lunes, 24 de agosto 2026 Crónicas de viaje

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24 de agosto de 2026, 01:20

Escapadas

Qué ver en Colmar: 12 imprescindibles que parecen de cuento

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Imagínate caminando por un lienzo donde los pinceles han trazado fachadas de colores pastel, vigas de madera oscura y balcones que se rinden al peso de los geranios. No es un decorado de película ni un cuento de los hermanos Grimm, aunque lo parezca. Estamos en el corazón de la región del Gran Este francés. Si buscas qué ver en Colmar, prepárate para perder la noción del tiempo entre canales que reflejan la historia de una Europa fronteriza y plazas que huelen a vino blanco y tarte flambée.

Colmar es, probablemente, la ciudad más fotogénica de la ruta por Alsacia. Es un lugar que se siente cómodo en su papel de «capital del vino» y que ha sabido conservar un casco histórico peatonal donde cada esquina cuenta una leyenda de gremios medievales y renacimiento renano. Aquí el ritmo lo marcan el paso de las barcas y el tintineo de las copas en las terrazas de la plaza de la Catedral.

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Tip de Lucía: Para vivir la experiencia completa, alquila una barca eléctrica (unos 7-8 euros por persona) en el puente de San Pedro. Navegarás en silencio bajo los sauces llorones y verás las fachadas desde una perspectiva que no ofrece el paseo a pie.

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¿Es Colmar un destino solo para la Navidad? Rotundamente no. Aunque sus mercadillos son legendarios, la luz de la primavera sobre los canales y el dorado de los viñedos en otoño ofrecen una versión mucho más auténtica y relajada de este enclave alsaciano. Vamos a desgranar esos rincones que harán que tu cámara de fotos pida clemencia.

1. La Petite Venise, el alma acuática de Colmar

Es la estampa más icónica y el primer lugar que debes visitar. La Petite Venise se extiende desde el mercado cubierto hasta el puente de la Rue de Turenne. Antiguamente, este barrio estaba habitado por una comunidad de productores rurales, bodegueros y curtidores que utilizaban el río Lauch para transportar sus mercancías. Hoy, las casas de colores chillones —verdes, amarillos, rosas— se alinean a la orilla del agua creando un reflejo casi hipnótico.

2. El Quai de la Poissonnerie (Muelle de la Pescadería)

Conectando la Petite Venise con el barrio de los curtidores, el Quai de la Poissonnerie es el lugar donde los pescadores profesionales y los barqueros de Colmar vivían y vendían sus capturas. En 1706, un gran incendio destruyó gran parte de las viviendas, pero su reconstrucción entre los siglos XVIII y XIX respetó la esencia de entramado de madera que tanto nos gusta. Es el sitio perfecto para entender por qué cada color de fachada tenía un significado (los azules solían indicar casas de pescadores o carpinteros).

3. Maison Pfister: una joya del Renacimiento

Si hay una casa que destaca sobre todas las demás en el casco histórico de Colmar, esa es la Maison Pfister. Construida en 1537 para el sombrerero Ludwig Scherer, es el primer ejemplo de arquitectura renacentista en la ciudad. Sus pinturas murales representan escenas bíblicas y figuras imperiales, pero lo que realmente te dejará con la boca abierta es su torreta de madera y su galería envolvente. Es, literalmente, un monumento convertido en vivienda.

4. Colegiata de San Martín (La Catedral de Colmar)

Aunque los locales la llaman «la catedral», técnicamente es una colegiata de estilo gótico construida entre 1235 y 1365. Lo más llamativo es el color de su piedra, una arenisca amarilla típica de la zona que brilla con especial intensidad al atardecer. En su interior, el ambiente es sobrio y majestuoso, destacando su órgano del siglo XVIII. Fíjate en el tejado: los azulejos vidriados de colores forman patrones geométricos que recuerdan a las grandes catedrales de Borgoña.

