jueves, 18 de junio 2026 Crónicas de viaje

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Qué ver en Oxford: el rincón secreto que esconde la biblioteca más instagrameable (y no es donde rodaron Harry Potter)

Atardecer sobre Oxford desde el aire
Atardecer sobre Oxford desde el aire
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Seguro que lo has visto mil veces en fotos de Instagram. Esos edificios color miel, las togas al viento y esa sensación de que en cualquier momento va a aparecer un joven Harry Potter doblando la esquina.

Pero seamos sinceras: Oxford puede ser una trampa para turistas si no sabes por dónde pisar. Lo sabemos, el tiempo es oro y tu bolsillo no es infinito.

Existe un Oxford que no sale en los folletos de la terminal de Heathrow. Un Oxford de callejones que huelen a libro viejo y jardines donde el tiempo se detuvo en el siglo XIX. (Sí, nosotras también preferimos la magia real a las colas de media hora).

El secreto mejor guardado de la Radcliffe Camera

Lo primero que harás al llegar es buscar la Radcliffe Camera. Es el icono, el corazón circular de la ciudad. Pero aquí va el primer error: la mayoría se queda fuera haciéndose el selfie de rigor.

La clave está en mirar hacia abajo. Bajo tus pies se encuentra la Gladstone Link, una red de túneles que conecta las bibliotecas. Aunque el acceso es restringido, rodear el edificio al amanecer te regala una luz que ningún filtro de móvil puede replicar.

Esta joya del barroco inglés es parte de la Bodleian Library, una de las más antiguas de Europa. ¿Sabías que aquí no se puede sacar ni un solo libro? Ni siquiera el Rey tiene permiso para llevarse un volumen a casa.

Consejo de Lucía: Si quieres entrar en la biblioteca sin pagar el tour completo, intenta reservar el acceso a la Divinity School. Es más barato y es, literalmente, el ala de enfermería de Hogwarts.

Hogwarts existe (y se cena en silencio)

Hablemos del elefante en la habitación: Christ Church. Es el college más famoso, el más grande y, por supuesto, el más caro. Aquí se rodaron escenas clave de la saga del mago más famoso del mundo.

El Gran Comedor es espectacular, no lo vamos a negar. Pero si vas con el presupuesto ajustado, hay alternativas que te darán la misma vibración académica por cero euros. El New College o el Magdalen College son igual de impresionantes y mucho menos caóticos.

En el Magdalen, por ejemplo, puedes ver ciervos pastando en libertad. Sí, ciervos en mitad de una ciudad universitaria. Es nuestro lugar favorito para desconectar del ruido de High Street.

Si te decides por Christ Church, recuerda que cierran el comedor a mediodía para que los alumnos coman. (Imagínate estar estudiando física cuántica mientras mil personas te hacen fotos con flash. Pobre gente).

La ruta de Alicia y el jardín de los susurros

Oxford no es solo magia de varitas. Es la cuna de Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll era profesor aquí y la Alicia real era la hija del decano.

Tienes que visitar Alice’s Shop, justo enfrente de Christ Church. Era la tienda de caramelos donde la verdadera Alicia compraba dulces hace más de 150 años. Es pequeña, agobiante y maravillosa a la vez.

Pero el verdadero truco de experta es cruzar al Botanic Garden. Es el jardín botánico más antiguo de Reino Unido. Es el lugar donde los protagonistas de «La Materia Oscura» se encontraban. Un refugio de paz ideal si viajas en pareja.

Allí encontrarás plantas exóticas, invernaderos victorianos y unas vistas del río Cherwell que parecen sacadas de un cuadro de Constable.

Punting: el deporte nacional de los torpes

No puedes decir que has estado en Oxford si no has intentado subirte a un Punt. Es esa barca plana que se empuja con un palo larguísimo. Parece fácil cuando lo ves en las películas, pero te aseguramos que no lo es.

