lunes, 24 de agosto 2026 Crónicas de viaje

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24 de agosto de 2026, 00:59

Escapadas

Qué ver en Girona: por qué todo el mundo está viajando a esta ciudad (y no es solo por Juego de Tronos)

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Girona, Municipio en España
Girona, Municipio en España

Girona ya no es la hermana pequeña de Barcelona. Es, oficialmente, la protagonista absoluta de tu próximo fin de semana. Pero cuidado, porque si vas sin un plan trazado, acabarás perdida entre grupos de turistas buscando dragones que no existen.

La realidad es que esta ciudad tiene un magnetismo que te atrapa desde el primer minuto. Es una mezcla de historia medieval, aire puro del Pirineo y ese toque cosmopolita que solo tienen los sitios que saben que son bonitos. (Y vaya si lo saben).

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¿El problema? Que todo el mundo va a los mismos cuatro sitios. Y tú no eres todo el mundo. Nosotras buscamos esa experiencia auténtica que te hace sentir que la ciudad es tuya, aunque solo sea por cuarenta y ocho horas.

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El Puente de Hierro: Un error que debes evitar

Casi todos los visitantes cometen el mismo fallo: se plantan en el Pont de Ferro (el de las famosas casas rojas) a las doce de la mañana. Error de principiante. A esa hora, lo único que vas a fotografiar son palos de selfie.

El truco de las que sabemos de esto es llegar al amanecer. La luz que rebota en las Casas del Onyar a las ocho de la mañana es algo que tu cuenta de Instagram te agradecerá eternamente. Es el momento en el que el río se convierte en un espejo perfecto.

Por cierto, el puente fue diseñado por la empresa de Gustave Eiffel justo antes de que levantara su famosa torre en París. Sí, tenemos un trocito de la ingeniería más famosa del mundo en pleno centro de Girona y a veces pasamos por encima sin darnos ni cuenta.

Si quieres la mejor vista del río sin empujones, busca el Pont d’en Gómez. Es mucho más estrecho y elegante, y te ofrece una perspectiva frontal de la Catedral que te dejará sin aliento.

El Call Jueu: El laberinto donde perderse es obligatorio

Si hay un lugar que define la esencia de esta ciudad es el Barrio Judío. Es uno de los mejor conservados de toda Europa y te aseguro que caminar por sus callejones te transporta directamente al siglo XV.

Aquí las calles no son rectas. Son subidas imposibles, escalones de piedra desgastada y arcos que parecen esconder secretos de familias que vivieron allí hace cientos de años. Es el lugar perfecto para guardar el móvil (un rato) y simplemente sentir el silencio.

No dejes de visitar el Museu d’Història dels Jueus. No es el típico museo denso y aburrido. Es una lección de resiliencia y cultura que te ayuda a entender por qué Girona es como es hoy en día. Además, su patio interior es un remanso de paz absoluto.

Dato clave: Busca la calle de la Força. Era el eje principal de la ciudad romana de Gerunda. Sí, estás pisando más de dos mil años de historia en cada paso que das.

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La Catedral y el «Efecto Tronos»

Es imposible hablar de Girona sin mencionar su Catedral de Santa María. Tiene la nave gótica más ancha del mundo (después de San Pedro en el Vaticano, pero no se lo digas a nadie). Es una mole de piedra que impone solo de verla desde abajo.

Seguro que te suenan sus escaleras. Los fans de Juego de Tronos recordarán a Jaime Lannister subiendo a caballo por ellas. (Tranquila, nosotras también nos sentimos un poco Khaleesi al subir el último peldaño).

Pero lo verdaderamente importante está dentro: el Tapiz de la Creación. Es una joya del románico del siglo XI que ha sobrevivido a guerras, incendios y el paso del tiempo. Verlo de cerca te hace sentir pequeña, en el mejor de los sentidos posibles.

Para entrar sin colas, el secreto es comprar la entrada combinada que incluye la Basílica de Sant Feliu. Te ahorras unos euros y te aseguras el acceso rápido mientras los demás esperan bajo el sol.

Los Baños Árabes: El rincón del relax medieval

Justo detrás de la Catedral, escondidos como un tesoro, están los Banys Àrabs. No esperes un spa moderno con chorros de agua, es una estructura del siglo XII que sigue el modelo de las termas romanas.

La linterna central, donde la luz entra y se refleja en la piscina octogonal, es el sitio más relajante de toda la provincia. Es el lugar ideal para bajar pulsaciones después de patear todo el centro histórico.

Es una visita rápida, no te llevará más de veinte minutos, pero la paz acústica que hay allí dentro es algo que tu cerebro agradecerá en medio del ajetreo del viaje.

Ojo con el horario de cierre en invierno, suelen ser estrictos y si llegas diez minutos antes no te dejarán entrar. Planifica esta parada para media mañana.

El Paseo de la Muralla: Girona desde las alturas

Si tus piernas aún aguantan, tienes que subir a la Muralla Carolingia. Es uno de los recorridos urbanos más bonitos de España. Puedes cruzar media ciudad por arriba, como si fueras una vigilante de la noche.

Desde allí arriba, la vista de la ciudad mezclada con los picos de los Pirineos al fondo es, sencillamente, de otro planeta. Es el lugar donde te das cuenta de la escala real de Girona.

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Mi consejo personal: haz el recorrido a última hora de la tarde. Ver cómo se encienden las luces de la Catedral y de la torre de Sant Feliu mientras el cielo se vuelve naranja es la mejor forma de cerrar el día.

Además, es una actividad totalmente gratuita. Ideal para compensar el presupuesto después de haber caído en la tentación de comprar algún capricho en las tiendas de la calle Santa Clara.

Gastronomía: Más allá del Celler de Can Roca

Sabemos que el restaurante de los hermanos Roca es el Olimpo, pero conseguir mesa es más difícil que ganar la lotería. No te frustres, Girona es un paraíso gastronómico para todos los bolsillos.

Tienes que probar el Xuixo. Es el dulce típico de la ciudad: una masa fina, frita, rellena de crema y cubierta de azúcar. El de la pastelería Tornés es, sencillamente, el mejor. Es esa micro-dosis de azúcar que te dará la vida para seguir caminando.

Para comer de verdad, busca los sitios de la zona de la Plaça de la Independència. Es una plaza porticada preciosa donde siempre hay ambiente. Allí puedes encontrar desde tapas de diseño hasta cocina tradicional catalana que te hará llorar de alegría.

No te vayas sin pedir una copa de vino del Empordà. Es el sabor de la tierra, marcado por el viento de tramuntana, fuerte y con personalidad. Justo como esta ciudad.

¿Por qué ir ahora mismo?

Girona está en su mejor momento. Ha sabido equilibrar su fama mundial con el respeto a su patrimonio histórico. Es segura, es limpia y es lo suficientemente pequeña como para recorrerla a pie pero lo bastante grande como para que siempre te quede algo por descubrir.

La ley de la oferta y la demanda dice que los precios en los alojamientos están empezando a subir de cara a la próxima temporada de flores (el famoso Temps de Flors), así que mi recomendación es que no esperes a mayo.

Reserva ahora, coge un tren de alta velocidad y plántate allí en un suspiro. Te prometo que cuando estés cruzando el puente de Eiffel con un xuixo en la mano, te acordarás de este artículo y sonreirás.

¿Nos vemos en las escaleras de la Catedral? (Yo llevaré calzado cómodo, haz tú lo mismo).

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