Desierto por la mañana, bosque por la tarde y castillo para cenar. Todo sin salir de Navarra.
Pocas regiones de España permiten algo así en un fin de semana. Aquí puedes amanecer entre barrancos de aspecto lunar y comer bajo uno de los grandes hayedos de Europa. (Nosotras seguimos sin superar ese contraste entre el ocre y el verde).
La Comunidad Foral ya no es solo un tramo del Camino de Santiago. Sus paisajes y su cocina atraen cada vez a más viajeros que huyen de las playas llenas. Desde Pamplona hasta el Baztán, esta es la ruta para que la escapada salga redonda.
Bardenas Reales, un trozo de Marte en la Ribera
Es la foto que todo el mundo quiere. Las Bardenas Reales son Parque Natural y Reserva de la Biosfera, y su paisaje de arcilla ha servido de escenario a Juego de Tronos.
La silueta más famosa es la de Castildetierra, una chimenea de arcilla que parece imposible. Se puede llegar en coche o en bicicleta por las pistas del parque.
El secreto para disfrutarlas no es el mediodía, con el sol cayendo a plomo. El truco es madrugar. Al amanecer, las sombras largas dibujan relieves que no verás a ninguna otra hora.
Importante: no te salgas nunca de las pistas señalizadas. El terreno es frágil y circular fuera de los caminos está prohibido y se sanciona. El paisaje, y nuestro bolsillo, lo agradecerán.
Selva de Irati, el bosque que baja las pulsaciones
Del polvo al frescor del Pirineo. La Selva de Irati es el segundo hayedo-abetal más extenso y mejor conservado de Europa, solo por detrás de la Selva Negra.
La puerta de entrada ideal es Ochagavía, considerado uno de los pueblos más bonitos de España. Cruzarlo es como entrar en un cuento.
Irati se ha convertido en destino de baños de bosque, esa costumbre de caminar despacio y en silencio entre árboles. Guarda el móvil y escucha el río Irati. Y si quieres foto, el embalse de Irabia en otoño se tiñe de rojos y dorados.
Muy cerca, el valle de Baztán conserva su aura de misterio y mitología, la que tantos lectores conocieron por la literatura. En Elizondo hay que probar su chocolate con avellanas. (Es una norma no escrita, nosotras no la inventamos).
Olite y Ujué, el viejo reino en piedra
Para los amantes de la historia, la cita es el Palacio Real de Olite. Torres caprichosas, almenas y jardines en altura: probablemente uno de los castillos más fotogénicos de España.
Fue escenario de la vida cortesana de los reyes de Navarra en el siglo XV, y recorrerlo es asomarse a ese lujo medieval.
Pero el verdadero secreto está a pocos kilómetros: Ujué. Un pueblo medieval colgado en lo alto de un cerro, todo cuestas y piedra, coronado por una iglesia-fortaleza.
Es el sitio para comer unas migas de pastor mirando la Ribera a tus pies. Y si te gusta el vino, estás en tierra de la D.O. Navarra, famosa por sus rosados.
Pamplona, mucho más que San Fermín
Visitar Pamplona solo en julio es un error de manual. Fuera de fiestas es una ciudad verde, amurallada y muy agradable para caminar.
Pasea por la Vuelta del Castillo y sigue el perímetro de las murallas hasta el Rincón del Caballo Blanco. Al caer la tarde, las vistas sobre el río Arga son para quedarse.
El tip secreto: deja los pintxos para el final del día. La calle Estafeta y la calle San Nicolás son el gran escaparate de la barra navarra.
En esas barras manda la huerta: alcachofas de Tudela, espárragos y pimientos del piquillo convertidos en bocados de alta cocina sobre una rebanada de pan. Lujo al alcance de cualquiera.
El agua turquesa que exige reserva
Queda una joya: el Nacedero del Urederra. Su nombre en euskera significa «agua hermosa», y el color de sus pozas lo confirma.
Para protegerlo, el acceso tiene cupo diario y hay que reservar antes. Mira la disponibilidad con tiempo si vas en fin de semana o en temporada alta.
Navarra es para quien no necesita demostrar nada. Para quien busca un buen tomate, un silencio de bosque y un cielo lleno de estrellas sobre las Bardenas.
¿A que ya estás mirando fechas?





