El motor de la barca tose, la espuma salta sobre la borda y el agua cambia de verde a un turquesa casi irreal. Así empieza la excursión a la Isla Changuu, un islote de coral frente a Stone Town que los viajeros conocen como Prison Island.
Cuesta imaginar que este rincón tan plácido albergara una cárcel. Pero la historia colonial de Zanzíbar dejó aquí muros, celdas y un hospital, y la naturaleza se ha ido quedando con ellos poco a poco.
La isla funciona como contrapunto a los resorts del norte, donde mandan la hamaca y el chiringuito. Es un plan de medio día para curiosos, para quienes disfrutan con los animales y para quien no suelta la cámara. Estas son las ocho paradas que merecen tu tiempo.
1. El viaje en barca desde Stone Town
La excursión arranca en la playa trasera del antiguo fuerte de Stone Town. De allí salen las barcas tradicionales a motor, y la travesía dura entre 20 y 30 minutos.
Sentarse en proa compensa. Ves crecer la silueta de los edificios de piedra entre la vegetación mientras el oleaje golpea el casco con un ritmo constante. (Lleva calzado que puedas mojar: el embarque se hace con los pies en el agua.)
Negocia el trayecto directamente en el muelle y confirma qué incluye antes de subir. Si puedes, sal pronto: la isla se disfruta mejor con menos gente en los senderos y con la luz de la mañana sobre el agua.
2. La prisión que nunca fue prisión
A finales del siglo XIX las autoridades coloniales británicas levantaron aquí un recinto para encerrar a presos conflictivos del continente. El plan cambió sobre la marcha.
El edificio acabó sirviendo de estación de cuarentena para frenar los brotes de fiebre amarilla que amenazaban el puerto de la capital. Hoy quedan muros desconchados y celdas vacías con raíces asomando por las ventanas.
Camina despacio por los pasillos. El silencio entre esas paredes pesa más que cualquier panel explicativo.
3. Las tortugas gigantes de Aldabra
Aquí está el motivo por el que casi todo el mundo viene. Bajo la sombra de los árboles avanza una colonia de tortugas gigantes de Aldabra, una especie en peligro de extinción.
Llegaron en 1919, como regalo del gobernador británico de las Seychelles. Algunas de las actuales superan los 150 años, y se mueven con una calma que contagia.
Los cuidadores te darán hojas verdes para ofrecérselas. Oirás el crujido del bocado, un sonido seco y sorprendentemente fuerte. Además, te explicarán cómo se protege su reproducción en la isla.
4. El antiguo lazareto
Cerca de la zona residencial siguen en pie los restos del hospital de cuarentena. Su arquitectura es sobria y funcional, de época victoriana, adaptada al calor del trópico.
Recorrerlo ayuda a imaginar las semanas que pasaban aisladas las tripulaciones antes de pisar Stone Town. Hay paneles informativos sobre las rutas marítimas sanitarias de principios del siglo XX.
Es una parada para los que disfrutan leyendo la historia médica colonial sobre el propio terreno. Dedícale diez minutos y fíjate en cómo el edificio mezcla piedra gruesa y aberturas amplias para que corra el aire del océano Índico.
5. Un sendero a la sombra por el bosque interior
Cuando el sol de mediodía aprieta, el centro de la isla ofrece un camino de tierra batida y fresco. El recorrido cruza selva secundaria con árboles del pan y cocoteros.
Son apenas 15 minutos, pero el paseo da una idea de cómo era la vegetación del archipiélago antes de la mano humana. Se oyen los pájaros tejedores y, entre las raíces de coral, asoman pequeños lagartos.
Si prefieres ver la isla antes de ir, este vídeo de otros viajeros enseña la travesía, las tortugas y las aguas de Changuu y de la vecina Nakupenda.
6. Snorkel en el arrecife de coral
La costa oeste de la isla está rodeada por un arrecife de coral poco profundo. Con gafas y aletas puedes asomarte a un mundo de estrellas de mar, peces payaso y corales blandos.
Pregunta en el embarcadero si el equipo básico va incluido en tu trayecto, porque cambia según el barquero. El agua suele estar en calma, ideal para quien se estrena con el snorkel.
7. La playa de arena blanca junto al muelle
Junto al pequeño embarcadero de madera se abre una franja de arena fina. Con la marea baja se ensancha y se convierte en una lengua perfecta para caminar con el agua por los tobillos.
Los arrecifes exteriores frenan el oleaje, así que bañarse aquí se parece a flotar en una piscina salada y templada. Reserva este rato para el final, después del paseo por el interior. Es un buen sitio para sentarse, descalzo, a escuchar las olas pequeñas rompiendo sin prisa.
8. Almuerzo en la terraza del Matthews Restaurant
La antigua residencia del gobernador es hoy, en parte, un restaurante con terraza de madera y vistas al mar. Funciona como cierre redondo de la visita.
La carta mezcla marisco del día con arroz pilau aromatizado con especias locales. Los precios son más altos que en la capital por la logística de la isla, pero ver pasar los dhow, los veleros tradicionales, por el horizonte compensa.
Recomendaciones para visitar la Isla Changuu
- Cuánto tiempo: cuenta con una excursión de medio día, travesía incluida.
- Qué llevar: calzado mojable, gafas de snorkel si tienes las tuyas y agua.
- Cómo organizarlo: sale a cuenta combinar la isla con una mañana en Stone Town, que queda a un paso del punto de embarque.
- Para quién es: viajeros curiosos, amantes de la fauna y fotógrafos.
Si dudas entre quedarte en un café de la capital escuchando leyendas coloniales o subirte a una barca para dar de comer a tortugas centenarias, ¿cuál de los dos planes te cuenta mejor la historia de Zanzíbar?








