Seguro que has tarareado «Mediterráneo» en el coche más de una vez. La tradición local sitúa su origen en Calella de Palafrugell, un antiguo pueblo de pescadores de la Costa Brava, en Girona, donde las casas encaladas se asoman al mar casi a ras de roca.
Es un buen lugar para una escapada de fin de semana si te gustan el paseo, la música y el agua clara. Aquí no hay grandes complejos hoteleros que tapen la costa: el pueblo conserva la escala de siempre, con calles estrechas y barcas varadas sobre la arena.
Estas son seis paradas para recorrer Calella de Palafrugell con orden, más una sección final con recomendaciones para organizar la visita.

1. Port Bo, la estampa de las barcas en la arena
Empieza por Port Bo, la imagen más fotografiada del pueblo. Las barcas de madera tradicionales descansan directamente sobre la arena, frente a las casas blancas, y la escena recuerda a un cuadro del siglo XIX.
Es también el escenario de la cantada de habaneras que se celebra cada verano. El canto se oye desde los porches y reúne a mucha gente, así que, si coincides, llega con tiempo para sentarte.
2. El Hotel Batlle y la leyenda de Serrat
Cuenta la memoria del pueblo que Joan Manuel Serrat se alojó en el Hotel Batlle en busca de inspiración y que Calella dejó huella en su «Mediterráneo». No hay mejor forma de comprobarlo que caminar sus calles empedradas y mirar el mar desde arriba.
Dato clave: la vinculación de Serrat con el pueblo forma parte de la tradición local. Si te interesa, pregunta en la oficina de turismo por los lugares asociados al cantautor.
3. Las calas junto al casco antiguo
El litoral de Calella se corta en calas pequeñas, separadas por rocas y pinos. El agua es transparente y el fondo se ve desde la orilla, aunque la arena se llena pronto en verano.
Lleva chanclas para entrar al agua: la piedra de la costa resbala cuando está húmeda.
4. El Camí de Ronda hasta Llafranc
Es el plan más recomendable para quienes buscan una ruta a pie. El Camí de Ronda une Calella con la playa vecina de Llafranc por un sendero tallado en la roca, entre pinos que se agarran a los acantilados y fondos marinos transparentes.
No hace falta forma física de atleta. Es un paseo para ir despacio, parar a fotografiar y disfrutar del mar a la altura de los ojos.
5. Los porches y el arroz caldoso
Después de caminar, toca sentarse. En los porches que miran al mar se sirve cocina marinera y, en especial, el arroz caldoso. Son los mismos soportales donde los marineros se protegían de la tramontana, el viento que marca el carácter de esta costa.
Pide un plato de pescado del día y quédate un rato más. El ritmo de Calella invita a ello.
6. La luz del atardecer en la costa del Ampurdán
Termina el día frente al mar. La luz dorada del Ampurdán baja sobre las barcas y las fachadas blancas, y el pueblo se queda en silencio cuando se van los visitantes del día.
Es el mejor momento para entender por qué tanta gente asocia este rincón con una canción.
Recomendaciones para visitar Calella de Palafrugell
- Cómo llegar: en coche desde Girona o Barcelona. En temporada alta cuesta aparcar cerca de la playa, así que madruga o deja el coche lejos y haz el último tramo a pie.
- Qué llevar: calzado con buen agarre para el Camí de Ronda y protección solar.
- Cuándo ir: fuera de los meses de más afluencia el pueblo se recorre con mucha más calma; en verano, prioriza primera hora o la tarde.
- Cuánto tiempo: un día completo permite ver Port Bo, caminar hasta Llafranc y comer sin prisas.
Calella no necesita adornos. Tiene mar, piedra y una canción de fondo que cada visitante canta a su manera. ¿La tararearás tú cuando llegues a Port Bo?








