Bajo el césped de Manhattan hay roca de hace cientos de millones de años, y sobre ella un diseño tan calculado que parece natural. Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux lo trazaron en el siglo XIX, y las 341 hectáreas que hoy recorren los neoyorquinos son casi todas obra suya: lagos excavados, bosques plantados y colinas movidas a mano.
Si buscas qué ver en Central Park, conviene dejar atrás la postal de las ardillas y el otoño. El parque se pensó como un lugar de ocio para todas las clases sociales de una ciudad que crecía sin freno. Y todavía se nota: cada rincón tiene una intención.
Para no perderte, usa como referencia la Quinta Avenida al este y Central Park West al oeste. Divide el paseo en tres tramos, sur, centro y norte, y elige los puntos de entrada según el metro. Estos son los ocho lugares que mejor cuentan su historia.
1. Bethesda Terrace, el corazón del parque
Esta terraza de dos niveles se terminó en 1864 y sigue siendo el gran salón del parque. La piedra arenisca procede de Nuevo Brunswick. Los relieves, obra de Jacob Wrey Mould, representan las estaciones y las horas del día.
En el centro de la plaza, El Ángel de las Aguas de Emma Stebbins recuerda la llegada del agua potable a la ciudad. Baja al pasaje cubierto y mira hacia arriba: el techo lleva unos 15.000 azulejos de la casa británica Minton. Y sí, los detalles justifican que te detengas más de lo previsto.
2. The Ramble, un bosque dentro de la ciudad

Son 15 hectáreas de senderos que giran sobre sí mismos, arroyos artificiales y rocas que asoman entre los árboles. Los diseñadores quisieron imitar un bosque de las montañas Adirondack. Funciona: a los diez minutos has perdido de vista los edificios.
Es un buen sitio para quien ama los pájaros, porque a lo largo del año se han registrado más de 230 especies. Las rocas de esquisto de Manhattan que flanquean los caminos superan los 450 millones de años. Ve a primera hora y sin prisa, porque aquí perderse forma parte del plan.
3. Belvedere Castle, la mejor vista desde Vista Rock

Levantado en 1872 sobre Vista Rock, el punto más alto del parque, es un capricho que mezcla el gusto victoriano y el románico. Belvedere significa «bella vista» en italiano, y el nombre se queda corto: desde arriba se abren el Gran Césped y el Teatro Delacorte.
Nació como mirador abierto, sin puertas ni ventanas. Hoy alberga una estación meteorológica oficial y un centro de visitantes. Consulta en la web del parque si hay que reservar para subir a las torres, que son estrechas.
4. Bow Bridge, el puente más fotografiado
Calvert Vaux lo diseñó en 1862 en hierro fundido. Cruza el lago con una curva baja que recuerda al arco de un violín. Fíjate en los detalles neogóticos y en los jarrones de hierro de la barandilla.
Desde la plataforma central se ve la línea de rascacielos de Central Park West reflejada en el agua. Al atardecer la luz es la mejor, aunque también es cuando más gente se acumula.
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5. Strawberry Fields, el homenaje a Lennon

Este rincón de una hectárea recuerda a John Lennon, asesinado en 1980 a pocos metros, ante el edificio Dakota. En el suelo, un mosaico circular de piedra dice Imagine. Lo regalaron artesanos de Nápoles.
Se concibió como zona de silencio, bajo olmos americanos. Casi siempre hay flores frescas y velas dejadas por visitantes de todo el mundo. Si vas en pareja o con amigos, hablad bajito: el lugar lo pide.
6. Conservatory Garden, el jardín que casi nadie ve

Está en el norte del parque y es su único jardín formal, con unas 2,4 hectáreas. Se divide en tres partes que siguen los estilos francés, italiano e inglés. Se entra por la Vanderbilt Gate, una verja de hierro forjado que antes cerraba una mansión de la Quinta Avenida.
Aquí el bullicio del sur casi no llega. Es el sitio al que ir si buscas desmarcarte de las rutas habituales y sentarte un rato a mirar.
7. Jacqueline Kennedy Onassis Reservoir

Con más de 43 hectáreas, es la mayor superficie de agua del parque. Se completó en la década de 1860 para abastecer a la ciudad. Un circuito de 2,5 kilómetros lo rodea y lo recorren corredores a todas horas.
Recibió el nombre de la antigua primera dama en 1994. Sus aguas quietas devuelven el reflejo de los edificios de las avenidas, y a la hora del ocaso el paseo es muy agradable.
8. Sheep Meadow, la pradera para tumbarse
Esta pradera de 6 hectáreas se concibió para que pastara un rebaño y reforzar así el aire campestre del parque. Hoy es el lugar donde los neoyorquinos toman el sol, leen y montan picnics en verano.
El césped se cuida con normas estrictas y permanece cerrado en invierno. Desde el centro de la pradera ves cómo los rascacielos de Midtown asoman por encima de los árboles, y es una de las mejores estampas de la ciudad.
Cómo organizar tu visita a Central Park
Dedica un día entero o, mejor, dos mañanas. El parque es un rectángulo largo, y el metro lo rodea: en el oeste paran las líneas A, B, C, D y 1, y en el este las líneas 4, 5 y 6 quedan a unas manzanas, en Lexington Avenue. Así puedes entrar por un lado y salir por otro sin desandar el camino.
Tip: para comer, sal del parque hacia el Upper West Side. Los puestos del interior suelen estar pensados para el turista con prisa, y fuera encontrarás más variedad y mejor precio.
Calzado cómodo, agua y un plano descargado. En verano hay humedad y en invierno los lagos se hielan, así que ajusta la ropa y el ritmo a la estación.
¿Qué te atrae más: perderte en la espesura de The Ramble o contemplar la simetría de Bethesda Terrace al amanecer? Guarda la ruta y empieza por donde te llame la historia.








