Los bombardeos de 1940 dejaron el centro de Róterdam casi sin edificios históricos. La ciudad respondió con lo que tenía a mano: espacio, ingenio y ganas de empezar de nuevo. Hoy resulta una urbe plana, abierta al viento del Mar del Norte y llena de formas que no esperarías encontrar en los Países Bajos.
Si te preguntas qué ver en Róterdam, olvida la postal de canales y casas de ladrillo del siglo XVII. Aquí el interés está en la arquitectura contemporánea, en los muelles y en un puerto que sigue marcando el pulso de la ciudad.
Para organizar la visita conviene pensar en dos zonas: el centro moderno, con sus puentes y rascacielos, y el barrio histórico de Delfshaven. Estos ocho lugares recorren las dos y te dan una idea clara de cómo se reconstruye una ciudad.
1. Estación Central: la puerta de entrada

Si llegas en tren, empiezas ya en una de las obras más reconocibles de la ciudad. La Estación Central se inauguró en 2014 y recibe a más de 110.000 viajeros al día.
Su cubierta angular de acero inoxidable apunta hacia el centro, como una flecha que te dice por dónde seguir. En la fachada se conservan el reloj y las letras luminosas de la estación anterior, la de 1957. Es un gesto con el que Róterdam guarda un trozo de su memoria sin renunciar a lo nuevo.
2. Markthal: el mercado bajo un arco

A pocos minutos se alza la Markthal, un mercado cubierto con forma de herradura que combina viviendas con un espacio gastronómico por debajo. Abrió en 2014.
Lo que más sorprende es el techo. Lleva una obra digital titulada «El cuerno de la abundancia», que cubre 11.000 metros cuadrados a todo color. Dentro hay puestos de quesos tradicionales, como el gouda, y comida de medio mundo.
Para quienes prefieren el mercado al restaurante de moda, este es el mejor sitio para comer sin reservar y probar un poco de todo.
3. Casas Cubo: vivir en una pared inclinada

El arquitecto Piet Blom las diseñó en 1984. Son viviendas giradas 45 grados, apoyadas sobre un vértice, y se han convertido en símbolo de la reconstrucción. El conjunto reúne 38 cubos residenciales.
Puedes entrar en la casa museo Kijk-Kubus para ver cómo se aprovecha el espacio con paredes inclinadas. La sensación de estar en una casa que parece desafiar la gravedad es parte de la visita.
4. Puente Erasmo: «El Cisne» sobre el Mosa
Los vecinos lo llaman el Cisne por su pilón de acero asimétrico, de 139 metros de altura. Se inauguró en 1996 y mide 800 metros de largo.
Cruza el río Mosa y une el centro histórico con Kop van Zuid, el barrio moderno. Al atardecer es un mirador excelente: de frente tienes el perfil de rascacielos de la ciudad, único en los Países Bajos.
5. Euromast: la ciudad desde 185 metros

La torre tiene 185 metros y se construyó en 1960 con motivo de la exposición Floriade. El ascensor giratorio, llamado Euroscoop, te lleva hasta lo alto.
Desde arriba se entiende la escala del puerto de Róterdam, el más grande de Europa. Con el día despejado, la vista llega muy lejos sobre la llanura.
6. Depósito del Museo Boijmans Van Beuningen: un cuenco de espejos
Este edificio con forma de cuenco, forrado de espejos, es el primer depósito de arte abierto al público en el mundo. Lo diseñó el estudio MVRDV.
Su fachada refleja el parque Museumpark y cambia con el cielo. Dentro se guardan más de 151.000 obras, que se pueden contemplar directamente en los diferentes almacenes climatizados.
7. Witte de Withstraat: arte y terrazas

Es una calle comercial y cultural, el corazón de la vida nocturna y de la escena artística. Hay galerías de arte contemporáneo, tiendas de diseñadores locales y cafeterías de especialidad.
Es el sitio ideal para notar el ritmo diario de la gente joven de Róterdam. Cuando cae la tarde, las terrazas se llenan y la calle invita a quedarse un rato más.
8. Delfshaven: el Róterdam que sobrevivió

Es uno de los pocos barrios que resistieron los bombardeos de 1940. Pasear por sus muelles te lleva hasta la época de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales.
Aquí está la iglesia de los Padres Peregrinos. Desde este puerto partieron en 1620 los colonos ingleses rumbo a América. Alrededor hay destilerías de ginebra y antiguos astilleros.
Róterdam en vídeo
Cómo organizar tu viaje y qué ver en Róterdam en unos días
Lo mejor es reservar entre dos y tres días. Así recorres con calma los ocho puntos y te queda un hueco para salir de la ciudad.
Desde Róterdam llegas con facilidad a los molinos de Kinderdijk, a unos 15 kilómetros del centro, o a la histórica ciudad de Delft. Son dos excursiones ideales si te sobra un día.
En la mesa, huye de la comida rápida del centro y busca los eetcafés, los cafés tradicionales de la ciudad. Prueba el kapsalon, un plato nacido en las peluquerías de Róterdam: patatas fritas, shawarma, queso gouda fundido y ensalada. Y pide unas bitterballen, croquetas de carne, con una cerveza artesana local.
¿Te animas a pasar de la nostalgia de Delfshaven a la audacia de los cubos y las torres?








