Sant Pere de Vilamajor es un viaje en el tiempo. Situado en una zona privilegiada entre la llanura del Vallès y las cumbres del Montseny, este municipio de 6.000 habitantes es mucho más que un pueblo dormitorio; es una antigua villa condal que conserva el orgullo de haber sido residencia de verano de los Reyes de Aragón.
En este 2026, el pueblo vive una segunda juventud. Su aire puro y su patrimonio impecable lo han convertido en el refugio ideal para quienes buscan desconectar sin alejarse demasiado de Barcelona.
Pero para entender Sant Pere, hay que caminarlo despacio, fijándose en los detalles de sus masías y en el color rojizo de su piedra característica.
Si quieres sentir la magia que forjó el carácter de Marc Casadó y de tantos otros vallesanos, estas son las visitas que no te puedes perder.
La Torre Roja y el Recinto Condal
El símbolo indiscutible del pueblo es la Torre Roja. Es el campanario de la antigua iglesia del castillo y debe su nombre al color de la piedra arenisca con la que fue construida. Con sus 25 metros de altura, es el vigía que domina todo el valle y lo primero que verás al acercarte al casco antiguo.
Esta torre formaba parte del antiguo Palacio Condal de San Pedro de Vilamajor, donde nacieron personajes históricos como el Rey Alfonso I «el Casto». Pasear por el recinto condal es imaginar los tiempos en que esta villa era el centro de poder de la región.
La estructura del palacio ha ido transformándose, pero el aura de importancia histórica sigue intacta en cada arco y cada callejón.
Iglesia de Sant Pere: El «Catedral» del Vallès
Justo al lado de la Torre Roja se encuentra la Iglesia de Sant Pere. Fue construida en el siglo XVI sobre los restos del antiguo palacio y es un edificio de dimensiones sorprendentes para un pueblo de este tamaño. Su interior es sobrio y majestuoso, reflejando el poder que tuvo la parroquia en siglos pasados.
Fíjate en la portalada y en la amplitud de su nave. Es el centro neurálgico del pueblo y el lugar donde se celebran las fiestas más importantes. Sentarse en los bancos de la plaza frente a la iglesia, bajo la mirada de la Torre Roja, es el mejor ejercicio de «slow travel» que puedes hacer en la zona.
Centro de Arte La Rectoría
Si te gusta la cultura, tienes que visitar La Rectoría de Vilamajor. Es un centro de arte contemporáneo ubicado en la antigua casa del párroco (un edificio del siglo XVII). Este espacio funciona como residencia para artistas de todo el mundo que vienen aquí buscando la luz y la paz del Montseny para crear sus obras.
Suelen organizar exposiciones, talleres y actividades culturales que dan fe de que Sant Pere es un pueblo con una inquietud artística muy viva. Es el lugar donde lo antiguo y lo moderno se dan la mano de forma más evidente.
Ermita de Sant Elies: El balcón del Montseny
Para los amantes de la naturaleza, la subida a Sant Elies de Vilamajor es obligatoria. Es una excursión clásica que te llevará hasta una pequeña ermita situada en lo alto de una colina. Desde allí, la vista es, sencillamente, de otro planeta: puedes ver toda la cordillera prelitoral, el mar en los días claros y la majestuosidad del Matagalls al fondo.
El camino atraviesa bosques de encinas y pinos que son el pulmón verde del municipio. Es en estos senderos donde se entiende esa resistencia física que el texto mencionaba sobre los deportistas de la zona; el terreno curte las piernas y despeja la mente.
Un consejo de Lucía: Si vas en otoño, los colores del bosque alrededor de Sant Elies son una explosión de dopamina visual. Lleva calzado cómodo y agua, la subida tiene su recompensa.
Gastronomía y Masías
No te vayas sin probar la cocina local. Sant Pere está rodeado de masías históricas, muchas de las cuales funcionan hoy como restaurantes de cocina tradicional. Aquí el producto estrella es la carne a la brasa, los embutidos de la zona y, por supuesto, los productos de temporada del Montseny como las setas o las castañas.
Busca los restaurantes que ofrecen «cuina de proximitat» (cocina de proximidad). Comer en una mesa de madera maciza dentro de una masía con muros de piedra de un metro de espesor es la experiencia gastronómica definitiva en el Vallès.
Sant Pere de Vilamajor es un pueblo que no necesita artificios. Su belleza reside en la piedra, en su historia real y en esa conexión directa con la montaña. ¿Te animas a descubrir por qué dicen que aquí se fabrica el mejor carácter de Cataluña?






