martes, 23 de junio 2026 Crónicas de viaje

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Qué comer en Islandia: del tiburón podrido al perrito caliente más famoso del mundo sin arruinarte

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Comer en Islandia es, para muchos, el mayor reto del viaje. No es solo que los nombres de los platos parezcan sacados de una película de vikingos, es que mirar la carta de un restaurante puede provocarte un microinfarto. (Sí, nosotras también hemos pagado 25 euros por una sopa y nos dolió el alma).

Sin embargo, la gastronomía islandesa ha pasado de ser una técnica de supervivencia extrema a convertirse en una tendencia mundial. Aquí no se trata de comer mucho, sino de entender la ingeniería de los alimentos locales: productos ultra frescos, sin químicos y con un sabor que solo el aislamiento del Atlántico Norte puede conseguir.

El perrito caliente: El «plato nacional» por menos de 6 euros

Si buscas qué comer en Islandia sin arruinarte, el Pylsur es tu salvación. No es un perrito cualquiera; el secreto de su éxito viral es que la salchicha está hecha con una mezcla de cerdo, ternera y, sobre todo, cordero islandés criado en libertad.

Dato clave: En Islandia el agua embotellada es un timo para turistas. El agua del grifo es, según la OCU y organismos internacionales, una de las más puras del planeta. Rellena tu botella y ahorra unos 4 euros por parada.

El puesto más emblemático es Bæjarins Beztu Pylsur, en el puerto de Reikiavik. Tienes que pedirlo «con todo» (eina með öllu): lleva cebolla cruda, cebolla frita crujiente, kétchup, mostaza dulce y una salsa de remolacha llamada pylsusinnep. Es la comida más barata y deliciosa que encontrarás en toda la Ring Road.

Pescado fresco: Del océano al plato en horas

Donde Islandia no tiene rival es en su producto marino. El Bacalao islandés es famoso en todo el mundo, pero probarlo allí mismo es otra historia. Si visitas pueblos pesqueros como Húsavík o Ísafjörður, el pescado que te sirven probablemente estaba nadando esa misma mañana.

Un plato que nos robó el corazón es la Plokkfiskur. Es un guiso tradicional de pescado blanco desmenuzado con patatas, mezclado con una bechamel densa y, a veces, gratinado con queso. Es la definición de «comida reconfortante» y una forma fantástica de probar el producto local sin pagar el precio de un filete premium.

Para los más aventureros está el Hákarl o tiburón fermentado. (Aviso: huele a amoniaco y el sabor es… intenso). No es para todos los días, pero es un rito de iniciación. Acompáñalo siempre con un chupito de Brennivín, el aguardiente local, para limpiar el paladar.

El cordero: El orgullo de las Tierras Altas

El cordero es el rey de la carne en la isla. Al no estar estabulados y alimentarse de hierbas silvestres y bayas, la carne es extremadamente tierna y tiene un sabor casi a caza. La Kjötsúpa es la sopa de cordero tradicional que te salvará la vida en un día de viento y lluvia.

Muchas cafeterías de gasolineras de la red N1 o Olis sirven esta sopa con pan de centeno y mantequilla. Lo mejor es que en muchos locales permiten el «refill» gratuito: pagas un cuenco y puedes repetir las veces que quieras. Es un truco de ahorro que nuestro bolsillo agradece infinitamente.

El Skyr y el pan de los dioses

No podemos hablar de qué comer en Islandia sin mencionar el Skyr. Aunque parece yogur, técnicamente es un queso fresco desnatado. Es alto en proteínas, no tiene grasa y sacia muchísimo. En los supermercados Bónus (los del cerdito rosa) lo encontrarás de mil sabores por apenas un par de euros.

Acompáñalo con Rúgbrauð, el pan de centeno oscuro y denso que se hornea con calor geotérmico bajo tierra. Es casi dulce, como un bizcocho, y con un poco de mantequilla islandesa (busca la marca Smjör) es el desayuno perfecto para aguantar una caminata por el glaciar Vatnajökull.

Tip Secreto: Si quieres vivir una experiencia gastronómica top sin pagar cena de gala, busca los Food Halls (Hlemmur o Grandi) en Reikiavik. Tienes platos de autor, fusión y producto local a precios mucho más competitivos que en los restaurantes cerrados.

¿Dónde comprar para no arruinarse?

La ingeniería del ahorro en Islandia pasa por visitar el supermercado. Evita las tiendas de conveniencia «10-11» (son carísimas) y busca siempre un Bónus o un Krónan. Allí podrás comprar salmón ahumado de una calidad increíble y embutidos de cordero para hacerte bocadillos durante la ruta.

Recuerda que el alcohol es extremadamente caro debido a los impuestos. Si quieres disfrutar de una cerveza artesanal al final del día, cómprala en el Duty Free del aeropuerto al aterrizar. La diferencia de precio puede ser de hasta un 50% respecto a las tiendas estatales Vínbúðin.

Islandia es un país donde la comida cuenta la historia de un pueblo que aprendió a cocinar con lo que la tierra y el mar le daban. Desde el pan cocido en la lava hasta el pescado más puro del mundo, cada bocado vale lo que cuesta.

¿Te atreverías a probar el tiburón fermentado o prefieres ir a lo seguro con la sopa de cordero?