Tossa de Mar es, probablemente, el último reducto de romanticismo intacto en el litoral gerundense. Al buscar que ver en Tossa de Mar, la mirada se detiene inevitablemente en esa silueta de torres medievales que vigilan el Mediterráneo, una imagen que Marc Chagall bautizó con acierto como el «Paraíso Azul».
Aquí, la Costa Brava abandona su cara más salvaje para ofrecer una elegancia pausada, donde el aroma a salitre se mezcla con el de los pinos que caen casi hasta tocar el agua. Es una ciudad que se siente como un refugio, un lugar donde las piedras de la muralla aún guardan el eco de los piratas y el glamour de los años 50.
Explorar Tossa requiere dejar las prisas en la carretera de curvas que te trae hasta aquí. Es un destino de contrastes sutiles: desde el orden romano de sus villas antiguas hasta el caos laberíntico de sus calles marineras. No es solo un lugar de sol y playa; es un enclave cultural que ha seducido a artistas y cineastas por igual, ofreciendo una luz que parece filtrada por un cristal turquesa.
Si es tu primera vez, prepárate para subir y bajar cuestas empedradas, descubrir calas que parecen sacadas de una postal de los años 20 y entender por qué, una vez que pisas Tossa, una parte de ti se queda siempre allí, mirando al mar desde sus torreones.
La Vila Vella: el único recinto amurallado de la costa catalana
El gran icono que define qué ver en Tossa de Mar es su ciudad vieja. Es el único ejemplo de población medieval fortificada que todavía se conserva en el litoral de Cataluña, y cruzar sus puertas es hacer un viaje en el tiempo de casi ocho siglos.
1. El recinto amurallado y sus torres: Construido a inicios del siglo XIII, este complejo defensivo conserva casi todo su perímetro original. Las tres grandes torres cilíndricas —la del Codolar, la de las Horas y la de Joanes— son los hitos que marcan el paseo. Caminar por la liza, el espacio entre las murallas, te permite entender la magnitud de esta fortaleza que protegía a los habitantes de los ataques por mar. (La subida es empinada, pero las vistas del perfil costero compensan cada gota de sudor).
2. La Iglesia de San Vicente (Ruinas): En el punto más alto de la Vila Vella se encuentran los restos de esta antigua iglesia gótica del siglo XV. Aunque hoy solo quedan en pie el ábside y parte de la sacristía, su ubicación abierta al cielo y al acantilado crea una atmósfera casi mágica. Es el lugar favorito de los fotógrafos cuando la luz del atardecer tiñe la piedra de un tono anaranjado cálido.
3. Estatua de Ava Gardner: Un detalle que pocos esperan encontrar en un entorno medieval. La actriz quedó prendada de Tossa durante el rodaje de Pandora y el holandés errante en 1950, y la ciudad le devolvió el amor con esta escultura de bronce a tamaño real. Se encuentra en un mirador privilegiado dentro de la muralla, oteando el horizonte como si todavía esperara el regreso de algún barco.
Tip viajero: Si no te apetece subir caminando hasta el faro, existe un pequeño «trenecito» turístico (el Carrilet) que te lleva por la muralla. Sin embargo, mi consejo es que bajes a pie; es la única forma de descubrir los pequeños jardines escondidos y los detalles de las casas que aún están habitadas dentro del recinto.
Entre la historia romana y el arte moderno
Tossa de Mar no empezó con sus murallas. Su pasado se hunde en las raíces del Imperio Romano y su presente se nutre de una vida artística vibrante que floreció a principios del siglo XX.
4. Villa Romana de Els Ametllers: Situada en pleno centro urbano, esta villa del siglo II a.C. es uno de los yacimientos más importantes de la antigua provincia de Tarraconense. Se divide en dos zonas: la parte rústica (donde se producía vino y aceite) y la urbana, con mosaicos impresionantes que demuestran el lujo en el que vivían las élites romanas frente al mar. La entrada es gratuita y es una parada fundamental para entender el origen agrícola de la zona.
5. Museo Municipal de Tossa: Ubicado en el antiguo palacio del Gobernador, fue el primer museo de arte contemporáneo de España (inaugurado en 1935). Aquí puedes ver obras de artistas que buscaron refugio en Tossa durante las guerras mundiales, incluido el famoso cuadro «El Violinista» de Marc Chagall. Es una pequeña joya cultural que demuestra que Tossa fue, durante décadas, la «Babel de las Artes».
