Marruecos tiene muchas caras, pero la de Casablanca es, sin duda, la más cosmopolita y cinematográfica. Mientras ciudades como Marrakech te envuelven en el bullicio del desierto, la «Ciudad Blanca» se abre al Atlántico con una mezcla fascinante de rascacielos modernos, arquitectura colonial francesa y la brisa constante del océano.
Si buscas qué ver en Casablanca, prepárate para un destino que rompe los esquemas del Marruecos tradicional para ofrecerte una metrópoli vibrante donde el pasado y el futuro conviven bajo una luz atlántica cegadora.
A menudo, los viajeros pasan por aquí solo de camino al sur, pero dedicarle tiempo a Casablanca es descubrir el Marruecos que no aparece en todas las postales. Es caminar por avenidas que parecen sacadas de una película de los años 30, visitar templos que desafían la gravedad sobre las olas y perderse en barrios que parecen pueblos andaluces dentro de una urbe de cuatro millones de habitantes. El misterio de «Casa», como la llaman sus vecinos, se revela poco a poco entre el aroma de la menta y el olor a salitre.
La Mezquita Hassan II: el gigante sobre el Atlántico
Es imposible empezar cualquier ruta sobre qué ver en Casablanca sin nombrar su gran icono. La Mezquita Hassan II no es solo un templo, es una proeza de la ingeniería y la artesanía marroquí. Es la única mezquita del país que permite la entrada a no musulmanes (mediante visita guiada) y su ubicación es mística: está construida parcialmente sobre el mar, cumpliendo el deseo del rey de que el trono de Dios estuviera sobre el agua.
- El Minarete: Con 210 metros de altura, es uno de los más altos del mundo y cuenta con un rayo láser que apunta hacia La Meca cada noche.
- La Sala de Oración: Tiene capacidad para 25.000 personas y un techo retráctil que se abre en pocos minutos para que los fieles oren bajo las estrellas.
- Artesanía pura: Los detalles de madera de cedro tallada, los estucos y los mosaicos de zellij fueron realizados por 10.000 artesanos de todo el país.
Tip de Lucía: Las visitas guiadas tienen horarios específicos (generalmente a las 09:00, 10:00, 11:00 y 14:00, salvo en Ramadán). Intenta ir a la primera hora de la mañana para evitar las grandes excursiones y ver cómo la luz entra por los ventanales laterales.
El Barrio de Habous: la nueva Medina
Si la antigua medina te parece demasiado caótica, el Barrio de Habous te enamorará. Construido por los franceses en 1917, es una «medina planificada» que combina el urbanismo europeo con la estética árabe. Es un laberinto de calles limpias, arcos de piedra y plazas llenas de flores. Aquí es donde los locales vienen a comprar libros, artesanía de calidad y ropa tradicional sin el agobio de los regateos agresivos.
No te vayas sin entrar en la Pastelería Bennis Habous. Es una de las más famosas de Marruecos; sus «cuernos de gacela» y dulces de almendra son legendarios. (Y sí, es normal que haya cola, pero te aseguro que cada bocado vale la espera). Muy cerca se encuentra el Palacio Real (que solo se puede ver por fuera) y el Mahkama du Pacha, un edificio judicial cuya arquitectura interior parece salida directamente de la Alhambra.
Rick’s Café: donde la leyenda se hace real
Aunque la famosa película de 1942 se rodó íntegramente en estudios de Hollywood, Casablanca no podía quedarse sin el bar más famoso de la historia del cine. El Rick’s Café es una recreación meticulosa del local de Humphrey Bogart, situada en una antigua mansión frente a la muralla de la medina. El piano, las lámparas de latón y el ambiente de intriga están ahí.
Es un lugar puramente nostálgico. Puedes ir solo a tomar un cóctel o a cenar, pero te recomiendo reservar con antelación si quieres una mesa cerca del piano. No es el sitio más barato de la ciudad, pero escuchar «As Time Goes By» en este rincón del mundo tiene un encanto difícil de ignorar para cualquier cinéfilo.
