El casco antiguo de Bocairent se arremolina sobre la ladera noroeste de la sierra Mariola, a unos 622 metros de altitud. Es un pueblo de calles empinadas y escalonadas, con la piedra siempre presente, y cuesta entender cómo se fue levantando sin mirar la roca sobre la que se asienta.
Antes de decir qué ver, conviene saber de dónde viene el lugar. Se atribuye a los romanos su fundación y después hubo un asentamiento musulmán. En 1255 una carta puebla fijó la población cristiana. Durante siglos la manta de lana fue el motor del pueblo, y esa tradición textil explica buena parte de sus calles.
Te propongo un paseo lento, de los que agradecen quienes viajan sin prisa, por nueve rincones del casco y de sus alrededores inmediatos. Aquí se camina más con las piernas que con el reloj.
1. Barrio de la Villa
Es el núcleo medieval, un laberinto de calles empinadas y escalonadas. Dentro de él se reconocen barrios como San Pedro, San Juan y la Virgen de Agosto.
Entra sin mapa durante un rato. Fíjate en los muros de piedra, en las puertas y en cómo cada rincón se adapta a la pendiente.
2. Iglesia parroquial de la Asunción
Se construyó en 1516 sobre el solar de un antiguo alcázar andalusí. Era gótica y después se adaptó al barroco.
Conserva obras de Juan de Juanes, de José Segrelles y de Joaquín Sorolla, además de una cruz procesional y una pila bautismal, ambas del siglo XV. Consulta el horario de apertura antes de subir.
3. Ermita de San Juan
Es la más antigua de la villa y se levantó sobre el solar de una antigua mezquita. En el casco hay también ermitas dedicadas a la Virgen de Agosto y a la Virgen de los Desamparados.
Son edificios pequeños que ayudan a leer cómo cada barrio tenía su templo de referencia.
4. Cuevas de los Moros (Covetes dels Moros)
Es un conjunto de cuevas artificiales de los siglos X o XI, a unos 300 metros del casco antiguo. Tienen unas cincuenta ventanas y cámaras repartidas en tres o cuatro niveles.
Lo más probable es que fueran un granero fortificado. Verás cómo se excavó la roca para guardar la cosecha. Si te interesa saber cómo se conservaba el alimento antes de las neveras, esta es tu parada.
5. Monasterio rupestre
Es de mediados del siglo XVI y fue un convento subterráneo de monjas de clausura, excavado en la roca y con una superficie de 48 metros cuadrados.
Es una visita muy distinta a la de un monasterio al uso. Consulta si se puede entrar antes de ir.
6. Pozo de nieve de San Blas
Es del siglo XVII y está al norte del casco antiguo. Se usó para almacenar nieve hasta el siglo XX y hoy alberga un centro de interpretación.
Aquí se entiende un oficio desaparecido: guardar el frío de la sierra para tenerlo en verano. Es de las paradas con más historia de oficio de todo el pueblo.
7. Plaza de toros
Se inauguró en 1843 y es la más antigua de la Comunidad Valenciana. Está excavada en piedra y tiene un aforo de 3.760 localidades.
Aunque no te interese el toreo, merece la pena verla como pieza de ingeniería popular, encajada en la roca.
8. Hotel L’Àgora
Es un edificio de estilo neomudéjar y modernista valenciano, obra del arquitecto Joaquín Aracil Aznar, de 1925.
Se disfruta mirando la fachada. Sirve para ver que el casco no es solo medieval, sino que fue creciendo con las modas de cada época.
9. Torre de Mariola
Es una torre de vigilancia de época islámica, probablemente del siglo XI, declarada Bien de Interés Cultural. Recuerda que el territorio era de paso y de defensa.
Trátala como el final del paseo, con la sierra a la vista y el pueblo a tus pies.
Cómo recorrer el casco antiguo de Bocairent
El casco se recorre a pie. Las pendientes y escalones son constantes, así que calcula una mañana o una tarde completa si quieres entrar en los espacios excavados, y lleva calzado con buen agarre.
Consejo: evita las horas centrales de calor en verano y prueba a visitarlo en primavera u otoño, cuando caminar por las cuestas es más agradable.
El pueblo es pequeño, de unos 4.000 habitantes, y la mejor forma de conocerlo es dormir en él o muy cerca, para pasear a primera hora sin coches. Comprueba los horarios de los museos y espacios excavados, porque cambian según la época.
Un dato que ayuda a planificar: el pueblo está a unos 622 metros sobre el nivel del mar, en la ladera de la sierra Mariola, y de su término nacen los ríos Clariano y Vinalopó. Eso explica que el paisaje de alrededor sea de monte y no de llanura, y que las cuestas formen parte de cualquier plan.
Otro punto de interés es su fiesta de Moros y Cristianos, en honor a San Blas, una de las más antiguas de la región y declarada de interés turístico nacional. Si coincides con ella, ten en cuenta que el pueblo se llena. También hay un museo arqueológico y un museo de la fiesta, por si te quedas con ganas de más historia.
Si te interesa el producto local, pregunta por la tradición de las mantas, que fue la industria principal del pueblo. Evita las prisas y el coche dentro del casco: las calles no están pensadas para ellos.
¿Te animas a pasar un fin de semana entero aquí, sin horarios, con la sierra Mariola de fondo?








