Jacob Elordi no es solo el galán de moda que domina la taquilla mundial. Tras esa mirada intensa que le ha valido una nominación al Oscar y su papel en Euphoria, late una historia de supervivencia que huele a Cantábrico y a monte vizcaíno. (Sí, nosotras también alucinamos cuando supimos que el chico de oro de Hollywood es, en esencia, un chaval de pueblo vasco).
La estrella de 28 años lleva en su ADN el legado de una huida desesperada. Su abuelo, Joaquín Elordi, tuvo que abandonar su tierra natal huyendo del régimen franquista con apenas ocho dólares en el bolsillo. Aquel joven que cortó caña de azúcar en Australia hasta la extenuación es el héroe real detrás de la fama del actor.
Jacob no solo no oculta sus raíces, sino que presume de ellas ante sus 13 millones de seguidores compartiendo fotos de la Ikurriña o del Guernica de Picasso. Para entender la fuerza de este actor, hay que viajar a las dos villas de Vizcaya donde empezó todo.
Ondarroa: El origen marinero del abuelo Joaquín
La primera parada de este mapa sentimental es Ondarroa. En este rincón de la comarca de Lea-Artibai nació el patriarca de los Elordi. Es un lugar donde el mar golpea con fuerza la roca, creando un paisaje tan violento como hermoso. Caminar por su casco histórico es retroceder en el tiempo, a una época de pescadores y redes secándose al sol.
Aunque el fuego borró gran parte de su pasado medieval, la Torre de Likona resiste como un testigo mudo de lo que fue el hogar de los antepasados del actor. Pero lo que de verdad te deja sin aliento es la Iglesia de Santa María, con sus doce figuras medievales, los ‘Kortxeleko mamuak’, vigilando la villa desde lo alto.
El contraste en Ondarroa es total: el Puente Viejo de madera convive con el moderno puente de Itsasaurre, diseñado por Santiago Calatrava. Es la metáfora perfecta de la vida de Jacob: el pasado humilde del abuelo unido al presente estelar del nieto.
Si visitas Ondarroa, nuestro consejo es que te pierdas por el puerto pesquero al atardecer. Es ahí donde entenderás el concepto vasco de resistencia que Jacob tanto admira de su abuelo. Ese hombre que lo dio todo para que hoy su nieto ruede con Margot Robbie.
Markina-Xemein: La elegancia de la ‘Universidad de la Pelota’
Pero el árbol genealógico de los Elordi se extiende unos kilómetros hacia el interior, hasta Markina-Xemein. Aquí creció el padre del actor antes de cruzar el océano. Esta villa es pura elegancia barroca y tradición deportiva en estado puro.
Markina es conocida mundialmente como la «Universidad de la Pelota». Su frontón ha visto nacer a los mejores pelotaris de cesta punta de la historia. Es el corazón de un pueblo que desprende autenticidad en cada esquina y donde el deporte se vive como una religión.
Nuestro bolsillo agradecerá que caminar por estas calles sea una experiencia gratuita cargada de historia. Pero hay un lugar que no te puedes perder por nada del mundo: la Ermita de San Miguel de Arretxinaga. En su interior, tres rocas gigantes de origen hidrotermal se apoyan entre sí protegiendo al santo. Un capricho geológico que parece sacado de una película de fantasía.
La conexión emocional de una estrella de Hollywood
A pesar de la distancia física, Jacob Elordi mantiene un vínculo inquebrantable con Euskadi. No es solo marketing; es una cuestión de identidad. El actor ha confesado en varias entrevistas que está «increíblemente agradecido» al esfuerzo de su abuelo, el hombre que pagó los pasajes de toda la familia cortando caña bajo el sol australiano.
Actualmente, el actor rueda la nueva versión de Cumbres Borrascosas, pero tiene pendiente una visita oficial a Vizcaya. Quiere pisar las calles empedradas que su familia dejó atrás por necesidad. (Nosotras ya estamos imaginando el revuelo si aparece pidiendo unos pintxos en el puerto de Ondarroa).
Jacob suele compartir mapas de Euskadi en sus redes sociales, demostrando que su conexión con la cultura vasca es mucho más profunda que un simple apellido sonoro. Es su motor emocional en la carrera por los premios de la Academia.
Conocer el origen de Jacob Elordi nos acerca al hombre detrás del personaje de Saltburn o Priscilla. No es solo talento y una cara bonita; es el legado de una estirpe de supervivientes vizcaínos que no se rindieron ante la adversidad. La fuerza del Cantábrico corre por sus venas.
Vizcaya espera con los brazos abiertos a su hijo pródigo. La próxima vez que lo veas en una alfombra roja, recuerda que parte de esa presencia imponente viene de las calles de Ondarroa y Markina. Es la victoria de los ocho dólares del abuelo Joaquín convertidos en el éxito global del nieto Jacob.






