domingo, 23 de agosto 2026 Crónicas de viaje

Crónicas, grandes viajes y gastronomía del mundo.

23 de agosto de 2026, 23:32

Escapadas

Qué ver en Avilés: la joya medieval que ha eclipsado a Gijón y Oviedo (y donde el «efecto Guggenheim» sí funcionó)

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Reconozcámoslo. Durante décadas, Avilés fue la hermana olvidada de Asturias. Esa ciudad de chimeneas que veías pasar por la ventanilla del coche camino de las playas de Salinas. Pero algo ha cambiado radicalmente.

Hoy, la villa del Adelantado se ha convertido en el secreto mejor guardado de los viajeros que buscan autenticidad sin filtros. Si te preguntas qué ver en Avilés, prepárate para un choque térmico visual: del medievo más puro a la arquitectura espacial en solo un puente.

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En este 2026, la ciudad ha terminado de sacudirse el polvo del acero para brillar como nunca. Es el destino inteligente para quienes huyen de la masificación de Llanes o los precios inflados de Gijón. (Sí, nosotras también preferimos gastarnos el presupuesto en una buena sidra que en un hotel sobrevalorado).

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El Centro Niemeyer: un ovni aterrizado en la ría

Es imposible empezar por otro sitio. El Centro Niemeyer no es solo un museo; es una declaración de intenciones. Es la única obra en España del genio brasileño Oscar Niemeyer, quien regaló el diseño a la ciudad como agradecimiento por los Premios Príncipe de Asturias.

Su cúpula blanca, la torre mirador y la plaza abierta parecen sacadas de una película de ciencia ficción de los años 70. Es el «efecto Guggenheim» pero a la asturiana: una explosión de color blanco que contrasta con el cielo grisáceo del Cantábrico.

Truco de Lucía: No te limites a ver la plaza. Sube a la torre. Las vistas de la ría y el casco antiguo al fondo son el lugar perfecto para entender la transformación de la ciudad. Es el punto donde el pasado industrial y el futuro cultural se dan la mano.

Galiana y Rivero: el paraíso de los soportales

Si el Niemeyer es el futuro, la calle Galiana es el alma eterna de Avilés. Construida en el siglo XVII, es una de las vías más bellas de España gracias a sus soportales kilométricos. ¿Sabías que el suelo está dividido en dos? Una zona empedrada para el ganado y otra losada para los vecinos.

Caminar bajo estos arcos un día de lluvia es una experiencia mística. (Y muy práctica en Asturias, seamos realistas). Aquí la vida sucede en las terrazas, entre el olor a madera vieja y el sonido del escanciado de la sidra. Es el lugar donde se celebra el famoso Descenso de la Galiana durante el Carnaval, cuando la calle se llena de espuma y barcos locos.

A pocos metros tienes la calle Rivero. Es menos famosa pero igual de espectacular. Busca la fuente de los caños de Rivero, donde los peregrinos del Camino de Santiago hacen una parada obligatoria. Aquí el tiempo no corre, simplemente se desliza entre las columnas de piedra.

La Iglesia de Santo Tomás de Canterbury

Situada en el barrio de Sabugo, el antiguo barrio de pescadores, esta iglesia es una mole gótica que te hará sentir diminuta. Pero lo mejor no es solo el templo, sino la plaza que lo rodea. Es el epicentro del terraceo auténtico de la ciudad.

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Sabugo tiene esa energía de barrio que resiste a la gentrificación. Las casas de colores, las ventanas de madera y los bares de toda la vida conviven con nuevas aperturas gastronómicas que están poniendo a Avilés en el mapa de los «foodies» más exigentes. No te vayas de aquí sin probar un «bollo de Avilés», el dulce estrella de la repostería local.

Atención: Si visitas Sabugo de noche, el ambiente se transforma. Es la zona de copas por excelencia, pero con ese toque canalla y marinero que solo tienen las ciudades con puerto.

Parque de la Ferrera: el pulmón noble

Toda ciudad necesita un respiro y el de Avilés es de alta alcurnia. El Parque de la Ferrera era el antiguo jardín privado del Palacio de Ferrera. Son hectáreas de césped impecable, bosques de castaños y pavos reales que se pasean como si todavía fueran los dueños del lugar.

Es el sitio ideal para desconectar el móvil y procesar tanta arquitectura. Lo cruza el antiguo Camino Real y conecta directamente el centro histórico con los barrios más modernos. Es un ejemplo perfecto de cómo una ciudad puede integrar la naturaleza en su trazado urbano sin perder ni un ápice de elegancia.

Gastronomía: el secreto está en la ría

No podemos hablar de qué ver en Avilés sin pasar por la mesa. La ciudad es famosa por su Pescadería Municipal, una de las más potentes del norte. Eso se traduce en que el pescado que comes hoy en sus restaurantes estaba nadando anoche en el Cantábrico.

Tienes que buscar el queso de La Peral, un queso azul suave producido a pocos kilómetros que es una auténtica perdición. O las famosas «Longanizas de Avilés», una receta secreta que solo encontrarás aquí y que los locales defienden con orgullo casi nacionalista.

Para beber, sidra. Siempre. Pero busca las sidrerías de la zona de Las Meanas. Es donde van los avilesinos de verdad, lejos de los circuitos turísticos más evidentes. Allí descubrirás que la sidra no es solo una bebida, es una forma de comunicación social.

La Ría de Avilés: el paseo del cambio

Si te gusta caminar o correr, el paseo de la ría es obligatorio. Es el testimonio gráfico de la limpieza de la ciudad. Lo que antes era una zona degradada ahora es un bulevar lleno de esculturas modernas, como «Avilés» de Benjamín Menéndez, conocida popularmente como «los cañones».

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Este paseo te lleva directamente al Niemeyer y te permite ver la actividad portuaria desde una distancia segura. Es una metáfora perfecta de la ciudad: una base de hierro y acero sobre la que se ha construido un futuro de diseño y cultura.

¿Por qué Avilés es el viaje inteligente de 2026?

Mientras Oviedo se queda con la fama señorial y Gijón con la playa, Avilés se ha quedado con el encanto. Es una ciudad cómoda, que se recorre a pie, donde el coste de la vida sigue siendo razonable y donde la gente te sonríe sin prisa.

Además, su ubicación es estratégica. Está a un paso del aeropuerto de Asturias y perfectamente conectada por tren y autovía. Es la base de operaciones ideal para explorar la costa central asturiana, desde el Cabo Peñas hasta los pueblos marineros de Luanco y Candás.

¿Sabías que el casco antiguo de Avilés está declarado Conjunto Histórico-Artístico? No es para menos. Es una de las concentraciones de arquitectura civil más importantes del norte de España. Cada palacio, cada fuente y cada arcada cuentan una historia de indianos y nobles.

Prepara la maleta, pero mete calzado cómodo y un paraguas (por si acaso Karl, el primo asturiano de la niebla de San Francisco, decide aparecer). Avilés no te va a pedir que la entiendas, simplemente va a dejar que te enamores de ella sin previo aviso.

Al final del día, cuando las luces del Niemeyer se reflejen en la ría y estés terminando tu tercera tortina de queso, entenderás por qué te dijimos que este era el sitio. ¿A qué esperas para descubrir la Asturias que nadie te había contado?

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