Aterrizas, cruzas la terminal y el cartel del tren dice «Frankfurt Hauptbahnhof». Para mucha gente el viaje acaba ahí, en una escala entre dos vuelos. Error.
Esta ciudad tiene una fama injusta de oficina de cristal y banqueros con prisa. Mainhattan, la apodan con guasa por el río Meno, y es cierto que su skyline no se parece a ningún otro de Alemania. Pero a sus pies hay plazas reconstruidas, una orilla llena de museos y tabernas de madera donde se bebe sidra.
Si te estás preguntando qué ver en Frankfurt, aquí tienes una ruta de ocho paradas que mezcla el dinero con la vida de barrio.
1. Römerberg, la plaza que se levantó de nuevo
La primera parada es el Römerberg. Aquí late Frankfurt, y el ayuntamiento, el Römer, lleva más de 600 años en esta plaza. Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial la destruyeron casi por completo, y aun así la reconstrucción es tan fiel que parece salida de un cuento de los hermanos Grimm.
Mira las fachadas con calma. Los entramados, los colores y los tejados puntiagudos piden una foto de cerca y otra de lejos.
2. El nuevo casco antiguo y la Catedral
Pegado a la plaza, el Dom-Römer-Quartier, o Nuevo Casco Antiguo, recrea callejones medievales con una exactitud casi quirúrgica. Pasea sin mapa y luego entra en la Catedral de San Bartolomé, el Kaiserdom, escenario de las coronaciones de emperadores del Sacro Imperio.
La torre de la catedral tiene 328 escalones. Quien los suba encuentra el encuadre más famoso de la ciudad: piedra gótica delante y torres de cristal detrás.
3. Main Tower, el skyline desde las alturas
Ninguna otra ciudad alemana tiene un perfil de rascacielos como este. El sitio para comprobarlo es la Main Tower, la única torre con plataforma pública al aire libre, a 200 metros del suelo. Allí arriba el viento deja claro que estás en el centro del dinero europeo.
Se distingue el Eurotower, con su gran símbolo del euro en azul, parada fija de las cámaras. De vuelta en la calle, pasea por el distrito financiero cuando cierran los mercados: las oficinas se vacían y los bares de after-work se llenan.
4. Museumsufer, la orilla de los museos
Atraviesa el Meno por el Eiserner Steg, el puente de hierro lleno de candados, y llegarás al Museumsufer. Más de 15 museos se alinean frente al agua, una de las concentraciones de arte más potentes de Europa.
El Städel Museum es el que no debes saltarte: siete siglos de pintura, de Rembrandt a Picasso. Si te apetece algo más fresco, apunta el Museo de Artes Aplicadas, el MAK, y el Museo del Cine.
Truco: los sábados por la mañana se instala en esta orilla un gran mercadillo de antigüedades. Va bien para curiosear entre objetos vintage y ver a los locales en su día más tranquilo.
5. Sachsenhausen y la sidra de manzana
Pasado el río, Sachsenhausen es el barrio que conserva las costumbres. La bebida de la casa es el Apfelwein, un vino de manzana que llega a la mesa en un Bembel, la jarra de cerámica gris azulada, y se toma en vasos tallados, los Geripptes.
Siéntate en «Adolf Wagner» o en «Zum Gemalten Haus», dos tabernas históricas, y pide la Grüne Soße, una salsa de siete hierbas que, según se cuenta, obsesionaba a Goethe. Las mesas son corridas y el ruido, constante: allí comparten banco banqueros sin corbata, estudiantes y artistas.
6. Bornheim y la Berger Straße
Para salir del circuito turístico, el metro te lleva a Bornheim. Su Berger Straße, la calle más larga de la ciudad, enseña cómo vive un frankfurtés: tiendas de diseño independiente, cafés de especialidad y mucho ambiente de barrio.
Junto a la torre de Bornheim se monta un mercado semanal con producto local. Sirve para probar algo, sentarse y dejar pasar la tarde.
7. La Casa-Museo de Goethe
Si te gustan los libros, esta casa es cita obligada. El escritorio donde se escribió el «Fausto» impone, y ayuda a entender por qué Frankfurt presume tanto de su hijo más célebre.
8. El Palmengarten, un respiro verde
Tras tanta piedra y tanta historia, apetece verde. El Palmengarten, uno de los jardines botánicos más grandes de Alemania, tiene invernaderos que pasan de la selva tropical al desierto en cuatro zancadas, ideal para recuperar el aire.
Recomendaciones para visitar Frankfurt
Con dos días llegas a casi todo: el primero, casco antiguo, catedral y Main Tower; el segundo, Museumsufer, Sachsenhausen y, si te sobra tiempo, Goethe o Palmengarten. Bornheim encaja bien como paseo de tarde.
Antes de reservar: Frankfurt vive de las ferias. Si coincides con la del Libro o con el Salón del Automóvil, el alojamiento sube mucho. Mira el calendario de Messe Frankfurt.
Para dormir, el centro y la zona del río te dejan cerca de casi todo a pie, y la estación de tren queda bien comunicada con el resto. Si te gusta el ambiente de barrio, Sachsenhausen y Bornheim son alternativas más tranquilas por la noche.
Lleva calzado cómodo, porque la ciudad se disfruta caminando, y un abrigo ligero para la plataforma de la Main Tower. Para las tabernas, ve con hambre y sin prisa: la sidra entra fácil y las raciones no son pequeñas.
Muévete en metro y a pie, y reserva el alojamiento con margen. La ciudad es eficiente como una máquina alemana, pero cálida como una taberna de pueblo. ¿Te quedas en el aeropuerto o sales a descubrirla?








