A las faldas del inquebrantable macizo del Montgó, la franja litoral de Xàbia guarda una memoria geológica e histórica fascinante. Sin embargo, cuando el viajero cultural decide levantar la mirada más allá de las canteras romanas de piedra tosca y los acantilados del litoral, descubre que la comarca de la Marina Alta custodia un interior montañoso trenzado por siglos de dominación andalusí, repoblaciones mallorquinas tras la expulsión de los moriscos en 1609 y una arquitectura de margen seco declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.
Explorar los pueblos bonitos cerca de Jávea no es un mero pasatiempo paisajístico; es un ejercicio de arqueología del paisaje. Entre valles fracturados por el río Gorgos y crestas calizas como el Cavall Verd, los senderos conectan alquerías medievales, torreones defensivos frente a la piratería berberisca del siglo XVI y cellers donde el aroma del vino de moscatel aún evoca el trazado de las antiguas riurau.
Quien busca desmarcarse de las guías comerciales encontrará en estas serranías la escala humana y el poso del tiempo.
Si es tu primera vez frente a las estribaciones interiores alicantinas, te sugiero abordar esta travesía con pausada curiosidad. A lo largo de esta selección monumental, trazamos un itinerario riguroso por las joyas donde los paramentos de mampostería, las inscripciones epigráficas e iglesias fortificadas revelan el auténtico carácter del territorio.
1. Gata de Gorgos: la artesanía del mimbre y las huellas del río
Apenas 9 kilómetros al oeste de Jávea, la villa de Gata de Gorgos surge como la puerta de acceso natural a la cuenca fluvial que modela la comarca. El poblamiento histórico de este enclave ha estado supeditado al curso del río Gorgos, cuya piedra caliza rodada y fibras vegetales moldearon una tradición gremial secular. Su casco histórico articula calles donde las fachadas decimonónicas exhiben retablos cerámicos devocionales del siglo XVIII y XIX.
En el entramado urbano destaca la Iglesia de San Miguel Arcángel, erigida en el siglo XVII sobre trazas barrocas con modificaciones posteriores. Sin embargo, el verdadero tesoro patrimonial y geológico reside en sus inmediaciones: las Coves Roges, abrigos rocosos de tonalidades ferruginosas que albergan vestigios de arte rupestre y testimonios de asentamientos desde el Paleolítico Superior. (Y sí, detenerse a observar los antiguos lavaderos de La Rana revela cómo se gestionaba la hidráulica tradicional en el Mediterráneo).
2. Xaló (Jalón): viticultura de origen andalusí y rastro morisco
Inmerso en el corazón del féretro geológico de la Vall de Pop, Xaló se sitúa a 19 kilómetros de la costa. La toponimia revela su origen andalusí, estructurado en torno a un sistema de regadío ancestral que aún hoy fertiliza sus bancales. El horizonte del municipio está dominado por el cultivo de la vid, cuyo aprovechamiento para la obtención del paso y la elaboración de caldos de moscatel hunde sus raíces en época medieval.
El viajero perspicaz debe encaminarse hacia la Iglesia Parroquial de Santa María de la Natividad, obra neoclásica del siglo XIX coronada por una imponente cúpula de azulejería azul cobalto, rasgo identitario de la arquitectura vernácula alicantina. En el perfil periurbano se levanta la Ermita de Santo Domingo, construcción barroca que preside los accesos al valle. Todos los sábados, las inmediaciones del cauce acogen un rastro de antigüedades de referencia en la provincia, donde emergen piezas etnográficas de singular valor.
3. Benissa: la capital señorial del gótico purísima
Continuando en dirección sur hacia las estribaciones de la Sierra de Bèrnia, Benissa (a 14 kilómetros de Jávea) conserva uno de los centros históricos de traza medieval mejor preservados del litoral valenciano. La villa, que ostentó fuero de señorío durante los siglos posteriores a la Reconquista por parte de Jaime I en el siglo XIII, articula su trazado a través de callejones empedrados y casonas nobiliarias dotadas de rejería de hierro forjado.
Entre sus hitos monumentales descollan la Llotja de Sant Josep, edificio civil del siglo XVI que ejercía de centro de contratación mercantil, y el Palau dels Sapena, testigo del esplendor aristocrático señorial. La trama defensiva culmina en el Convento de los Padres Franciscanos, fundado en 1611, y en la monumental Iglesia de la Puríssima Xiqueta, conocida como la «Catedral de la Marina» por su ambiciosa planta neogótica erigida a comienzos del siglo XX.
4. Vall de Laguar: el último reducto de la resistencia morisca
Ubicada a unos 30 kilómetros al interior, la Vall de Laguar —compuesta por los núcleos de Campell, Fleix y Benimaurell— constituye una lección magistral de arqueología del paisaje. Fue aquí, entre los abismos calcáreos del Barranc de l’Infern y la cumbre del Cavall Verd, donde en noviembre de 1609 más de 15.000 moriscos se atrincheraron frente a las tropas reales en una trágica resistencia épica.
El paisaje de la Vall de Laguar es una obra monumental de ingeniería agrícola: miles de ribazos de piedra en seco sostienen bancales inverosímiles tallados en la ladera. Recorrer la célebre «Catedral del Senderismo» (la ruta PR-CV 147) permite hollar más de 6.800 escalones excavados e hincados en la roca por la mano de obra andalusí. En el núcleo de Campell se conservan los vestigios del Castillo de la Vall de Laguar (o de Pop), fortaleza de origen musulmán declarada Bien de Interés Cultural.