6. Faro de Tossa: Situado en la cima del cabo, en el punto más alto de la Vila Vella. Hoy alberga el Centro de Interpretación de los Faros del Mediterráneo. Es un lugar didáctico, pero el verdadero premio son las vistas panorámicas de la costa escarpada que se extiende hacia el sur. Desde aquí se entiende perfectamente por qué este tramo de litoral se llama Costa Brava.
Playas y calas: el azul que lo inunda todo
El agua en Tossa tiene una transparencia especial. La arena, gruesa y dorada, se funde con fondos marinos ricos en vida que hacen las delicias de los amantes del buceo.
7. Platja Gran: Es la playa principal, con forma de media luna y flanqueada por la muralla a un lado. Es la imagen más típica de la ciudad. Aunque suele estar concurrida en verano, bañarse bajo la sombra de las torres medievales es una experiencia que no se olvida fácilmente. Sus 400 metros de longitud cuentan con todos los servicios imaginables.
8. Sa Bauma y Mar Menuda: Al final de la Platja Gran, separada por una formación rocosa conocida como «Sa Palma», se encuentra esta pequeña joya. La Mar Menuda es ideal para el snorkel; su entrada al agua es suave y está protegida, lo que la convierte en el lugar preferido por las escuelas de buceo para las primeras inmersiones. Busca la pequeña cala natural que se forma entre las rocas llamada «el bany de las dones».
9. Es Codolar: Situada justo al otro lado de la muralla, a los pies de la Torre del Codolar. Es una cala de pescadores auténtica, más recogida y protegida del viento. Antiguamente era el puerto natural de la villa. El contraste entre el azul intenso del agua y el gris de la piedra defensiva es, sencillamente, espectacular.
Dato práctico: Tossa de Mar es uno de los mejores destinos de España para bautizos de buceo. Sus fondos son poco profundos pero extremadamente ricos en biodiversidad. Si siempre has querido probar, este es el lugar perfecto por la claridad de sus aguas.
Naturaleza y senderismo: el Camino de Ronda
Si quieres alejarte del núcleo urbano y descubrir la cara más salvaje de la zona, tienes que calzarte las botas de montaña. Los senderos que bordean la costa ofrecen una perspectiva privilegiada.
10. Camino de Ronda hacia Cala Pola: Es uno de los tramos más bonitos de la Costa Brava. Saliendo hacia el norte, el sendero serpentea entre acantilados y bosques de pinos y alcornoques. En unos 50-60 minutos de caminata llegarás a calas como Cala Bona o Cala Pola, rincones de aguas turquesas donde el acceso en coche es limitado y la paz es absoluta.
11. Macizo de l’Ardenya: Tossa no es solo mar; sus espaldas están protegidas por este sistema montañoso. Hay numerosas rutas para BTT y senderismo que te llevan hasta ermitas escondidas y miradores naturales. Es el pulmón verde de la comarca y el lugar donde los locales desconectan durante los meses de invierno.
12. Barrio de Sa Roqueta: El antiguo barrio de pescadores, fuera de las murallas. Sus calles estrechas, llenas de macetas con geranios y fachadas blancas, conservan el sabor de la Tossa pre-turística. Es la zona ideal para buscar un restaurante tradicional y probar la gastronomía local sin el bullicio de la primera línea de mar.
Gastronomía: el sabor del Cim i Tomba
No se puede entender Tossa sin sentarse a la mesa. El plato estrella es el Cim i Tomba, un guiso marinero tradicional que los pescadores preparaban en sus barcas. Consiste en una base de pescado blanco (normalmente raya, rape o corvina) cocinado con patatas, cebolla, ajo, tomate y una generosa capa de alioli por encima. Es un plato contundente y sabroso que resume la historia de una ciudad que siempre ha mirado al mar para alimentarse. Y de postre, no olvides pedir un «Bes de Tossa», un dulce típico local que pondrá el broche de oro a tu jornada.
Tossa de Mar es una ciudad que se deja querer. Tiene la medida justa para ser recorrida a pie y la profundidad histórica necesaria para que cada visita revele algo nuevo. Es el equilibrio perfecto entre el patrimonio que se toca y la belleza que se contempla. Ya sea que vengas buscando la adrenalina de sus caminos de ronda o el silencio de sus ruinas góticas, Tossa te recibe con la elegancia de quien se sabe hermosa sin necesidad de artificios. Es, en definitiva, ese rincón del Mediterráneo donde el tiempo parece haber decidido, por fin, tomarse un descanso.
¿Estás listo para perderte en las calles del paraíso azul y descubrir por qué Tossa de Mar es el secreto mejor guardado de la Costa Brava?






