipo.
Hoy, el conjunto acoge el restaurante El Náutico y despliega una oferta de jardines, amplias terrazas y pistas deportivas para pádel y patinaje. Es el plan definitivo para quienes quieren sentir la historia de la ciudad sin salir de ella.
Quedan más de 180.000 metros cuadrados por descubrir y el grupo prevé abrir el conjunto por fases. Es una decisión inteligente seguir de cerca esta restauración, porque Madrid acaba de recuperar uno de sus rincones con más magia. ¿Te vas a perder la oportunidad de ver cómo renace el pasado?