5. Teulada: la arquitectura defensiva del interior señorial
Ubicada a solo 12 kilómetros del casco histórico de Jávea, la villa de Teulada ofrece la vertiente de interior del municipio costero de Moraira. Su núcleo antiguo, denominado la Teulada Gòtica Emmurellada, fue declarado Bien de Interés Cultural gracias al conjunto homogéneo de edificaciones levantadas entre los siglos XIV y XVII.
El edificio rector del conjunto es la Iglesia-Fortaleza de Santa Caterina Màrtir. Proyectada en el siglo XVI con un doble propósito litúrgico y castrense, su recia nave gótica está flanqueada por torres de defensa diseñadas para repeler los desembarcos de la corsatería otomana. A escasos metros se alza la Hermita de la Divina Pastora, con su portada barroca, y la Sala de Jurats i Justícies (datada en 1620), cuyo pórtico de arquerías simétricas labradas en piedra tosca atestigua el autogobierno municipal de la época.
6. Alcalalí: la torre feudal y la floración del almendro
Emplazado a 22 kilómetros de Jávea, el municipio de Alcalalí se asienta en la garganta del río Gorgos. Su fisonomía urbana evoca la antigua estructura de la alquería morisca integrada en la baronía de los Ruiz de Lihori. Durante el siglo XIV, la constante amenaza de incursiones hostiles motivó la construcción de la Torre Medieval de Alcalalí, una atalaya defensiva de 18 metros de altura construida en mampostería e hincada en el corazón del pueblo.
Hoy en día, la torre restaurada alberga un museo etnográfico y funciona como mirador privilegiado sobre el valle. Junto a ella, la Iglesia Parroquial de la Natividad de la Nuestra Señora (siglo XVIII) custodia tallas barrocas de indudable valor artístico. Si planeas la ruta en febrero, la eclosión de los campos de almendros transforma el paisaje en un tapiz blanco y rosáceo que contrasta con el tono pétreo de las sierras de Seguilí y Carrascal.
7. Moraira: bastionje costero y rada pesquera
Aunque administrativamente ligada a Teulada, la fachada marítima de Moraira (a 13 kilómetros de Jávea) posee un peso histórico específico en el entramado defensivo de la Marina Alta. Protegida por la silueta del Cap d’Or, la bahía sirvió históricamente como puerto natural para la salida del vino de moscatel y las producciones agrícolas del interior.
En el plano monumental destaca el Castillo de Moraira, un fortín abaluartado del siglo XVIII con planta en forma de pezuña de buey (o cuerno de la abundancia). Diseñado por el ingeniero militar Juan Bautista Antonelli para la protección de la costa, ostenta sobre su puerta de acceso el escudo de armas de la Casa de Borbón datado en 1742. Siguiendo la franja litoral hacia el Cap d’Or se alza la Torre Vigía del Cap d’Or, estructura cilíndrica del siglo XVI de 11 metros de altura a la que se accede mediante una breve caminata de arqueología del paisaje entre matorral mediterráneo.
8. Castell de Castells: santuario rupestre y arqueología de altura
Para los apasionados del patrimonio que buscan desmarcarse por completo de las rutas convencionales, Castell de Castells (a 42 kilómetros de Jávea) representa el límite occidental de la comarca, encajonado a más de 500 metros de altitud entre las sierras de Serrella y Alfaro. Este territorio montañoso conserva las huellas de las primeras comunidades humanas que habitaron el levante peninsular.
El hito patrimonial absoluto de la zona es el Santuario Rupestre del Pla de Petracos, descubierto en 1980 y catalogado como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Este abrigo rocoso alberga pinturas pertenecientes al Arte Macroesquemático (datadas hacia el 5000 a.C.), con representaciones orantes de un calado simbólico excepcional. En el casco urbano, el Museo Etnológico documenta la dura vida de la montaña alicantina, mientras que en los picos vecinos perduran los lienzos arruinados del Castillo de Serrella, atalaya islámica del siglo XI.
Tip del Arqueólogo: Para visitar el Pla de Petracos no se requiere reserva previa, pero se recomienda acudir a primera hora de la mañana, cuando la luz incide oblicuamente sobre los abrigos protegidos por las mallas de seguridad, facilitando la observación de los pigmentos de almagra roja.
Logística y consejos prácticos para trazar tu ruta de patrimonio
Planificar una travesía por los pueblos bonitos cerca de Jávea exige entender la topografía de la Marina Alta. Aunque las distancias kilométricas son reducidas, las carreteras de montaña requieren una conducción pausada.
- Vehículo recomendado: Coche privado o moto. El transporte público interurbano por los valles interiores (Vall de Pop y Vall de Laguar) es limitado durante los fines de semana.
- Pases y tarifas: La visita a la Torre de Alcalalí tiene un coste simbólico de 2,00 €. El acceso a los centros históricos, la Teulada Gòtica, el Pla de Petracos y las rutas de senderismo de la piedra en seco es completamente libre y gratuito.
- Mejor época de visita: Otoño y primavera. Los meses de febrero (floración del almendro en Alcalalí y Xaló) y octubre ofrecen temperaturas idóneas para recorrer las sendas de montaña sin el rigor estival.
- Gastronomía patrimonial: Haz una parada en las bodegas tradicionales de Xaló para degustar la mistela de moscatel de Alejandría, y prueba el arròs amb fesols i penques en los bares de montaña de la Vall de Laguar.
¿Qué vestigio del pasado aguarda en tu próximo recodo del camino por la Marina Alta?






