Una mesa con vistas a un tramo de muralla romana, una ensaladilla bien hecha y una copa de vino natural. Eso es Can Bo Barcelona en una línea, y casi nadie lo espera de un restaurante de hotel.
Se llama Can Bo Vins & Tapes, está en la Vía Laietana y cumplió dos años en octubre. Funciona porque no se parece a lo que suele servirse al turista de la zona.
Aquí va lo que hay que saber antes de reservar: quién cocina, qué pedir, qué se bebe y por qué merece la pena un martes cualquiera.
Una cocina de mercado y una idea sencilla
Can Bo ocupa los bajos del Grand Hotel Central, pero tiene entrada propia desde la calle. No hace falta alojarse para sentarse.
Detrás está Lorenzo Cavazzoni, chef ejecutivo del hotel. La carta mezcla la base mediterránea y catalana con pinceladas italianas. Oliver Peña fue el asesor gastronómico del proyecto hasta el año pasado y ya no está vinculado a él, aunque algunos platos que acompañan a Can Bo desde el principio siguen llevando su sello.
«El plato empieza en la búsqueda de los proveedores», decía Oliver Peña cuando asesoraba la carta. Mercado y pequeños productores locales mandan en la carta.
Qué pedir para compartir
La carta está pensada para picar entre varios. Entre los platos que más se citan:
- Roll de pulpo frito con mojo rojo, crujiente por fuera.
- Ensaladilla rusa, de las clásicas.
- Pasta fresca, la huella de Cavazzoni.
- Socarrat, el arroz tostado del fondo de la paella, el favorito de los habituales.
No busca reinventar nada. Cocina conocida, con técnica y producto de mercado, y una carta corta que se entiende a la primera sin necesidad de traductor ni de explicaciones largas del camarero. La carta cambia con la temporada, así que conviene preguntar qué hay antes de decidir.

La bodega: más de 150 referencias
El sumiller Amador Marín dirige una bodega de más de 150 vinos, muchos de mínima intervención. Es decir, elaborados con la menor manipulación posible en bodega, con poco o nada añadido.
Si empiezas en el vino natural, pide copa y deja que te aconsejen. Hay catas y copas seleccionadas para acompañar la «tapa de la semana», una forma cómoda de probar etiquetas nuevas sin comprometerte con la botella.
Truco de sala: pregunta por la copa que mejor acompaña la tapa de la semana antes de mirar la carta larga. Casi siempre es la decisión más acertada.
El local y la muralla
Los grandes ventanales dan a la antigua muralla romana de Barcelona. Comer con un trozo de la ciudad romana delante cambia el ritmo de la comida.
La cocina fría trabaja durante todo el día, así que no hace falta ajustarse a la hora del almuerzo o de la cena para picar algo.
Cómo montar la visita
Si vas en pareja o con un amigo, pide tres o cuatro platos fríos y calientes para empezar y deja el socarrat para el final. Así llegas con hambre a lo más contundente.
Para una comida más larga, reserva en las horas de más luz: los ventanales hacen buena parte del trabajo. Si prefieres una cena tranquila, pide mesa junto a la muralla.
Y si caminas por Laietana a media tarde, recuerda que la cocina fría sigue abierta. Una copa de vino natural con algo de picar es una pausa mucho mejor que otro café.
Para quién es Can Bo
Para quien quiere tapas con criterio en pleno centro, sin la sensación de estar en un restaurante de hotel. Para quien disfruta de una carta de vinos con carácter. Y para quien lleva años pasando por Laietana sin entrar.
La cocina catalana y la italiana se entienden bien cuando el producto es bueno. ¿Quién se anima a pedir la tapa de la semana y a brindar frente a la muralla?