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5. El Barrio de los Curtidores (Quartier des Tanneurs)

Muy cerca de la plaza de la Antigua Aduana, el Barrio de los Curtidores presenta casas increíblemente altas y estrechas. ¿El motivo? Los curtidores necesitaban los pisos superiores, que tienen galerías abiertas, para secar las pieles al aire libre. Es una zona de calles empedradas y canales secundarios menos concurridos donde todavía se respira el pasado industrial y artesano de la villa.

6. Museo Unterlinden: arte entre claustros

Ubicado en un antiguo convento de monjas dominicas del siglo XIII, el Museo Unterlinden es una visita obligatoria incluso si no eres un fanático de los museos. ¿La razón principal? El Retablo de Isenheim, una obra maestra del arte gótico alemán de Matthias Grünewald. El contraste entre el claustro medieval y la nueva extensión de arquitectura contemporánea (conectada por una galería subterránea) es sencillamente brillante.

Dato práctico: La entrada general ronda los 13 euros. Reserva al menos 2 horas para verlo con calma, ya que es uno de los museos provinciales más visitados de Francia.

7. Koïfhus: el epicentro del comercio medieval

El Koïfhus o Antigua Aduana es el edificio civil más antiguo de la ciudad. Terminado en 1480, servía como almacén, mercado y centro administrativo donde se pagaban los impuestos de las mercancías que circulaban por Alsacia. Su tejado de tejas policromadas y su escalera exterior de estilo renacentista son una maravilla. Durante la época navideña, su planta baja alberga un mercado de artesanía y antigüedades que es pura magia.

8. La estatua de la Libertad (en miniatura)

Muchos viajeros no saben que Auguste Bartholdi, el creador de la famosa Estatua de la Libertad de Nueva York, nació precisamente aquí, en Colmar. Para homenajearlo, en una de las entradas de la ciudad (en una rotonda cerca del aeropuerto), se instaló una réplica de 12 metros de altura. Además, puedes visitar el Museo Bartholdi, ubicado en su casa natal en el centro, donde se exponen los bocetos y maquetas de sus obras más universales.

9. Mercado Cubierto (Marché Couvert)

Construido en 1865 en ladrillo y hierro, este mercado es el lugar donde Colmar se vuelve cotidiana. Es el sitio ideal para hacer una pausa y probar productos locales como el queso Munster (aviso: huele fuerte, sabe a gloria), los pretzels recién horneados o los embutidos alsacianos. Tiene una pequeña terraza que da directamente al canal de la Petite Venise, perfecta para un tentempié rápido con vistas.

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10. La Casa de las Cabezas (Maison des Têtes)

Otra parada obligatoria es esta fachada decorada con 106 cabezas o máscaras grotescas esculpidas en piedra. Es un edificio de estilo renacentista alemán que actualmente alberga un hotel de lujo y un restaurante con estrella Michelin. Es el ejemplo perfecto del poderío económico que alcanzó la burguesía de Colmar en el siglo XVII.

Consejos para organizar tu visita a Colmar

  • Cuándo ir: Si buscas mercadillos, diciembre. Si buscas disfrutar de la arquitectura y el vino sin hordas de gente, mayo, junio o septiembre son meses imbatibles.
  • Cómo llegar: El tren TGV desde París tarda apenas 2 horas y media. Si vuelas, el aeropuerto de Basilea-Mulhouse es la opción más cercana (a 45 minutos).
  • Gastronomía: No te vayas sin probar el Choucroute garnie o el Baeckeoffe, un guiso tradicional de tres carnes y patatas que se cocina a fuego lento.

Colmar no es solo un destino para tachar en una lista de qué ver en Alsacia. Es un estado mental. Es la sensación de que el tiempo se puede detener entre una copa de Riesling y el reflejo de una casa de madera en el agua. (Y sí, cuando llegues allí, entenderás por qué Disney se inspiró en estos pueblos para sus historias más clásicas).

¿Estás listo para perderte por sus callejuelas y descubrir tu propio rincón favorito? Colmar siempre guarda un secreto para quien sabe caminar despacio.

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