Un parque pequeño, con bosque, lago y acantilados, a dos horas y media de Arusha. Así se presenta el Lago Manyara, en el norte de Tanzania, y así lo recuerdan quienes llegan esperando la sabana de postal y se encuentran con otra cosa.
Aquí manda el verde. Nada más cruzar la entrada te envuelven el olor a vegetación mojada y el griterío de las aves. Los acuíferos que bajan desde la pared del Gran Valle del Rift mantienen vivo un bosque denso donde, en otros parques, solo hay hierba seca.
Es el contrapunto ideal al Serengueti. Los animales se ven de cerca, entre la espesura, y el paisaje cambia en cada curva. En esta guía te cuento las ocho paradas que yo no me saltaría en un día de safari.
1. Cómo llegar y cuándo encajarlo en la ruta
El parque está a unos 126 kilómetros de Arusha, unas 2 horas y media por carretera asfaltada. Funciona muy bien como jornada suelta antes del cráter de Ngorongoro.
Consejo: te sugiero ponerlo al principio del itinerario. Si empiezas por el bosque tropical y después pasas a la sabana seca, el contraste se nota mucho más.
2. El bosque de aguas subterráneas
La pista arranca bajo un techo de higueras y caobas enormes. Dentro del vehículo, la luz apenas llega al suelo y dibuja manchas móviles sobre el capó.
El bosque se mantiene empapado todo el año. Baja la ventanilla y escucha: arriba, entre las copas, siempre hay algo moviéndose.
3. Los leones trepadores de Manyara
Ellos son la razón de que el parque salga en las guías internacionales. Pasan las horas centrales del día echados sobre las ramas de las acacias, con las patas colgando.
Nadie sabe del todo por qué lo hacen, y cada guía de la zona te dará su propia versión. Se habla del calor del suelo o de la molestia de las moscas tsé-tsé (hipótesis, no certezas). Sea cual sea la causa, ver a un macho enorme en equilibrio sobre una rama impresiona.
Y sí, hay que mirar con paciencia entre el follaje. La recompensa compensa los minutos de búsqueda.
4. La colonia de babuinos
Pocos parques ofrecen tantos babuinos juntos. Las tropas familiares ocupan los caminos como si fueran suyos, y a los pocos minutos de empezar ya te has cruzado con alguna.
Las madres llevan a las crías agarradas a la espalda. Los jóvenes se persiguen y rebotan por las pistas de tierra sin ningún orden. Merece la pena parar el motor y mirar un rato.
5. Las llanuras junto al lago y los grandes herbívoros
Entre el bosque y la orilla fangosa quedan franjas de hierba tierna. Ahí pastan cebras, ñus y búfalos, con elefantes en medio.
El parque es más reducido que otros, así que los encuentros ocurren a pocos metros del coche. Los aficionados a la fotografía de cerca lo agradecen.
6. Los flamencos y el borde del lago
El horizonte se abre de golpe cuando te acercas al agua salina. En la estación de lluvias, el lago ocupa buena parte del parque y atrae a miles de aves acuáticas.
La orilla se tiñe de rosa pálido por los flamencos, que filtran las algas del fondo. Cuando levantan el vuelo todos a la vez contra el azul, entiendes por qué esta imagen es de las más fotografiadas del norte de Tanzania.
7. Maji Moto y su mirador
En el sur del parque el terreno se vuelve árido y deja ver la actividad geológica de la zona. Allí brotan las aguas termales de Maji Moto, que salen directamente del subsuelo y humean entre las rocas.
Una pasarela de madera cruza los sedimentos salinos hasta un mirador con vistas abiertas al lago. Sirve para estirar las piernas y para sacar las mejores panorámicas del día.
8. La pasarela entre las copas: Manyara Treetop Walkway
Si buscas algo distinto a los vehículos, esta es la propuesta. La Manyara Treetop Walkway son unos 370 metros de puentes colgantes tendidos sobre el dosel, a una altura considerable.
Caminas a la altura de los nidos y de los monos colobos. Es una de las pocas ocasiones de ir a pie en estos parques del norte, y siempre se hace con guías locales.
Aves del lago: la parada de los ornitólogos
No todo son mamíferos grandes. Se han registrado más de 400 especies de aves en los humedales y el bosque, residentes y migratorias.
Además de los flamencos, verás pelícanos blancos, cigüeñas amarillas y tántalos africanos pescando en la zona somera. En los árboles viven calaos y turacos, muy ruidosos. Mete unos prismáticos en la mochila: los vas a gastar.
Recomendaciones para organizar la visita
Un día completo basta para ver lo esencial del parque, siempre que madrugues. Reserva el safari con un operador que conozca bien las pistas del bosque: los leones sobre las ramas se localizan mejor con ojos entrenados.
Si enlazas varios parques, piensa en Manyara como primera parada y en el cráter de Ngorongoro como la siguiente. Entre ambos tienes una buena transición de paisajes, del bosque húmedo a la sabana abierta.
Consulta con tu agencia las condiciones de entrada y las tasas del parque, que cambian con el tiempo. Y lleva siempre una capa de abrigo ligera, porque el bosque a primera hora es fresco y húmedo.
Un último consejo para el día
Sal temprano, lleva agua y ropa ligera, y deja la cámara a mano desde el primer kilómetro. Aquí lo mejor aparece sin avisar, entre el follaje o al borde de la pista.
¿Prefieres otra sabana abierta más, o te apetece buscar la silueta de un león entre las ramas de una acacia?








