viernes, 19 de junio 2026 Crónicas de viaje

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Qué ver en Cáceres: la ciudad de los escudos donde se rodó ‘Juego de Tronos’ y el secreto de su aljibe

Paisaje histórico de Cáceres
Paisaje histórico de Cáceres
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Cáceres no se visita, se conquista. Cruzar el Arco de la Estrella es, literalmente, atravesar un túnel del tiempo que te escupe en pleno siglo XV. Olvida los mapas de Google; aquí lo que manda es el instinto y el calzado cómodo.

Es la tercera ciudad de Europa en conjunto monumental (solo por detrás de Praga y Tallín, ahí es nada). (Y sí, nosotras también nos preguntamos por qué no venimos más a menudo a Extremadura).

La ingeniería de la atención turística ha estallado aquí gracias a HBO. Si sientes que esas torres de piedra te resultan familiares, es porque estás pisando las calles de Desembarco del Rey. Pero Cáceres es mucho más que un set de rodaje; es un laberinto de linajes y leyendas.

La Ciudad Monumental: El mayor museo vivo

El casco antiguo de Cáceres es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1986. Lo que lo hace único es su coherencia: no hay edificios modernos que rompan la estética de granito y silencio.

La Plaza Mayor es el punto de encuentro obligatorio. Es enorme, porticada y siempre vibrante. Pero el verdadero juego empieza cuando subes las escaleras hacia la Torre de Bujaco. Desde arriba, la vista de las murallas almohades te da la perspectiva real de lo que fue esta fortaleza.

Caminar por la Plaza de Santa María es sentir el peso de la historia. La Concatedral de Santa María guarda un Cristo negro que impone respeto, pero lo que realmente buscan los viajeros es la estatua de San Pedro de Alcántara. Dicen que besar sus pies trae suerte. (Nosotras, por si acaso, lo hicimos).

Tip de Lucía: Busca los detalles en las fachadas. Cáceres es la ciudad de los escudos nobiliarios. Cada piedra cuenta quién vivía allí, cuánto dinero tenía y cuántas batallas había ganado su familia. Es el LinkedIn del Renacimiento.

El Aljibe árabe: El tesoro bajo el suelo

Si hay un lugar que te va a dejar con la boca abierta, es el Palacio de las Veletas. En su interior se esconde uno de los aljibes hispano-musulmanes mejor conservados del mundo.

Es un espacio subterráneo con arcos de herradura que todavía recoge agua de lluvia. El silencio allí abajo es casi místico. Es el corazón líquido de la ciudad y una lección de ingeniería de hace mil años que sigue funcionando hoy en día.

Arriba, en el museo, puedes ver restos arqueológicos que explican por qué Cáceres ha sido deseada por romanos, árabes y cristianos. La mezcla de culturas es el verdadero ADN de esta tierra.

Atrio y la revolución del sabor

No se puede hablar de Cáceres sin mencionar a Atrio. Toño Pérez y José Polo han puesto a la ciudad en el mapa mundial de la alta gastronomía con sus tres estrellas Michelin.

Aunque no vayas a comer allí (el menú degustación es una inversión seria), el edificio es una obra maestra de la arquitectura contemporánea integrada en el casco histórico. Han conseguido que el hormigón y la piedra antigua se den la mano sin pelearse.

Pero si tu presupuesto es más terrenal, Cáceres es el paraíso del tapeo. Tienes que probar la Torta del Casar, un queso que se funde solo, y el jamón ibérico de la Dehesa de Extremadura. Es pecado irse sin haber probado un buen plato de migas extremeñas.

Advertencia: El calor en verano puede ser implacable. La mejor hora para pasear es al atardecer, cuando la luz dorada baña el Palacio de los Golfines de Abajo y las cigüeñas empiezan a crotorar en los campanarios.

El Barrio Judío: El rincón de la calma

Bajando hacia la Puerta del Río encontrarás la Judería Vieja. Son calles estrechas, casas encaladas y macetas con flores. Es la zona más humilde del centro, pero quizás la más auténtica.

Aquí vivieron las familias judías hasta su expulsión en 1492. Se respira una paz distinta al resto de la ciudad monumental. Es el lugar perfecto para perderse con la cámara de fotos y captar la esencia de la Extremadura más íntima.

Desde la Ermita de San Antonio tienes una de las mejores puestas de sol. Ver cómo se encienden las luces de la ciudad mientras el cielo se vuelve púrpura es un beneficio emocional que no tiene precio.

Vostell Malpartida: Arte entre piedras

Si tienes un par de horas extra, coge el coche y recorre los 15 minutos que separan la ciudad de Malpartida de Cáceres. Allí está el Museo Vostell, ubicado en un antiguo lavadero de lanas del siglo XVIII.

Es un museo de arte contemporáneo (movimiento Fluxus) en mitad de un paisaje natural de rocas graníticas espectaculares llamado Los Barruecos. Ver pianos y coches integrados en la naturaleza es una experiencia surrealista que te vuela la cabeza.

Es, además, otro escenario de Juego de Tronos (la gran batalla de los dragones se rodó aquí). La combinación de arte de vanguardia y naturaleza salvaje es algo que no vas a encontrar en ningún otro lugar de España.

Cáceres es esa ciudad que siempre promete volver y siempre cumple. No es un destino de paso, es un destino de poso. De los que se quedan en la memoria por su olor a leña y su color a historia viva.

La próxima vez que alguien te diga que Extremadura está lejos, dile que la distancia es relativa cuando el destino es eterno.

¿Te vienes a tapear por la Plaza Mayor?