El alquiler se hace habitualmente en Magdalen Bridge. Nuestro consejo: no intentes llevar tú el palo si quieres mantener tu dignidad y tu ropa seca. Paga un poco más para que un estudiante lo haga por ti.

Mientras navegas bajo los sauces llorones, pasarás por detrás de los jardines privados de los colleges. Es la única forma de cotillear la vida de la élite académica británica desde el agua.

Atención: Si decides hacerlo por tu cuenta, cuidado con el fondo de lodo del río. Si el palo se queda atascado, ¡suéltalo! Es mejor perder el palo que acabar bañándote en el Cherwell.

¿Dónde comer sin arruinarse?

Olvídate de las cadenas de comida rápida. Para vivir la experiencia auténtica, tienes que ir al Covered Market. Es un mercado techado del siglo XVIII que sobrevive en el centro de la ciudad.

Allí encontrarás las famosas galletas de Ben’s Cookies. Están calientes, derretidas y son, probablemente, lo mejor que vas a probar en todo el viaje. (Nosotras siempre compramos tres, no juzgamos).

Para algo más contundente, busca el pub The Turf Tavern. Es casi imposible de encontrar porque está escondido al final de un callejón estrechísimo cerca del Puente de los Suspiros.

Es un pub con techos bajos donde se dice que Bill Clinton «no inhaló» y donde Richard Burton solía beber. Tiene una de las mejores terrazas para tomar una pinta de cerveza local incluso en invierno, gracias a sus estufas.

El Puente de los Suspiros (versión British)

Todo el mundo lo llama el Puente de los Suspiros, aunque su nombre real es el Puente Hertford. Se parece al de Venecia, pero con ese toque de ladrillo oscuro tan inglés.

Une dos partes del Hertford College y es el punto más fotografiado de la ciudad después de la Radcliffe Camera. Intenta ir a última hora de la tarde, cuando los grupos de excursiones de un día se han ido.

Es el momento en que Oxford recupera su aura de misterio. Las luces de las farolas se reflejan en el empedrado y puedes escuchar el eco de tus propios pasos. Es ahí cuando la ciudad te atrapa de verdad.

Museos que parecen palacios

Si llueve (que en Inglaterra es lo más probable), corre al Ashmolean Museum. Es el primer museo universitario del mundo y la entrada es gratuita. Es como un mini British Museum pero mucho más manejable.

Tienen desde momias egipcias hasta anillos que inspiraron a J.R.R. Tolkien para escribir «El Señor de los Anillos». (Sí, él también era profesor aquí. ¿Hay alguien famoso que no haya pasado por Oxford?).

Otra opción fascinante es el Pitt Rivers Museum. Es una cápsula del tiempo. Miles de objetos curiosos, tótems y cabezas reducidas amontonados en vitrinas victorianas. Es un caos ordenado que te dejará con la boca abierta.

La letra pequeña: Muchos museos y colleges cierran temprano, alrededor de las 16:00 o 17:00. Planifica tus visitas pesadas por la mañana y deja los paseos por los parques para el final del día.

Cómo llegar y no morir en el intento

La forma más inteligente de llegar desde Londres es el Oxford Tube. No es un metro, es un autobús de dos plantas que sale cada 15 minutos desde Victoria o Marble Arch. Es más barato que el tren y tiene Wi-Fi que realmente funciona.

Si prefieres el tren, sal desde la estación de Paddington. En poco más de una hora estarás en el centro. Pero ojo, reserva los billetes con antelación en la web de GWR para evitar precios absurdos de última hora.

Una vez en la ciudad, olvida el transporte público. Oxford está diseñada para caminar. Prepárate para hacer unos 15.000 pasos, pero te aseguramos que cada uno de ellos vale la pena.

¿Realmente vas a quedarte en el sofá sabiendo que este paraíso está a un vuelo de distancia? Oxford no es solo una ciudad, es un estado mental. Y ahora que tienes el mapa de ruta, no tienes excusa.

¿Nos vemos bajo el Puente de los Suspiros?