El casco antiguo de Roses no se lee como una postal medieval. Es una villa que ha sido rehecha varias veces: sobre un asentamiento griego, junto a un monasterio, tras una guerra que arrasó la ciudad medieval. De todo eso queda lo suficiente para entender por qué este rincón del golfo es tan antiguo.
Hay una Ciudadela renacentista, una iglesia neoclásica de finales del siglo XVIII y, por encima del pueblo, un castro visigodo que lleva más de mil trescientos años en la montaña. Las piezas no están juntas, pero se enlazan en un paseo corto.
Te propongo siete paradas, de la Ciudadela al castillo de la Trinidad y con una excursión final a lo alto de Puig Rom. Las dos últimas quedan fuera del casco propiamente dicho, pero sin ellas la historia de Roses está a medias.
1. La Ciudadela de Roses
La Ciudadela es una fortificación del siglo XVI que Carlos I mandó levantar. Dentro, los restos se superponen: el asentamiento griego de Rhode, un barrio helenístico, una villa romana y un monasterio románico-lombardo del siglo XI.
Hoy alberga el Museo de la Ciudadela de Roses, que abrió en 2004; el recinto está abierto al público desde 1991. Dedícale tiempo y no vayas con prisa: es la mejor introducción a la villa. (Los orígenes griegos, según la propia Wikipedia, no están probados del todo.)
2. El monasterio de Santa María
El Monasterio de Santa María de Rosas se fundó en época de la Corona de Aragón, cuando la población bajó del monte a la llanura. La villa medieval creció a su alrededor.
La iglesia del monasterio fue parroquia hasta que se levantó el templo actual, en 1796. Si buscas el origen del casco, lo tienes en este monasterio.
3. La iglesia parroquial de Santa María
La iglesia actual es neoclásica, de tres naves, transepto y ábside poligonal. Las obras empezaron el 29 de junio de 1792, se consagró en 1796 y las obras principales se dieron por acabadas en 1852.
Las naves altas se levantaron entre 1853 y 1864. El mobiliario original se destruyó en la Guerra Civil; el altar mayor es de Pelai Martínez Marés, con una imagen de la Virgen Asunta obra de Josep Espelta inaugurada en 1953. Las calles del arrabal se trazaron en torno a este templo.
4. El arrabal y las calles junto a la iglesia
Tras la guerra de 1640 a 1659, la villa medieval quedó destruida y el espacio dentro de la muralla pasó a uso militar. Desde el siglo XVII creció un arrabal fuera de las murallas, que a finales del siglo XVIII reunía unas 300 viviendas.
Pasear por estas calles es la parte menos monumental y más cotidiana del recorrido. Mira las fachadas: modernistas y neoclásicas en el frente marítimo del siglo XIX y principios del XX.
Consejo: para ver el arrabal sin prisas, haz este tramo antes de la hora de comer, cuando las calles aún están tranquilas.
5. El castillo de la Trinidad
El Castillo de la Trinidad, también llamado «de la Poncella» o «el botó de Roses», es del siglo XVI. Lo ordenó Carlos I y lo diseñó Luis Pizaño, capitán general de Artillería, para defender el puerto y la bahía junto a la Ciudadela.
Tiene planta triangular y tres niveles frente al mar. Lo voló el ejército francés durante la Guerra de la Independencia. Las obras de restauración empezaron en 2002 y, tras unos ocho años, volvió a abrirse en 2010. Comprueba el acceso antes de ir.
6. El castro visigodo de Puig Rom
Sobre la villa, en una cima del Puig Rom, hay un poblado fortificado visigodo. Sus habitantes subieron desde la llanura entre los años 650 y 700, y la ocupación se fecha entre la segunda mitad del siglo VII y el primer cuarto del VIII.
Lo descubrieron en 1946 Lluís Pericot, Francesc Riuró, Miquel Oliva y Pere de Palol. Las murallas se hicieron con grandes bloques de granito y una sola puerta al sur, con torres cuadradas.
7. El mirador de Santa Rosa de Puig Rom
El mirador está a 225 metros de altitud y abre la vista sobre el golfo, la llanura del Empordà, los aiguamolls y las islas Medes. Es el lugar para cerrar el recorrido y entender el casco desde arriba.
Sube con calzado adecuado y agua, y planifica la vuelta antes de que caiga la tarde.
Un apunte sobre el orden
Si vas justo de tiempo, prioriza la Ciudadela y la iglesia: son las dos paradas que explican el casco. El castillo de la Trinidad y Puig Rom son excursiones aparte y se disfrutan mejor sin cronómetro.
Para quienes viajan con niños, la Ciudadela ofrece espacio para andar sin las prisas de una calle estrecha. Los más curiosos agradecerán el museo que alberga, con piezas de la antigüedad y la Edad Media.
Cómo recorrer el casco antiguo de Roses
El casco se hace a pie. Reserva una mañana para la Ciudadela, el monasterio y la iglesia, y deja una tarde para Puig Rom y su mirador, que exigen subir.
La mejor época es la primavera y el otoño, con menos calor para las cuestas. Quien busque alojamiento puede quedarse cerca del frente marítimo y moverse a pie hasta la Ciudadela. Evita las horas centrales de verano para las subidas y consulta los horarios del museo y del castillo, porque cambian según la temporada.
Un cierre con vistas
Roses se entiende mejor cuando lo miras en capas: griega, medieval, militar, neoclásica. ¿Con cuál empezarías tú?








