Hay pueblos que se recorren y otros que se leen piedra a piedra. Ayllón, en el nordeste de la provincia de Segovia, pertenece al segundo grupo: una villa declarada Conjunto Histórico-Artístico que conserva intacto buena parte de su trazado medieval y a la que se entra, como hace siglos, cruzando un puente sobre el río Aguisejo.
La caliza de tono rojizo se mezcla aquí con el adobe y la madera de las casas populares. Al fondo, el rumor del agua; arriba, en el cerro, los restos del castillo vigilando los tejados de teja árabe.
Su peso histórico no es menor. En Ayllón se firmó en 1411 el Tratado de Ayllón con el Reino de Portugal, y aquí residió durante un tiempo el condestable Don Álvaro de Luna, en 1429. Esa huella nobiliaria se nota en cada escudo de armas que asoma sobre los portones.
Si es tu primera visita, ponte calzado cómodo y prepárate para mirar hacia arriba. Esta es la ruta que te propongo, ordenada para que no tengas que volver sobre tus pasos.
La entrada: puente y Arco de la Villa
El primer contacto con la villa es el puente de piedra del siglo XVI que salva el Aguisejo. Al otro lado espera el Arco de la Villa, la única puerta de medio punto que queda de la antigua muralla.
Fíjate en su remate: luce cuatro escudos tallados en caliza rojiza, de los linajes que gobernaron el señorío, entre ellos los marqueses de Villena. Cruzar ese umbral es lo más parecido a cambiar de siglo sin máquina del tiempo.
Palacios y casas blasonadas
A unos pasos del arco aparece el Palacio de los Contreras, que mandó levantar Don Juan de Contreras a finales del siglo XV. Su portada es una de las joyas del estilo isabelino en la provincia, rodeada por un cordón franciscano esculpido en relieve.
Merece la pena detenerse en la sillería bien escuadrada y en las ventanas geminadas con tracería gótica (detalles que hablan, sin necesidad de cartel, del poder de la nobleza local al final de la Edad Media).
Sigue después por las calles secundarias hasta la Casa del Águila, un caserón de líneas sobrias que debe su nombre al gran escudo con un águila que corona su entrada.
Estos blasones eran mucho más que adorno. Las armas talladas en piedra señalaban la exención de impuestos del propietario y su fidelidad a la corona en los conflictos sucesorios del siglo XV. Leerlas es una pequeña clase de heráldica castellana al aire libre.
En la calle del Parral se encuentra la Casa de la Torre, considerada el edificio civil más antiguo del casco histórico. Se fecha en el siglo XIII y combina tapial, mampostería y arcos ciegos de inspiración mudéjar, con vanos abocinados que delatan la transición entre el románico tardío y las técnicas hispanomusulmanas.
La Plaza Mayor de Ayllón, el corazón de la villa
Todo confluye en la Plaza Mayor, porticada y de planta irregular, con pies derechos de madera, pilares de piedra y la fachada de la iglesia de San Miguel presidiendo el conjunto.
Desde la Baja Edad Media ha sido mercado semanal, coso taurino y salón social del pueblo. Siéntate un rato bajo los soportales: es el mejor sitio para entender cómo se vive Ayllón.
La iglesia de San Miguel tiene origen románico del siglo XII, que se aprecia en su portada de medio punto con decoración de ajedrezado jaqués. En el pórtico lateral descansan sepulcros góticos de caballeros de la villa, representados con su indumentaria militar y sus armas.
El tip: el casco histórico es peatonal y se visita gratis. Si puedes, recórrelo a primera hora o al caer la tarde: la luz rasante enciende el rojo de la caliza y las fotos salen sin gente.
Santa María la Mayor y el Convento de San Francisco
En un extremo del trazado medieval se levanta la iglesia de Santa María la Mayor, reconocible por su gran campanario barroco, que se distingue desde la carretera al acercarte a la villa.
El templo actual es del siglo XVII y ocupa el lugar de una iglesia románica anterior que se vino abajo. Dentro guarda un retablo mayor neoclásico y piezas de orfebrería de plateros segovianos de los siglos XVI y XVII.
Ya fuera del recinto amurallado está el Convento de San Francisco. La tradición atribuye su fundación al propio San Francisco de Asís, que habría pasado por aquí camino de Santiago de Compostela en 1214.
Hoy la iglesia conventual está repartida entre propiedad privada y ruina consolidada, pero su fachada barroca del siglo XVIII sigue imponiendo. Las alamedas que la rodean invitan a pasear sin prisa junto al agua.
Subida a la Torre de la Martina
Para tener la mejor vista de Ayllón hay que ganar algo de altura. En lo alto del cerro que domina el pueblo queda la Torre de la Martina, el resto más reconocible del antiguo castillo, que sirvió como atalaya de vigilancia sobre la comarca.
Se sube por un sendero escalonado y de pendiente suave que arranca en el propio casco urbano. Arriba verás los cimientos de los viejos lienzos de muralla y un panorama completo del valle y de los tejados.
Paseo junto a la muralla y el río
Para cerrar la ruta, bordea el tramo sur del recinto siguiendo el curso del Aguisejo. El camino, ajardinado, corre paralelo a los paños de mampostería, donde todavía se distinguen los mechinales que dejó el encofrado medieval.
Los chopos dan sombra y los bancos del parque son perfectos para descansar las piernas mientras contemplas la base de la muralla.
Consejos para organizar tu visita a Ayllón
- Cómo llegar: la villa está en la N-110, la carretera que une Soria y Plasencia. Desde Madrid, por la A-1 con desvío hacia Riaza. Hay unos 94 km desde Segovia capital y 135 km desde Madrid.
- Tiempo: calcula al menos 3 horas para pasear con calma y subir a la Torre de la Martina.
- Qué comer: cordero lechal asado en horno de leña o unas buenas sopas de ajo en los mesones del casco antiguo.
Al final del día, con el sol bajando sobre la caliza y el río sonando bajo el puente, la pregunta es otra: ¿por qué portón vas a empezar la próxima vez?








