Explorar el entorno de la capital conquense exige entender la estrecha relación entre la geografía cárstica y el asentamiento humano. Tras la caída de la Confloenta romana y la consolidación de la red defensiva andalusí sobre las hoces del Huécar y del Júcar, las villas de la comarca vertebraron la vida económica y militar de este territorio de frontera. Si buscas los pueblos más bonitos cerca de Cuenca, descubrirás que el verdadero valor de la provincia no termina en las Casas Colgadas, sino en los cimientos de sus municipios circundantes.
Esta ruta propone un recorrido técnico y sensorial por el patrimonio arqueológico, la arquitectura tradicional de entramado de madera y los parajes tallados en piedra caliza que jalonan la comarca. Un trayecto trazado con precisión para quienes disfrutan descifrando la historia escrita en el paisaje.
(Y sí, la gastronomía de morteruelo y ajoarriero en estos fogones rurales justifica cada parada en el camino).
1. Alarcón: la fortaleza inexpugnable sobre el meandro del Júcar
Ubicado a 85 kilómetros al sur de la capital, Alarcón es una obra maestra de la poliorcética medieval. El pueblo se alza sobre un promontorio rocoso ceñido por un meandro pronunciado del río Júcar. Su trazado urbano conserva el recinto amurallado casi completo de origen andalusí, reestructurado en el siglo XII tras la conquista cristiana de Alfonso VIII.
Destaca el soberbio castillo de los marqueses de Villena, levantado en piedra sillar y mampostería. En la iglesia de San Juan Bautista, de traza renacentista, se custodian las célebres pinturas murales contemporáneas de Jesús Mateo. Las callejuelas empedradas aún huelen a leña y romero húmedo al atardecer.
2. Valeria: el latido imperial de la antigua Hispania Citerior
A solo 20 minutos por carretera (unos 23 kilómetros), la actual pedanía de Valeria se sitúa sobre el yacimiento de la antigua ciudad romana de Valeria, fundada entre los siglos II y I a.C. por Valerio Flaco. Su foro romano, emplazado sobre una terraza colgada sobre la hoz del río Gritos, conserva uno de los conjuntos de nymphæa (fuentes monumentales) más espectaculares de la Península Ibérica.
Caminar entre las basílicas, la taberna romana y las aljibes excavadas en la roca permite entender la compleja ingeniería urbana del Imperio. En el centro urbano medieval adyacente destaca la iglesia de la Asunción, erigida sobre estructuras góticas con elementos reutilizados de la época romana.
3. Moya: las ruinas de una villa condal olvidada
Situada a 90 kilómetros hacia el este, en la comarca de la Serranía Baja, la villa de Moya constituye un hito para la arqueología de campo. Este conjunto histórico-artístico abandonado alberga un entramado amurallado de más de 140.000 metros cuadrados articulado en torno a su alcázar e iglesia del siglo XV.
Visitar Moya exige recorrer sus siete puertas defensivas y contemplar las ruinas del convento de San Francisco. El silencio entre sus muros de mampostería evoca la época de esplendor del Marquesado de Moya bajo los Reyes Católicos. La panorámica desde el homenaje abarca toda la serranía conquense.
4. Cañete: trazado islámico y murallas de almenas cuadradas
A 48 kilómetros por la N-420 se levanta Cañete, cuna del condestable Álvaro de Luna. Este municipio conserva una de las cercas amuralladas de origen andalusí mejores preservadas del centro peninsular, fechada entre los siglos X y XI. Su trazado destaca por las torres de planta rectangular y la singular Puerta de la Virgen del Rey, con arco de herradura y paso acodado.
El paseo por su casco urbano conduce a la Plaza Mayor porticada, con clara tipología castellana. La textura de la caliza en las fachadas y el rumor constante del río Mayor aportan un carácter reposado a la visita.
5. Belmonte: el cénit del gótico renacentista de los Villena
Aunque dista unos 95 kilómetros de Cuenca capital, Belmonte resulta imprescindible en cualquier itinerario por la provincia. Su castillo, mandado construir en 1456 por el don Juan Pacheco, presenta una planta exterior en estrella de seis puntas única en la arquitectura militar peninsular. En su interior se conservan techados mudéjares de par y nudillo labrados en pino de la Serranía.
El casco urbano cuenta con la Colegiata de San Bartolomé, del siglo XV, donde se aprecia la transición del gótico al primer renacimiento en su sillería del coro. La escala de sus construcciones refleja el poder político de la alta nobleza castellana.
6. Priego: artesanía y arquitectura al borde del Escabas
Situado a 45 kilómetros al norte, en la puerta de la Serranía de Cuenca, Priego se alza sobre un desfiladero esculpido por el río Escabas. Esta villa destaca por su tradición alfarera y textil, documentada desde el siglo XVI. Su centro histórico conserva casonas blasonadas con escudos de armas grabados en piedra de greda local.
Su Torre del Reloj del siglo XVI y el Convento de San Miguel de las Victorias, emplazado en la roca de la hoz, articulan un paisaje donde naturaleza e historia se funden. Las rutas perimetrales ofrecen vistas sobre el valle y las viejas huertas escalonadas.
7. Mota del Cuervo: los gigantes de la Mancha y la arquitectura del barro
A 110 kilómetros al suroeste, en el límite con Toledo y Ciudad Real, Mota del Cuervo ofrece el contrapunto manchego al paisaje cárstico de la comarca. Conocida como el Balcón de la Mancha, su sierra aloja siete molinos de viento tradicionales construidos en mampostería encalada, cuya tipología mecánica data de los siglos XVI y XVII.
En el casco urbano, el barrio de las Cantarerías conserva hornos y viviendas de tradición alfarera barroca. Es la parada perfecta para comprender cómo el uso del barro molido y la cal configuraron la vida doméstica en la meseta hispana.
8. Uclés: el monasterio de la Orden de Santiago
A 72 kilómetros al oeste de la capital, Uclés fue el corazón militar y espiritual de la Orden de Santiago tras la donación real en 1174. El complejo, conocido como «El Escorial de la Mancha», combina trazas platerescas, herrerianas y barrocas edificadas entre los siglos XVI y XVIII sobre la antigua alcazaba islámica de la que aún quedan torres defensivas.
Su patio central con arquería de medio punto y la escalera monumental labrada en piedra sillar testimonian el poder económico militar de las órdenes de caballería. Una visita que permite analizar la evolución arquitectónica de un espacio sagrado durante más de seis siglos.
CONSEJO PRÁCTICO DE RUTA: Si vas a realizar una ruta arqueológica por los municipios cercanos a Cuenca, adquiere la entrada conjunta para el yacimiento romano de Valeria y el parque arqueológico de Segóbriga. Para acceder a la villa de Moya, se recomienda calzado con suela antideslizante, ya que el firme es de mampostería suelta y tierra en pendiente.
¿Qué periodo histórico te atrae más para iniciar tu ruta por los alrededores de Cuenca: las ciudades romanas o las fortalezas medievales de frontera?






