viernes, 23 de octubre 2026 Crónicas de viaje

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23 de octubre de 2026, 00:54

Escapadas

Qué ver en Girona: por qué todo el mundo está viajando a esta ciudad (y no es solo por Juego de Tronos)

Qué ver en Girona sin caer en los errores de siempre: el Onyar al amanecer, la Catedral de Juego de Tronos, el Call, la muralla y el xuixo de Tornés.
Girona, Municipio en España
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Durante años fue la parada rápida antes o después de Barcelona. Ya no. Girona se ha ganado un fin de semana entero (y, si nos apuras, dos).

Piedra medieval, aire que baja del Pirineo y un punto cosmopolita que solo tienen las ciudades conscientes de su belleza. Que lo son, créenos.

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El problema es que casi todo el mundo repite el mismo circuito, a la misma hora y con el mismo móvil en alto. Si quieres sentir que la ciudad es tuya durante cuarenta y ocho horas, necesitas otro plan. Aquí lo tienes.

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Qué ver en Girona empezando por el río

Las Casas del Onyar son la postal de la ciudad: fachadas de colores asomadas al agua. Y el Pont de Ferro, el puente rojo de hierro, es el punto desde el que todo el mundo quiere hacer la foto.

Aquí va el error número uno: plantarse en el puente a mediodía. A esa hora solo verás palos de selfie y codos.

El truco es madrugar. Hacia las ocho de la mañana la luz rebota en las fachadas y el río se convierte en un espejo. Tu galería de fotos te lo va a agradecer.

Un dato que deja a más de uno con la boca abierta: el puente salió del taller de Gustave Eiffel, años antes de que firmara su torre de París. Y nosotras cruzándolo sin mirar.

El tip: para ver el río sin empujones, ve al Pont d’en Gómez. Es más estrecho y elegante, y regala una vista frontal de la Catedral que no te esperas.

Una catedral de récord (y de serie)

La Catedral de Santa María impresiona desde abajo. Presume de la nave gótica más ancha del mundo, y solo la basílica de San Pedro del Vaticano la supera en anchura.

Sus escaleras te sonarán aunque no hayas venido nunca. En Juego de Tronos, Jaime Lannister las subía a caballo..

Pero el verdadero tesoro está dentro. El Tapiz de la Creación es una joya románica del siglo XI que ha resistido guerras, incendios y siglos de historia. Delante de él, una se siente pequeñita.

¿Quieres evitar colas? Hazte con la entrada combinada que incluye la Basílica de Sant Feliu. Ahorras algo de dinero y entras rápido.

El Call: perderse es parte del plan

El Barrio Judío, o Call, es la esencia pura de Girona. Está considerado uno de los mejor conservados de Europa, y basta un paseo para entender por qué.

Olvídate de calles rectas. Aquí todo son cuestas, escalones de piedra gastada y arcos que parecen guardar secretos de familias que vivieron allí hace siglos. Guarda el móvil un rato. Escucha el silencio.

Dentro del barrio, el Museu d’Història dels Jueus merece la visita. Nada de museo pesado: es una lección de cultura y resistencia que explica mucho de la ciudad actual. Y su patio interior es un remanso de calma.

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Un detalle que nos encanta: la calle de la Força era el eje principal de la ciudad romana de Gerunda. Caminar por ella es pisar más de dos mil años de historia.

Los Baños Árabes, el respiro escondido

Justo detrás de la Catedral aparecen los Banys Àrabs. Que nadie se imagine un spa con chorros: es un edificio del siglo XII que sigue el modelo de las termas romanas.

La magia está en la linterna central. La luz cae sobre la piscina octogonal y crea una calma casi sonora. Es el mejor lugar para bajar pulsaciones después de recorrer el casco antiguo.

La visita es corta, de unos veinte minutos. Justo lo que necesitas para recargar pilas.

Es fácil pasar por delante sin entrar, con prisa por llegar a la siguiente foto. Error. Este rincón medieval es de los pocos sitios del centro donde el bullicio desaparece de golpe y solo queda la piedra y la luz.

Letra pequeña: en invierno los horarios son más cortos y conviene no apurar hasta el último momento. Lo ideal es colocar esta parada a media mañana.

Girona desde la muralla

Si las piernas aguantan, sube a la Muralla Carolingia. Es uno de los paseos urbanos más bonitos de España y permite cruzar media ciudad por las alturas.

Desde arriba, los tejados se mezclan con los picos de los Pirineos al fondo. Es ahí cuando entiendes de verdad la escala de la ciudad.

Nuestra hora favorita es la última de la tarde. Ver cómo se encienden las luces de la Catedral y de la torre de Sant Feliu mientras el cielo se pone naranja es un final de día perfecto.

Por la muralla se camina sin prisa, entre torres y tramos de piedra que van y vienen. Hay escaleras, así que mejor ir con agua y sin tacones (avisadas quedáis).

Y lo mejor: no cuesta nada. Así compensas cualquier capricho que haya caído en las tiendas de la calle Santa Clara (no te juzgamos).

Comer bien sin mesa en el Celler

El restaurante de los hermanos Roca, El Celler de Can Roca, es el Olimpo. Pero conseguir mesa es casi una quimera. Tranquila: Girona da de comer de maravilla a todos los bolsillos.

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Lo imprescindible es el xuixo, el dulce de la ciudad. Masa fina frita, rellena de crema y rebozada en azúcar. El de la pastelería Tornés es de los más celebrados, y es justo el chute que necesitas para seguir caminando.

Para sentarte a comer, la Plaça de la Independència es una apuesta segura. Bajo sus porches hay ambiente a cualquier hora y opciones que van de la tapa creativa a la cocina catalana de siempre.

Acompáñalo con una copa de vino del Empordà. Es un vino marcado por la tramuntana, con carácter y personalidad. Como la propia ciudad.

La ciudad que se recorre a pie

Girona vive un gran momento. Ha sabido conservar su patrimonio histórico pese a la fama internacional, y su tamaño juega a favor: se recorre andando y siempre deja algo pendiente.

Si te apetecen las flores, apunta el Temps de Flors, la fiesta que llena de flores sus rincones. Y si prefieres calma, cualquier otro fin de semana funciona igual de bien.

Un tren de alta velocidad te deja allí en un suspiro. Y cuando estés cruzando el puente de Eiffel con un xuixo en la mano, nos darás la razón.

¿Quedamos en las escaleras de la Catedral? Eso sí, con calzado cómodo, que la ciudad es de cuestas.

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