viernes, 19 de junio 2026 Crónicas de viaje

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Qué ver en Volendam sin filtros: el secreto del puerto, los palacios del queso y el error de los zuecos que todos cometen

Pueblo pesquero colorido en Volendam
Pueblo pesquero colorido en Volendam
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Volendam es el lugar donde el tiempo decidió ponerse el traje de domingo y no quitárselo nunca. Es, visualmente, la Holanda que todos tenemos en la cabeza: casas de madera verde, canales estrechos y barcos de pesca que parecen sacados de una película de época. (Sí, nosotras también suspiramos al ver el puerto por primera vez).

Pero no te engañes. Este antiguo puerto pesquero, que quedó aislado del Mar del Norte cuando se construyó el gran dique Afsluitdijk, es hoy una de las paradas más codiciadas de Europa. El secreto para disfrutarlo es sencillo: huye del mediodía. Si llegas a las 10:00 o te quedas a ver el atardecer, verás cómo los locales recuperan sus calles.

El primer gran error es quedarte solo en el Doolhof (el Laberinto). Aunque es la zona más antigua y pintoresca, con sus casas apretadas sin orden aparente, Volendam tiene capas que requieren un poco más de curiosidad y menos ganas de comprar imanes de nevera a tres euros.

El Puerto: Entre la tradición y el escaparate

El dique de Volendam es el centro de todo. Aquí es donde se concentra la vida, las tiendas y, lamentablemente, las trampas para turistas. Caminar por el puerto es un ejercicio de resistencia ante las tiendas de fotos con trajes típicos. ¿Es una turistada? Sí. ¿Es divertido? También. Pero si lo haces, que sea por las risas, no buscando rigor histórico.

Lo que sí es auténtico es el Kibbeling. No puedes irte sin probar este bacalao rebozado y frito que venden en los puestos callejeros. Nuestro consejo de amiga: busca el puesto donde veas a los pescadores jubilados haciendo cola. El sabor del pescado fresco frente al agua es una de esas micro-dosis de felicidad que justifican el viaje.

Cuidado con las gaviotas del puerto. Son auténticas profesionales del robo de comida. Si te descuidas, tu ración de arenque desaparecerá antes de que puedas decir «Gouda».

Moverse por el puerto es fácil, pero si quieres ver la ingeniería holandesa en estado puro, fíjate en el nivel del agua respecto a las casas. Estás caminando bajo el nivel del mar, protegida solo por ese dique que hoy es una calle comercial. Es una sensación extraña y fascinante a la vez.

La Fábrica de Queso: El templo del Gouda

No puedes decir que has estado en Holanda Septentrional si no has terminado con los dedos oliendo a queso. La Cheese Factory Volendam es una parada obligatoria, no solo para comprar, sino para entender el proceso. Las demostraciones son gratuitas y, aunque están enfocadas a la venta, son realmente didácticas.

Aquí descubrirás que el Gouda no es solo ese círculo amarillo del supermercado. Hay variedades con trufa, con coco, con pesto y maduraciones que parecen rocas de sabor intenso. Nuestro bolsillo sufrirá un poco porque es imposible salir de allí sin una cuña bajo el brazo, pero es un capricho necesario.

Si buscas algo menos concurrido, camina hacia las afueras. Hay pequeñas granjas familiares donde el contacto con los animales y el producto es mucho más directo. Allí es donde el sector primario holandés te enseña por qué son los reyes del lácteo en Europa.

Edam: El vecino elegante y silencioso

Este es el truco maestro que nadie te cuenta: Volendam y Edam están unidos por un paseo precioso de apenas 30 minutos a pie o 10 en bicicleta. Mientras Volendam es bullicio y color, Edam es elegancia, canales tranquilos y puentes levadizos que parecen cuadros de Rembrandt.

Hacer el trayecto entre ambos pueblos es la mejor forma de oxigenar el viaje. Verás los prados verdes infinitos, las vacas frisonas pastando y los canales que sirven de «carreteras» para las casas de los locales. Es la Holanda profunda, la que no sale en los folletos de las agencias de viajes rápidas.

En Edam, visita la Grote Kerk (Iglesia Grande) y piérdete por sus plazas. Es el contrapunto perfecto al caos encantador de Volendam y te permitirá entender mejor la historia de esta región que luchó contra el agua hasta dominarla.

El Ferry a Marken: Un viaje al pasado

Desde el puerto de Volendam sale el Volendam-Marken Express. Es un ferry que en 30 minutos te deja en la isla (ahora península) de Marken. Si Volendam es pintoresco, Marken es el siguiente nivel. Sus casas están construidas sobre pilotes o pequeñas colinas (werfjes) para evitar las inundaciones históricas.

Es un lugar mucho más austero y protestante, con una estética sobria que contrasta con el colorido católico de Volendam. Ver el faro de Marken, conocido como el Paard van Marken (el Caballo de Marken), al atardecer es una de las experiencias más bellas que puedes tener en los Países Bajos.

Si compras el billete de ida y vuelta del ferry, asegúrate de mirar bien los horarios del último barco. Perderlo significa una vuelta larguísima en autobús o un taxi que te costará un riñón.

Gastronomía: El arenque es el rey

Si eres valiente, tienes que probar el Haring (arenque crudo con cebolla y pepinillo). Los holandeses lo comen sujetándolo por la cola y dejándolo caer en la boca. En Volendam, debido a su tradición pesquera, el producto es de una calidad excepcional.

Si lo prefieres más suave, pídelo en un «broodje haring» (un bocadillo tierno). Es el almuerzo nacional y te dará energía para seguir explorando los rincones ocultos del Doolhof. Para el postre, busca los Stroopwafels recién hechos; el olor a caramelo caliente es el perfume oficial de las calles de Volendam.

Volendam se recorre en una mañana, pero se recuerda durante años. No vayas con prisas, no intentes verlo todo en una hora. Siéntate en un banco del puerto, observa los barcos y entiende que, a veces, la felicidad es simplemente ver pasar la vida frente al mar.

¿Te ha gustado el plan? Porque si te quedas con ganas de más, te puedo contar cómo visitar los molinos de Zaanse Schans sin sentirte un turista más en la masa.