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Crónicas · Grandes viajes · Gastronomía

Qué ver en Santa Pola: ocho planes entre salinas, castillo y mar

Qué ver en Santa Pola en una escapada: castillo, Tabarca, salinas con flamencos, calas y puerto pesquero, con un dato útil para cada parada de la ruta.

Escrito porInés Marquina SolerPeriodista de viajes y gastronomía
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4 min de lectura

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Huele a sal desde que bajas del coche. Las gaviotas dibujan círculos sobre el puerto y el sol cae despacio sobre un mar sin prisa.

Así arranca cualquier mañana en Santa Pola, una villa marinera de la Costa Blanca que mezcla fortaleza, pesca, pinos y arena fina. Si te estás preguntando qué ver en Santa Pola antes de reservar tu escapada, aquí tienes una ruta pensada para hacerse a pie, en barco y con la cámara siempre a mano.

No hace falta correr. Es un destino de ritmo suave, bueno para ir en pareja o para pasar un fin de semana a solas con un libro. Los ocho planes siguientes combinan patrimonio, naturaleza y mesa, y se pueden ordenar como prefieras.

1. El castillo y el Museo del Mar

La piedra clara de la fortaleza domina el centro de la villa desde 1557. Es un castillo renacentista, levantado para proteger a los pescadores de los piratas berberiscos que rondaban esta costa.

Hoy aloja el Museo del Mar, que explica muy bien la relación del pueblo con la pesca. Dedícale una hora larga. El patio de armas, con su luz de media tarde, es de lo más fotogénico del casco antiguo.

2. Un barco hasta la isla de Tabarca

El plan estrella de la zona sale del puerto. Los catamaranes tardan unos 25 minutos en cruzar hasta Tabarca, una isla pequeña de aguas casi transparentes.

En 1986 fue la primera reserva marina declarada en España, gracias a sus praderas de posidonia. Si traes gafas y tubo, el snorkel aquí es un lujo.

Consulta horarios y tarifas de los barcos antes de ir. En verano, comprar el billete con antelación te ahorra colas en el muelle (y el sol de mediodía en la espalda).

3. Las Salinas de Santa Pola al atardecer

Casi 2.500 hectáreas de lagunas rosadas junto a la carretera. Es un humedal protegido donde viven miles de aves acuáticas.

Los flamencos buscando comida con el cielo anaranjado detrás son una imagen difícil de olvidar. Los senderos están señalizados y se recorren a pie, sin pagar entrada. Lleva calzado cómodo y unos prismáticos si los tienes.

4. La Torre de Tamarit

Una antigua torre de vigía asoma en el paisaje de las salinas con los reflejos del cielo a sus pies. Es un rincón muy buscado por quienes viajan con cámara.

Ve cuando el sol baja. Las balsas se tiñen de rojo y la torre se queda recortada contra el agua. Aquí la luz lo hace casi todo.

5. El mirador del Faro

Para ver la costa desde arriba hay que subir al acantilado. Al fondo, la silueta de Tabarca sobre el azul y las bahías que se suceden hacia el sur.

Sopla bastante viento (y huele a pino y a salitre). Un cortavientos ligero te hará más cómoda la visita, incluso en meses cálidos.

6. La playa de Levante

Es la playa urbana de la villa, a un paso del paseo marítimo. El agua suele estar tranquila y el fondo desciende poco a poco, lo que la hace cómoda si viajas con niños.

Al lado tienes restaurantes de cocina mediterránea, así que baño y mesa quedan muy cerca. Es un plan sin complicaciones para media jornada.

7. El puerto pesquero y la lonja

Aquí sigue latiendo la tradición del pueblo. Hacia las 16:00 empiezan a entrar las barcas, seguidas de una nube de gaviotas ruidosas.

En la lonja anexa se vende pescado y marisco recién capturado. Mirar descargar las cajas con el cielo de la tarde es un plan sencillo y muy auténtico.

8. Las calas de Santiago Bernabéu

Si prefieres algo más recogido que las grandes playas, estas calas pequeñas son tu sitio. Los espigones de piedra frenan las corrientes y dejan rincones de arena fina para tumbarse a leer.

Es un buen plan para media mañana, con el murmullo de las olas de fondo y poco más que hacer.

Santa Pola en TikTok

Si quieres ver cómo se vive este rincón a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:

Recomendaciones para organizar la visita

La mejor época para evitar atascos es mayo, junio o septiembre. El mar sigue invitando al baño y el ambiente es mucho más relajado. (Y sí, aparcar cerca del puerto resulta bastante más fácil).

Para dormir, lo cómodo es quedarte cerca del paseo marítimo y del puerto, desde donde todo queda a mano. Un fin de semana largo da para los ocho planes sin ir con el reloj en la mano.

A la hora de comer, reserva mesa en el paseo y pide un caldero tabarquino. Es un arroz cocinado con el caldo concentrado de pescado de roca, y llega a la mesa con un alioli casero de los que se recuerdan.

Guarda esta ruta para tu próxima escapada a la Costa Blanca. ¿Qué rincón fotografiarás primero?

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