Trujillo se sube a pie. Las calles de granito trepan entre casas de linaje, y de pronto, a pocos pasos de la plaza más animada, una puerta da a un silencio inesperado. Detrás está el Parador de Trujillo, un antiguo convento de clausura metido en el casco histórico, a unos doscientos metros de la Plaza Mayor.
Esos metros marcan la diferencia. Fuera queda el rumor de la villa y dentro manda el eco de las galerías, la piedra del siglo XVI y un patio más reciente que dialoga con ella. Esta guía recoge nueve paradas, unas dentro de los muros y otras por las cuestas de alrededor.
Ficha del parador
Parador de Trujillo
- Edificio
- Antiguo convento franciscano de Santa Clara
- Época
- Siglo XVI (fundado en 1533)
- Dirección
- Santa Beatriz de Silva, 1, 10200 Trujillo (Cáceres)
- Piscina
- Piscina exterior de temporada; paradores.es remite a comprobar fechas
- Aparcamiento
- Garaje de pago y parking exterior de pago
- Cocina
- Regional extremeña
1. Un convento fundado en 1533
Antes de hotel fue el convento de Santa Clara, fundado en 1533 según Turespaña. Su corazón es un claustro de columnas y arcos renacentistas. Por un lado enlaza con la iglesia antigua, cubierta con bóveda. Por el otro se abre a un segundo patio de trazo contemporáneo.
Durante el siglo XVII, la comunidad quedó anexionada a San Clemente, una parroquia gótica. De ahí que el conjunto reúna volúmenes de épocas distintas. Todo ello se encuentra dentro de un casco que recibió la categoría de Conjunto Histórico en 1962.
Quienes buscan entender cómo suena la historia deberían empezar aquí. En las galerías encaladas, cada pisada rebota en el techo, y hacia media tarde la luz oblicua dibuja franjas muy marcadas.
Un detalle para curiosos: el plan de conservación financiado con fondos Next Generation se centra en el claustro, el coro, las fachadas y la espadaña. Prevé rehabilitar el coro alto y abrirlo al público algún día. Turespaña estima unos 12 meses de obras.

2. Dormir entre vigas y barro cocido
El portal oficial ofrece dos categorías de cuarto, la doble estándar y la doble superior. Las imágenes enseñan techos de vigas vistas, suelos de barro y alguna cama con dosel ligero. Es una forma de rendir homenaje a la sobriedad del convento sin sacrificar la comodidad.
Entre los servicios hay climatización, ascensor, wifi gratuito, servicio en habitación y accesibilidad adaptada. Cuando aprieta el calor, la piscina de temporada y el jardín alivian tanta piedra gris.
El aparcamiento, tanto en garaje como al aire libre, es de pago según Paradores.
Consejo para conductores: el casco viejo es de calles angostas y empinadas. Aparca junto al hotel y recorre la villa a pie.
3. Cenar donde antes se rezaba
La antigua iglesia alberga hoy el restaurante, que la casa define como refectorio moderno. Bajo esas bóvedas hasta una charla corriente suena diferente.
La casa habla de cocina extremeña de toda la vida, con retoques actuales. En su web aparecen la sopa de tomate con comino e higos pajareros, el zorongollo, un solomillo de ternera retinta acompañado de Torta del Casar, y como postre un helado de queso fundido con miel de Villuercas e Ibores.
Cierran el cuadro el ibérico de bellota con denominación Dehesa de Extremadura y los quesos cacereños. Es una cocina que el propio parador describe como austera y potente, heredera de la tradición de los monjes.
Horas orientativas que publica paradores.es: se almuerza entre las 13:30 y las 16:00, y se cena entre las 20:00 y las 22:30. Confírmalas al reservar.
4. La Plaza Mayor y Pizarro a caballo
Basta un paseo corto para llegar a la Plaza Mayor. En medio se alza el monumento ecuestre a Francisco Pizarro. A su alrededor están el Palacio de la Conquista, la Casa de las Cadenas y la iglesia de San Martín de Tours.
Sirve de primer paseo nada más soltar la maleta y de última parada cuando oscurece.
5. Linajes de piedra en la parte alta
Trujillo se vende como tierra de descubridores, y las fachadas dan fe. Camino arriba aparecen Santa María la Mayor, con su iglesia, y mansiones como la de los Orellana.
El parador reúne estas visitas con el nombre de «iglesias parroquiales y palacio». Dedícales una mañana entera, sin reloj.
6. Atardecer en el castillo
Coronando la villa está el castillo, que se divisa desde casi cualquier esquina. En su interior se venera a la patrona, la Virgen de la Victoria, y desde el adarve se contempla toda la llanura.
Conviene subir al caer el sol, cuando la piedra se vuelve dorada.
7. Dos museos para entender la comarca
La historia de la villa se completa en la Casa-Museo de Pizarro. A solo 5 km, el Museo Rural Etnográfico de Huertas de Ánimas muestra el reverso: la vida cotidiana del campo.
8. Monfragüe, a una hora larga
A unos 50 km queda el Parque Nacional de Monfragüe, la salida natural de referencia. Sus miradores sirven para localizar al águila imperial y al buitre negro, y las sendas permiten recorrerlo sin prisas.
Planea un día completo y no olvides los prismáticos.
9. Una ruta de piedra por Extremadura
Para quien antepone la piedra al paisaje, el parador propone estas distancias, que dibujan una ruta de lo más redonda:
- A 48 km, Cáceres.
- A 80 km, Guadalupe.
- A 90 km, Mérida.
- A 100 km, Plasencia.
- A 135 km, la comarca de La Vera.
(Y sí, un fin de semana da para Trujillo y Cáceres juntas, porque la autovía las une en menos de una hora).
Trujillo en TikTok
Si quieres ver Trujillo antes de ir, este vídeo te da una buena idea de lo que tendrás cerca del parador.
Preguntas frecuentes
¿Se puede visitar el parador sin alojarse?
Sí, el restaurante admite mesas de quien no duerme allí. Reserva para el almuerzo, de 13:30 a 16:00, o para la cena, de 20:00 a 22:30.
¿Hay aparcamiento?
Sí, un garaje de pago y un parking exterior, también de pago. Trujillo es una villa de cuestas y calles estrechas, y llegar con plaza asegurada se agradece.
¿Tiene piscina?
Sí, exterior y de temporada, de modo que en las horas centrales del verano es el mejor plan. Antes de reservar conviene confirmar las fechas de apertura.
¿Qué puedo ver a pie desde el parador?
El castillo y el santuario de la Virgen de la Victoria están a 3 minutos. A 5 minutos, las Huertas de Ánimas, un museo rural etnográfico que da una idea de cómo se vivía en la zona.
Cómo llegar y cuándo ir
Trujillo se encuentra al suroeste de la provincia cacereña. Desde Cáceres capital, la A-58 recorre 48 km. Desde Madrid (a 255 km) o desde Badajoz, el camino es la A-5, la autovía extremeña.
La dirección es Santa Beatriz de Silva, 1, en pleno centro histórico. Dos días alcanzan para la villa y una excursión.
Primavera y otoño son los meses más llevaderos para las cuestas y el castillo. En verano, deja las calles para el atardecer y refréscate en la piscina durante las horas de más calor.
Guarda esta guía si piensas en Extremadura. Y madruga una mañana: el claustro vacío, antes de que despierte la plaza, es el mejor recuerdo.








