martes, 23 de junio 2026 Crónicas de viaje

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Qué ver en Turín: la guía definitiva para descubrir la ciudad de los faraones, el chocolate y la magia negra

Vista panorámica aérea de la Mole Antonelliana, un edificio emblemático de la ciudad de Turín, en la región italiana del Piamonte
Vista panorámica aérea de la Mole Antonelliana, un edificio emblemático de la ciudad de Turín, en la región italiana del Piamonte
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Si crees que Italia se acaba en el Coliseo de Roma o los canales de Venecia, es que todavía no has puesto un pie en Turín. La capital del Piamonte no es solo la ciudad de la FIAT o de la Juventus; es una metrópoli aristocrática, misteriosa y terriblemente sofisticada que te va a romper todos los esquemas.

En este 2026, Turín se ha consolidado como la gran alternativa al turismo de masas italiano. Si buscas qué ver en Turín, prepárate para una arquitectura que te hará sentir en París, pero con un sabor a chocolate y vermut que solo podrías encontrar aquí, a los pies de los Alpes.

Es una ciudad de dualidades. Se dice que Turín es el vértice tanto del triángulo de la magia blanca (con Praga y Lyon) como del de la magia negra (con Londres y San Francisco). Creas en ello o no, caminar por sus calles bajo la niebla matinal tiene un algo que te eriza la piel.

El Museo Egipcio: El tesoro de los faraones

Es la parada innegociable. No puedes buscar qué ver en Turín y saltarte el Museo Egizio. Es el más antiguo del mundo y el segundo más importante después del de El Cairo. En 2026, sus salas han sido renovadas para ofrecer una experiencia inmersiva que te deja sin palabras.

Caminar entre estatuas colosales de Ramsés II o contemplar el estado de conservación de la Tumba de Kha y Merit es un privilegio que casi justifica por sí solo el viaje. No es solo un museo; es un portal temporal que te transporta al valle del Nilo sin salir del corazón de Italia.

TIP SECRETO: Reserva la entrada con mucha antelación. En 2026 las colas siguen siendo legendarias y entrar a primera hora te permitirá disfrutar de la «Galería de los Reyes» con la paz que unos faraones se merecen.

Mole Antonelliana: El faro de la ciudad

Si ves una silueta extraña y altísima que domina todo el skyline, esa es la Mole Antonelliana. Originalmente proyectada como sinagoga, hoy es el edificio más alto de Turín y alberga el Museo Nacional del Cine.

Incluso si no eres cinéfila, tienes que subir en su ascensor panorámico de cristal. Te eleva por el centro de la cúpula, sin cables a la vista, hasta una terraza que te regala una vista 360 grados de la ciudad con los Alpes nevados al fondo. Es, sencillamente, la foto que vas a querer poner de fondo de pantalla.

Piazza Castello y el Palacio Real

Turín fue la primera capital de la Italia unificada y la sede de la Casa de Saboya. Eso se nota en la Piazza Castello, un despliegue de poderío arquitectónico donde se cruzan los edificios más importantes de la ciudad.

El Palazzo Reale es una oda al lujo. Sus salones, su Armería Real (una de las mejores del mundo) y sus jardines diseñados por André Le Nôtre te harán entender por qué Turín tiene ese aire tan francés. Justo al lado está el Palazzo Madama, cuya fachada barroca esconde un castillo medieval en su parte trasera. Un dos por uno histórico fascinante.

El Duomo y el misterio del Santo Sudario

La Catedral de San Juan Bautista es un edificio renacentista discreto para los estándares italianos, pero guarda el objeto más controvertido de la cristiandad: la Sábana Santa (Sindone).

Debes saber que el Sudario original casi nunca se muestra al público (solo en ostensiones especiales), pero puedes visitar la capilla donde se custodia y ver las réplicas exactas. La carga emocional del lugar, con fieles llegados de todo el mundo, es palpable. Independientemente de tus creencias, la atmósfera de la Capilla de la Sábana Santa (obra maestra de Guarino Guarini) es sobrecogedora.

Cafés Históricos: El rito del Bicerin

Si hay algo que ver en Turín (y sobre todo que probar) es su cultura del café. Turín inventó el concepto de café elegante. Lugares como el Caffè Torino o el Caffè San Carlo conservan sus espejos dorados, terciopelos rojos y camareros de guante blanco.

Pero el rey absoluto es el Al Bicerin. Tienes que pedir su bebida homónima: el Bicerin. Es una mezcla de café, chocolate caliente y crema de leche servida en capas. Se inventó en 1763 y cuentan que era el favorito de Cavour. Tomarlo en su pequeña mesa de mármol es el mejor abrazo que te puedes dar en una tarde de invierno turinesa.

DATO VITAL: Turín es la capital del chocolate sólido. Aquí se inventó el Gianduiotto (esa joya de chocolate y avellana) y el Nutella. No te vayas sin entrar en una cioccolateria artesana; el olor te guiará solo.

Parque del Valentino y el Burgo Medieval

Para desconectar del asfalto, el Parco del Valentino es el lugar. Está a orillas del río Po y es el pulmón verde de la ciudad. Dentro encontrarás el Borgo Medievale, una reconstrucción de 1884 que imita un pueblo piamontés del siglo XV.

Aunque sea un «falso histórico», está tan bien hecho que caminar entre sus puentes levadizos y torres te hace olvidar que estás en una ciudad industrial. Es el sitio perfecto para un paseo relajado antes de que empiece la hora del Aperitivo, otro invento turinés (cortesía del Vermut Carpano) que se ha extendido por todo el mundo.

Museo del Automóvil (MAUTO): Ingeniería y diseño

No podemos olvidar que Turín es la cuna de la automoción en Italia. El Museo Nacional del Automóvil es uno de los más modernos y sorprendentes que hemos visitado. No hace falta que seas una experta en motores; la puesta en escena, la evolución del diseño y las joyas que guardan (desde los primeros carruajes hasta los Ferrari de Fórmula 1) te van a fascinar.

Refleja perfectamente el espíritu innovador y trabajador de la ciudad. Es la parte «industrial» de Turín elevada a la categoría de arte.

La Basílica de Superga: El balcón de los Saboya

Para terminar el viaje, tienes que salir un poco del centro. Coge el antiguo tranvía de cremallera Sassi-Superga para subir a la colina donde se encuentra la Basílica de Superga.

La iglesia es una joya barroca diseñada por Juvarra, pero la verdadera recompensa es la vista. Desde aquí, Turín se despliega a tus pies, con sus avenidas perfectamente rectilíneas y los picos nevados de los Alpes abrazándola. Es el lugar donde descansan los reyes de Saboya y el sitio ideal para despedirte de la ciudad con una panorámica de cine.

¿Por qué Turín es tu destino?

Porque Turín no te agobia. En 2026, la ciudad ha sabido mantener sus precios mucho más bajos que Milán o Florencia sin sacrificar ni un ápice de calidad. Es culta, es limpia, se come de escándalo (prueba los agnolotti del plin) y tiene ese misterio que te hace querer volver.

Es la Italia de los pórticos infinitos (hay 18 kilómetros de ellos, para que no te mojes si llueve) y de las plazas que parecen salones de baile. Turín es la elegancia sin esfuerzo, el secreto mejor guardado del norte de Italia.

¿Empezamos con los faraones en el Egipcio o nos vemos directamente en el café para un Bicerin caliente? (Nosotras ya estamos de camino a la Piazza San Carlo, que el aperitivo no se toma solo).

¡Turín te espera con su magia blanca y sus chocolates!