La Corniche y la vida frente al mar
Para sentir el pulso moderno de la ciudad, hay que caminar por La Corniche, el paseo marítimo del barrio de Ain Diab. Es el lugar donde Casablanca se relaja. A un lado, el Atlántico rompiendo con fuerza; al otro, una sucesión de clubes de playa, hoteles de lujo, cines y centros comerciales como el Morocco Mall (que incluso tiene un acuario gigante en su interior).
Al final del paseo, sobre un islote unido a tierra firme por un puente, verás el Santuario de Sidi Abderrahman. Solo los musulmanes pueden acceder al templo, pero el pequeño pueblo que lo rodea es accesible para todos y ofrece una de las estampas más curiosas de la costa marroquí, con sus casas blancas colgando sobre el agua.
Dato práctico: La mejor forma de recorrer La Corniche es al atardecer, cuando la temperatura baja y las familias salen a pasear. Si te gusta el pescado, en esta zona encontrarás restaurantes donde el producto llega directo de los barcos del puerto cercano.
Ruta por la arquitectura Art Déco
Uno de los mayores atractivos de qué ver en Casablanca es su impresionante legado arquitectónico de la época del Protectorado Francés. El centro de la ciudad es un museo al aire libre de estilos Art Déco y Neomaurisco. Pasea por el Boulevard Mohammed V y levanta la vista para ver balcones de hierro forjado, frisos esculpidos y fachadas redondeadas que te harán dudar de si estás en África o en una avenida parisina de los años 30.
- Plaza de las Naciones Unidas: El punto de encuentro donde se une la ciudad moderna con la medina.
- Plaza de Mohammed V: Es el corazón administrativo, rodeada de edificios imponentes como el Palacio de Justicia y la Prefectura, con su torre del reloj inspirada en los minaretes marroquíes.
- Catedral del Sagrado Corazón: Hoy desacralizada, es un ejemplo brutalista de arquitectura blanca que suele albergar exposiciones culturales. Sus vidrieras y su escala son impresionantes.
La Antigua Medina: el rastro del pasado
Aunque es pequeña comparada con la de Fez o Marrakech, la Antigua Medina de Casablanca merece una visita. Es mucho más auténtica y menos turística, un lugar donde los vecinos compran fruta, pan y especias a diario. Entra por la Puerta de la Marina y déjate llevar por el entramado de calles. Aquí verás el contraste más fuerte de la ciudad: los muros desconchados de siglos de antigüedad frente a los edificios acristalados de la zona financiera que se asoman por encima de los tejados.
Es el lugar ideal para comprar cuero o alfombras a precios algo más contenidos que en otras ciudades, siempre que tengas paciencia para el regateo. Si buscas un respiro, el Bastión de la Sqala, una antigua fortificación defensiva con cañones que aún miran al mar, alberga hoy un restaurante con un jardín andaluz precioso, perfecto para un desayuno tradicional.
Consejos para tu viaje a Casablanca
- Transporte: El tranvía es moderno, limpio y conecta perfectamente los puntos clave (Habous, Centro, Corniche). Para distancias cortas, usa los Petit Taxi (coches rojos), pero exige siempre que pongan el taxímetro (compteur).
- Gastronomía: No te pierdas el Couscous de los viernes, un ritual nacional. En Casablanca, al ser ciudad costera, la Friture de poisson (pescaíto frito) es excelente.
- Seguridad: Como en cualquier gran urbe, ten precaución en zonas concurridas con tus pertenencias, pero en general es una ciudad segura y acostumbrada al turismo internacional.
Casablanca no busca gustarte a la primera con trucos fáciles; prefiere que la descubras caminando por sus avenidas, sintiendo el viento del océano y comprendiendo su papel como motor económico del país. Es la cara pragmática, moderna y estilosa de Marruecos. Una ciudad que, una vez que superas la superficie, te atrapa con su mezcla de decadencia colonial y ambición futurista. ¿Estás listo para tocarla otra vez, Sam?






