Hay parajes donde el agua y el viento esculpen auténticas obras de arte durante millones de años, y saber qué ver en la Ciudad Encantada es la excusa perfecta para descubrir uno de los enclaves geológicos más fascinantes de la península.
Situada en pleno corazón de la Serranía de Cuenca, a unos 1.400 metros de altitud, esta maravilla natural te recibe con el silencio de sus callejones de roca y el murmullo de los pinares. (Y sí, el aire puro aquí huele a resina, a piedra húmeda y a alta montaña).
Si planeas una escapada donde el tiempo parezca detenerse entre figuras imposibles y callejones de piedra caliza, abróchate las botas porque empezamos.
Antiguo fondo marino levantado por la tectónica de placas hace más de noventa millones de años, este rincón atesora un paisaje kárstico único que sorprende por su grandiosidad. La estampa de sus gigantes pétreos bajo la luz dorada del atardecer castellano es de esas que se graban en la retina para siempre.
1. El Tormo Alto y el icono de la serranía
Iniciar el recorrido por el recinto lleva directamente a contemplar el Tormo Alto, la formación más famosa y representativa de todo el paraje. Esta imponente mole de piedra desafía las leyes de la gravedad con una base estrecha que sostiene un pesado capuchón superior.
Es la parada obligatoria para inmortalizar la visita en una fotografía. (Un consejo de viajero: acércate a primera hora de la mañana para recorrer el sendero circular antes de que llegue el bullicio de los visitantes).
2. El Puente Romano y los arcos de piedra
Siguiendo el sendero señalizado de aproximadamente tres kilómetros se llega hasta el Puente Romano, un capricho geológico que simula a la perfección un gran arco de piedra excavado por la erosión kárstica.
Aunque no fue construido por manos humanas, su estructura arqueada permite contemplar la maestría con la que la naturaleza modela la roca caliza.
3. Los Barcos y las siluetas marineras
Continuando entre callejones flanqueados por paredes verticales de más de veinte metros de altura aparecen Los Barcos, un conjunto de rocas superpuestas cuya disposición recuerda a las cubiertas de antiguas embarcaciones varadas en tierra firme.
Este tramo del recorrido destaca por la estrechez del paso, obligando al viajero a caminar inmerso en un laberinto de piedra de gran belleza.
4. El Callejón de los Silos y la penumbra verde
Adentrarse en el Callejón de los Silos es experimentar una sensación de recogimiento absoluto. Se trata de un pasadizo flanqueado por altos muros donde los rayos de sol apenas rozan el suelo, permitiendo el crecimiento de musgos y líquenes.
La temperatura desciende notablemente en este sector, ofreciendo un refugio fresco incluso durante los meses más cálidos del año.
5. El perro, el oso y las figuras zoomorfas
La imaginación popular ha bautizado a lo largo de las décadas cada rincón del parque según la forma caprichosa de las rocas. Entre ellas destacan siluetas perfectamente reconocibles como el Perro, el Oso o la foca.
Observar estas esculturas naturales invita a jugar con la perspectiva mientras se avanza por el terreno señalizado.
6. El mirador de los Riscos de la Victoria
Situado en los límites del recorrido principal, el mirador de los Riscos de la Victoria regala una panorámica impresionante sobre los valles circundantes y el denso manto de pinos que cubre la serranía.
Es el lugar idóneo para detener el paso, respirar hondo y contemplar la inmensidad del paisaje conquense en los días despejados.
7. Gastronomía serrana: morteruelo y alajú
Ninguna visita está completa sin rendirse ante la potente cocina tradicional de la zona, diseñada para reponer fuerzas tras la caminata. El plato estrella en los mesones del entorno es el morteruelo, un paté caliente de caza y cerdo muy especiado.
Para poner el broche dulce, el alajú, un postre tradicional elaborado con almendras y miel, endulzará el final de la jornada.
8. Excursión complementaria al Ventano del Diablo
A muy pocos kilómetros en coche por la carretera comarcal se localiza el Ventano del Diablo, una cueva excavada en la roca que actúa como balcón suspendido sobre las aguas esmeralda del río Júcar.
Esta parada completa un día redondo combinando la geología terrestre con la belleza de los cañones fluviales.
9. Los miradores estelares y el cielo limpio
La guinda visual del territorio lo ponen los cielos nocturnos de la serranía. Al encontrarse en una zona con escasa contaminación lumínica, los alrededores del parque son perfectos para la observación de estrellas al caer la noche.
Nota viajera: La entrada general al recinto tiene un coste aproximado de 6 euros y el recorrido circular se completa cómodamente en unas dos horas con calzado de senderismo básico.
La Ciudad Encantada en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
¿Te imaginas recorriendo estos callejones de piedra milenaria mientras el rumor del pinar acompaña tus pasos? Cuéntame en los comentarios cuál de estas formaciones te impresiona más descubrir en persona.






