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Castillo de St Andrews: 5 episodios de asedios y reconstrucciones

Historia del Castillo de St Andrews, en la costa de Fife: el palacio de los obispos, Eduardo I, la tierra quemada de 1337 y la obra de Walter Trail.

Castillo de St Andrews: 5 episodios de asedios y reconstrucciones
Escrito porValeria Navas Sampedro
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3 min de lectura

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¿Cómo acaba un castillo cortado casi a la mitad por el mar? En la costa de Fife, el Castillo de St Andrews se asoma a un acantilado azotado por el viento del Mar del Norte. Hoy son ruinas, pero en sus muros quedó escrita buena parte de las guerras entre Escocia e Inglaterra y del poder de la Iglesia medieval.

Si estás preparando un viaje por Escocia, merece la parada. No es el típico castillo de cuento. Es una sucesión de construcciones, saqueos y reconstrucciones que se entiende mucho mejor si se recorre por orden.

Hoy lo cuida Historic Environment Scotland como monumento protegido. Tiene centro de visitantes, una zona de exposición y una tienda, así que conviene llegar con tiempo para leer lo que cuentan sobre cada etapa.

Castillo de St Andrews: 5 episodios de asedios y reconstrucciones

1. Un palacio de obispos antes que una fortaleza

Lo primero que hay que saber es que no nació como castillo militar. Las primeras piedras las colocó el obispo Roger entre 1189 y 1202, para dotar a la sede religiosa más poderosa del país de una residencia a su altura.

Era un palacio, con lujo y ceremonia, y no un simple refugio. Refleja el peso que tenía la Iglesia en Escocia antes de la Reforma protestante, cuando los obispos acumulaban tanto poder político como religioso.

Si te colocas en lo que queda de los muros y miras hacia el mar, cuesta imaginar la vida cortesana que se llevaba aquí. Pero ese contraste, entre el aire salado y el recuerdo de un palacio, es parte del encanto.

2. 1296: Eduardo I cambia las reglas

Las Guerras de Independencia de Escocia lo cambiaron todo. En 1296, Eduardo I de Inglaterra saqueó Berwick, y desde entonces el castillo pasó de unas manos a otras. Los ingleses lo tomaron en 1303 para usarlo como cuartel general de su rey.

La razón es fácil de ver desde el promontorio: el cabo domina la costa, y quien lo controlaba controlaba los accesos. Por eso ambos bandos lo querían, y por eso cada cambio de manos dejó cicatrices en la piedra.

3. Bannockburn y el regreso a manos escocesas

La victoria escocesa en Bannockburn, en 1314, devolvió la iniciativa a Robert the Bruce y a sus aliados, y el castillo volvió a manos escocesas. La calma duró poco. En la década de 1330, los ingleses contraatacaron y volvieron a hacerse con él, reforzando sus defensas.

Tip práctico: no te quedes solo con la vista desde arriba. Baja a la pequeña playa de Castle Sands, justo al lado. Desde la arena, los acantilados y las ruinas se ven con una perspectiva muy fotogénica.

4. Tierra quemada entre 1336 y 1337

El capítulo más sorprendente llegó en 1336 y 1337. El regente Sir Andrew Moray recuperó el castillo tras un asedio de tres semanas y tomó una decisión radical: derribarlo.

Los escoceses prefirieron demoler sus propias murallas y estancias antes que ofrecer a los ingleses un bastión que pudieran volver a usar. Es una estrategia de tierra quemada, y explica por qué lo que ves hoy no es el palacio original. Cada derribo fue una decisión militar, tomada con la mirada puesta en el siguiente asedio.

5. Walter Trail y la reconstrucción de 1400

Durante décadas, el lugar quedó medio abandonado. Lo salvó a finales del siglo XIV el obispo Walter Trail, que asumió la reconstrucción desde los cimientos y fijó la estructura básica que se reconoce hoy.

Su obra devolvió vida al conjunto tras años de ruina. Trail apreciaba tanto este rincón que vivió aquí hasta el final: murió entre sus muros de piedra en 1401.

Cómo visitarlo con calma

Reserva al menos un par de horas. Empieza por el centro de visitantes para situarte en las fechas, sigue por las ruinas y deja la playa para el final, cuando ya sepas qué estás mirando.

Lleva una chaqueta cortavientos: en esa costa el aire sopla casi siempre, incluso en verano. Y calzado con agarre, porque el terreno es irregular y, con el suelo húmedo, resbala.

Si viajas con niños o con quien no es de ruinas, la playa y el mar ayudan a hacer la visita más corta y amena. Si te interesa la historia, lee los paneles con calma: las fechas de esta lista se ven mucho más claras sobre el terreno.

Pasear entre estas piedras es acompañar a obispos, soldados y reyes que se disputaron la misma colina. ¿Te animas a seguir su rastro por la costa de Fife?

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