Hay uvas que llevan años de telonero. El graciano ha sido una de ellas en Rioja: casi siempre un pellizco dentro del ensamblaje, rara vez el nombre en la etiqueta. El Amador Medrano Valdegamarra Graciano 2021 le da la vuelta a esa costumbre y lo sirve entero, sin tempranillo que le haga sombra.
Es un tinto de Rioja Alavesa con una idea muy clara: enseñar qué hace esta variedad cuando se la deja sola. Si buscas un vino de autor y te cansa pagar solo el nombre de las bodegas de siempre, merece que sigas leyendo.
La finca Valdegamarra y su suelo pobre
Todo arranca en la finca Valdegamarra, a 610 metros de altitud, en la falda de la Sierra de Cantabria. El suelo es arcilloso-calcáreo, pobre y áspero, de los que obligan a la cepa a buscar agua y a producir poco (y ese esfuerzo se nota en el vaso).

La bodega es Medrano Irazu, en Elvillar, con unos cuarenta años de recorrido. Al frente está Amador Medrano, la segunda generación de la casa, que ha apostado por la vinificación por parcelas: cada trozo de viña se vendimia y se elabora por separado para que cada uno conserve su carácter.
Qué aporta el graciano
Conviene entender por qué esta uva importa tanto. Cuando se mezcla, sus virtudes se reparten; cuando se embotella sola, hay que responder por todas. Quien la elabora en solitario asume el riesgo de enseñarla sin maquillaje.
El graciano da lo que al tempranillo le suele faltar: acidez viva, color profundo y una estructura pensada para durar. Por eso los riojanos de toda la vida lo han usado como el nervio de sus mezclas. Aquí es monovarietal, y se nota porque el vino no tiene dónde esconderse.
Dato de referencia: este 2021 suma 92 puntos en la Guía Peñín y 91 puntos de Tim Atkin. Son dos prescriptores distintos que coinciden en el nivel.
La crianza es corta, en barrica de roble, la justa para añadir un fondo de madera sin tapar la fruta negra. Tiene 13,5 grados, un volumen de alcohol contenido para un tinto de esta concentración.
En la copa
Mira el color: cereza oscura, casi cerrada en el centro. En nariz domina la fruta negra madura con ese punto de madera discreta. En boca es tenso y fresco, con un tanino firme que pide comida, y un final que no se apaga enseguida.
Un detalle práctico antes de comprar: la producción de la finca es limitada, así que conviene no fiarse de encontrar siempre esta añada en cualquier tienda. Eso sí, cuando aparezca, tiene ventaja.
Al ser una añada 2021, está en buen momento para abrirlo ya. Su estructura, sin embargo, aguanta bien en botella, así que si tienes varias puedes descorchar una ahora y dejar otra para más adelante y comparar.
Cómo servirlo
No lo sirvas caliente. Entre 15 y 16 ºC se muestra en su mejor versión, con la acidez limpia y la fruta nítida. Una copa tipo borgoña, de balón ancho, deja que respire sin dispersar los aromas.
Truco de sommelier: si lo notas cerrado al abrirlo, déjalo en la copa unos minutos antes de juzgarlo. El graciano necesita aire más que ningún otro.
Con qué maridarlo
Piensa en platos con carácter, de los que no se dejan arrollar por un vino tenso. La regla sencilla: grasa y sal en el plato, acidez y tanino en la copa.
Las carnes rojas a la brasa son el terreno natural: piden justo esa acidez y ese tanino. También va bien con quesos curados, cuya sal y grasa suavizan el empuje del vino.
Si te gusta explorar Rioja más allá del tempranillo, este graciano de Elvillar es una buena puerta de entrada. ¿Lo descorchamos con un queso curado o esperamos a tener la brasa encendida?




